Anthony Giddens y la tercera vía (primera parte)

Anthony Giddens

A fines de la década del noventa Anthony Giddens publicó “La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia”, un libro de lectura impostergable para quien desee conocer los cambios ideológicos que comenzaron a producirse con posterioridad a la posguerra y que se profundizaron luego de la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética.

Giddens persigue un objetivo ético: saber qué tipo de sociedad queremos para vivir y cuáles son los medios más adecuados para acercarse a ella. “La vida política no es nada sin ideales, pero los ideales son vacíos si no se refieren a posibilidades reales”, remarca. Giddens comienza su libro con una rotunda afirmación: el socialismo ha muerto. El socialismo, que en sus comienzos fue una filosofía de la ética, adquirió rigor científico con Carlos Marx. Fue el autor de “El capital” quien situó al socialismo en el contexto de una específica concepción de la historia. El objetivo del socialismo es muy claro: procura dejar al descubierto las limitaciones del sistema capitalista para poder luego humanizarlo, para transformarlo en un sistema económico y social respetuoso de la dignidad del hombre y garante de sus derechos. El socialismo sostiene que si al capitalismo no se lo controla, se le permite funcionar sin limitaciones, atenta contra la calidad de vida de las personas. Al ser económicamente ineficiente, proclive a la división social y sin capacidad para reproducirse en el tiempo, el capitalismo es un sistema inviable. Marx sostuvo a lo largo de su vida que el socialismo era válido en la medida que fuera capaz de generar mayor riqueza que el capitalismo y de distribuirla de manera equitativa. Al no haber sabido satisfacer estas demandas el socialismo murió, sentencia Giddens.

En lo que antes se conocía como Europa Occidental el socialismo estaba bajo el dominio de la socialdemocracia, es decir, de un socialismo moderado y parlamentario. Esa socialdemocracia fue posible gracias a la irrupción del Estado de bienestar. Si bien ese Estado fue una creación tanto de la izquierda como de la derecha, en el período de posguerra el socialismo lo consideró de su exclusiva propiedad. A partir de la década del setenta, la socialdemocracia se vio desafiada por las filosofías que enarbolaban la bandera del libre mercado. La asunción al poder de la conservadora Margaret Thatcher en Gran Bretaña y del republicano Ronald Reagan en Estados Unidos, hicieron posible el surgimiento del neoliberalismo como filosofía opuesta a la socialdemócrata. Las ideas neoliberales, consideradas en sus principios como excéntricas, fueron más adelante tenidas muy en cuenta gracias al aporte de autores como Friedrich von Hayek (Giddens no menciona otro autor relevante: Ludwig von Mises). El neoliberalismo tuvo gran impacto sobre el Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Latinoamérica, y también, aunque en menor medida, sobre los países de Europa continental.

Giddens considera que el neoliberalismo tiene dos ramales. Uno de ellos, el principal, es el conservador (la “nueva derecha”). Gran parte de los partidos conservadores adoptaron como filosofía de base al neoliberalismo. Sin embargo, hay ciertas corrientes neoliberales que, si bien son partidarias del libre mercado, en cuestiones morales y económicas son libertarias. El “libertarismo” es una corriente filosófica que enarbola las banderas de un liberalismo radicalmente individualista, tanto en cuestiones económicas y políticas como en cuestiones morales. Nada tiene que ver con el anarquismo. Uno de los autores emblemático es Robert Nozick. Para Giddens, “socialdemocracia” es un término más ambiguo y amplio que “neoliberalismo”. En efecto, Giddens lo utiliza también para caracterizar a partidos y otros grupos de la izquierda reformista, como el Partido Laborista británico. Cuando comienza el período de posguerra socialdemócratas de muchos países tenían en común una determinada perspectiva ideológica. Giddens la denomina “socialdemocracia a la antigua o socialdemocracia clásica”. A raíz del surgimiento en la década del ochenta del neoliberalismo y de las dificultades del socialismo clásico para resolver los problemas, los socialdemócratas decidieron apartarse de la socialdemocracia a la antigua. En otros términos, decidieron aggiornarse. De esa forma surgieron diversos tipos de Estado de bienestar pese a tener un origen histórico común y objetivos y estructuras comunes. Giddens distingue cuatro grupos institucionales: el Estado de bienestar imperante en el Reino Unido (destaca la importancia de los servicios sociales y la salud y tiende a tener prestaciones según el nivel de ingreso); los Estados de bienestar nórdicos (su base tributaria, que es muy alta, proporciona prestaciones generosas y servicios estatales consolidados); los sistemas centroeuropeos (su compromiso con los servicios sociales es relativamente bajo); y los sistemas meridionales (son similares a los sistemas centroeuropeos pero financian menores niveles de protección).

Si se tienen en consideración estas variaciones, la socialdemocracia y el neoliberalismo se presentan como dos filosofías políticas diferentes. Para Giddens la social democracia clásica (la vieja izquierda) se apoya en los siguientes principios: “a) fuerte intervención del Estado en la vida social y económica; b) el Estado predomina sobre la sociedad civil; c) colectivismo; d) economía keynesiana de demanda, más corporativismo; d) papel restringido de los mercados (economía mixta o social); e) pleno empleo; f) fuerte igualitarismo; g) Estado de bienestar de gran extensión, que protege a los ciudadanos “desde la cuna hasta la tumba”; h) modernización lineal; i) débil conciencia ecológica; j) internacionalismo; k) pertenece al mundo bipolar”. Por su parte, el neoliberalismo (la nueva derecha) se apoya en los siguientes principios: “a) gobierno mínimo; b) sociedad civil autónoma; c) fundamentalismo de mercado; d) autoritarismo moral, más un acusado individualismo económico; e) el mercado de trabajo se desregular como ningún otro; f) aceptación de la desigualdad; g) nacionalismo tradicional; h) Estado de bienestar como red de seguridad; i) modernización lineal; j) débil conciencia ecológica; k) teoría realista del orden internacional; l) pertenece al mundo bipolar”.

