Por Luis Alejandro Rizzi.-

“El Maestro Ciruela” se refiere principalmente a un personaje literario infantil, un maestro excéntrico y querido (Don Teófanes), pero también es una expresión popular para alguien que opina o enseña sobre algo que no sabe, aunque en el refrán original se escribe «Maestro Siruela» (con «s», del pueblo de Siruela, no del fruto ciruela) y hace referencia a un ignorante, a pesar de que en la práctica se usa «ciruela» por la rima.” IA.

Una obviedad, Milei no es un intelectual; está muy lejos de serlo y le falta picardía para ser snob, apenas entraría en la categoría de charlatán.

Empecé a escuchar a Milei, en una sala con más sillas vacías que ocupadas, en su discurso en el WEF, en Davos, y tuve la impresión del “corta y pega”, propia del “maestro de Siruela” o de esos intérpretes de tema musicales que, aprendiendo fonética, entonan en cualquier idioma sin tener idea de lo que dicen.

Pareció que leía una composición escrita por una de sus tías viejas para un acto escolar.

Su desubicación fue otro de los hechos que me dio tristeza y la vergüenza que le faltó a Milei, que no tuvo en cuenta que no lo escuchaban ni sus padres ni su hermana, sino expertos que han superado esos debates esnobistas, que buscan desentrañar el sexo de los ángeles o las supuestas virtudes de la castidad.

A Milei le faltó el moño azul.

Corté la trasmisión y me dediqué a leer cosas más interesantes, no por su calidad sino por quien las decía; me refiero al discurso cavernario de Donald Trump, pero que dispone del famoso botón rojo.

Es otro émulo del señor de Siruela, pero con poder, eso lo hace peligroso.

Milei, en ese sentido, es más un abuelo que narra de modo monótono, un cuento a uno de sus canes, que, por supuesto no lo entienden, pero se duermen como un niño de cinco años, más que por el cuento, por su mediocridad.

Cuando se refirió a la fábrica de alfileres, podría haber pensado que su “programa económico” depende de los alfileres (dólares) de Trump y Bessent, que parecería se agotaron; sin esos alfileres, sólo Dios podría saber dónde estaría hoy.

Es un tema que un presidente fatigue y se crea sus propios cuentos.

En ese sentido, superó largamente al “maestro de Siruela”, que no se creía sus propios cuentos. Sabía de su ignorancia, Ortega diría, se sabía “bárbaro”.

Lo último: Maquiavelo fue un moralista de la política y vive en «El Príncipe».

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