Por Luis Américo Illuminati.-

Es mil veces peor y condenable el rastrero fariseísmo oportunista de Alberto Fernández, fantoche y bufón de la Corte de Cretina colocado en el sillón de Rivadavia, que el exabrupto de Luis Juez que dijo que los argentinos son un «pueblo de mierda» porque les exigen más a los jugadores de la Selección de Fútbol que a la dirigencia política y que el regreso a la democracia en 1983 no le cambió la vida a ningún argentino. Esto último lo piensan miles de argentinos, por lo que habría que hacer una encuesta en todo caso. Pero Alberto Fernández -y Cretina que retuiteó el mensaje apoyándolo- es el menos indicado para criticar a Juez ni a nadie de la oposición ya que él antes, durante y después de la pandemia literalmente «se cagó en el pueblo», con sus mentiras, dobleces y su impúdica sumisión a la déspota de su jefa, a la que le teme y a la que jamás se atreve a contrariar.

Luis Juez no es mal tipo, sino que se parece bastante al ninja Kato, el personaje que hacía en «Peor es nada» Jorge Guinzburg. En esta misma página dije (Pueblo y masa) que Luis Juez confundió lo que es «el pueblo propiamente dicho», con lo que es la masa, el rebaño, la ciega turbamulta. Pueblo es un concepto respetable, tiene su base histórica y jurídica perfectamente definida y proviene de los más dignos valores que eligieron transmitirnos las generaciones que nos precedieron. En cambio, la masa es la multitud apática o corrompida por gobiernos demagógicos y perversos como el que representa Alberto, quien sin duda alguna pasará a la historia como «el títere de Cristina». Que nadie se venga entonces a rasgar las vestiduras. El presidente «simbólico» de la Argentina antes de pedirle a Juez que se retracte de sus dichos, que se retracte él de todas sus burdas mentiras y ratifique o rectifique todo lo que dijo de Cretina antes que ésta lo llamara para integrar la dichosa fórmula conque engatusó a los tontos. Que nos aclare si aquellos dichos eran pura fanfarronería o eran ciertos. Y ya que estamos que nos diga qué tipo de pacto espurio celebraron ambos para derrotar a Macri.

El exabrupto de Juez (que no es tal) frente al pésimo, horrible gobierno de Alberto es comparable a la situación de un tipo que se tira un par de gases en el colectivo y otro tipo que todos los días con un balde o bacín arroja por la ventana su materia fecal para que le caiga encima a los peatones que van por la vereda. Y, además, es tan cínico y ruin que se caga de risa. En la Edad Media y en el Renacimiento en Europa era muy común y normal arrojar con un cubo los deshechos por la ventana y decir con voz fuerte: ¡Agua va! Pobre del peatón que no se apartaba a tiempo: recibía un asqueroso regalo de arriba.

De igual modo Alberto y Cristina arrojan gentilmente sus deshechos desde todo lugar elevado: balcones, aviones y hasta desde los púlpitos donde suben para soltar arengas infumables e interpretar los papeles teatrales de bufón él y de bruja ella. Y así los zombis de las hordas kirchneristas los imitan al pie de la letra.

Esperamos un fallo ejemplar

Sres. Jueces: no teman a las amenazas de motines, disturbios, estallidos, venganzas y represalias de las hordas a sueldo kirchneristas, pues no representan el pueblo porque no son pueblo, son una masa de mercenarios que no trabajan ni producen, forman parte de un régimen antidemocrático oprobioso que ha dividido y destruido al país; se han robado todo, engañan y mienten descaradamente y arremeten a paso firme al son de Cretina, que secundada por su hijo el Nerón de pacotilla Máximo y La Cámpora -La KGB política- prometen lanzar a los esbirros piqueteros a las calles con el único fin de intimidar al tribunal que dictará el previsible fallo que todo el país espera.

El viernes último (02/12/22) en el programa La Cornisa, el Fiscal Stornelli le contaba a Majul que, salvo terminar muerto como Nisman, los amigos de Cristina han hecho de su vida un vía crucis, pero que no han logrado quebrar su espíritu ni torcer su voluntad. Cristina Kirchner, jefa de la asociación ilícita gubernamental es la principal golpista contra el estado de derecho y la democracia. Tanto ella, como sus principales secuaces, incluido el títere presidente y todo el gabinete cristinista, quieren poner de rodillas a la justicia y a todas las demás instituciones.

En casi veinte años de latrocinio no han ido presos por tener amancebada a una justicia formada por adictos y acólitos. Esta vez no se saldrán con la suya, el pueblo que no es la masa ciega, aborregada y degradada, espera que la causante vaya presa, haber dicho que está frente a un «pelotón de fusilamiento» revela que no respeta la justicia, no es abogada ni buena ciudadana, sino una forajida contumaz, una tenebrosa aventurera. ¡Señora: póngase el traje a rayas!

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