La vieja izquierda coincidía con Marx en cuanto a la naturaleza del capitalismo y sus secuelas para los pueblos, pero creía que podían ser superadas a través de la intervención estatal en la economía. Para la socialdemocracia clásica el Estado está obligado moralmente a suministrar aquellos bienes públicos que el mercado no está en condiciones de abastecer a la sociedad. La participación del Estado es bienvenida por la vieja izquierda por una sencilla cuestión: en toda sociedad democrática la voluntad del pueblo está representada por el poder público. Cuando las autoridades estatales deciden e intervienen en el mercado, lo hacen en representación del pueblo soberano. En toda sociedad donde impera la socialdemocracia clásica los mecanismos del mercado son sustituidos por procesos colectivos de toma de decisiones, en los que están involucrados el gobierno, los empresarios y los sindicatos (la teoría del pacto social). El Estado también está obligado a ayudar a las familias de escasos recursos. Allí donde el mercado flaquea debe aparecer la firme mano estatal para socorrer a los más débiles. John Maynard Keynes puede considerarse un emblema del Estado de bienestar de la posguerra. Al igual que Marx, creía que el capitalismo poseía cualidades irracionales pero estaba convencido de que el capitalismo podía salvarse si se las controlaba. Tanto Marx como Keynes daban por hecho la productividad del capitalismo. Al igual que los socialdemócratas, Keynes prestó poca atención a la oferta. Además, sostuvo que la estabilización del capitalismo podía asegurarse gestionando la demanda y creando una economía mixta. Si hubo algo que caracterizó a todos los socialdemócratas (incluido el laborismo británico) ha sido la búsqueda de la igualdad. Sostenían con fervor que una igualdad mayor era posible si se ponían en práctica diversas estrategias de nivelación, como la imposición progresiva en virtud de la cual el Estado, al mejor estilo Robin Hood, quita a los ricos para dar a los pobres. El Estado de bienestar tiene como objetivos fundamentales crear una sociedad igualitaria y proteger a las personas durante toda su vida. Un rasgo típico de la socialdemocracia a la antigua era su orientación internacionalista. Una de sus grandes preocupaciones era la creación de solidaridad entre los partidos políticos de orientación ideológica similar esparcidos por el mundo. También estaba situada entre dos extremos: por un lado, el bienestar minimalista de Estados Unidos; por el otro, el centralismo económico de la Unión Soviética.

El neoliberalismo se caracteriza básicamente por sentir aversión por el Estado extenso (big government). Edmund Burke, padre del conservadorismo inglés, sentía aversión por el Estado, al que consideraba un enemigo de la libertad y la independencia de las personas. También en Estados Unidos el conservadorismo demostró su hostilidad al ejercicio centralizado del poder. En el Reino Unido, Margaret Thatcher impuso el neoliberalismo convencida de la necesidad de achicar el Estado. En el fondo, la “dama de hierro” estaba convencida de la superior naturaleza del mercado sobre el Estado. El neoliberalismo tiene una particular visión de la sociedad civil. Sostiene que es fundamental crear las condiciones para el florecimiento de los pequeños grupos de la sociedad civil, y para que ello suceda no debe haber traba alguna a su funcionamiento de parte del Estado. Si la sociedad civil se desarrolla libremente los genuinos valores morales orientarán el comportamiento de las personas como, entre otros, la honestidad, la responsabilidad, la entereza y la austeridad. Para el neoliberalismo el mercado es el único garante del orden civil. Si no se lo molesta está capacitado para proporcionar el mayor bien a la sociedad. El neoliberalismo aborrece el igualitarismo. Margaret Thatcher consideraba ridículo criticar la idea de que la desigualdad social es nociva. El igualitarismo es propio de las sociedades monocordes y totalitarias, como la Unión Soviética, acusa el neoliberalismo.

A fines de la década del noventa, la centroizquierda o socialdemocracia estaba en el poder en el Reino Unido, Francia, Italia, Grecia y varios países escandinavos. A pesar de estas victorias electorales los socialdemócratas carecen de una ideología política nueva e integrada. Lo que más le preocupaba a Giddens en aquel entonces era la capacidad de adecuación de la socialdemocracia al nuevo orden mundial. Qué ideología debía esgrimir la socialdemocracia luego de la implosión de la URSS era la preocupación central de los socialdemócratas. “¿Tiene todavía algún sentido estar en la izquierda ahora que el comunismo se ha desplomado completamente en Occidente, y el socialismo, más ampliamente, se ha disuelto?”, se pregunta Giddens. Para el ideólogo de Tony Blair no tiene ninguno. De ahí la importancia de explorar una tercera vía. “La apropiación más reciente de la “tercera vía”, dice Giddens, “por Bill Clinton y Tony Blair ha encontrado un recibimiento tibio por parte de la mayoría de los socialdemócratas continentales, así como por los críticos de la vieja izquierda en sus respectivos países. En su nueva versión, los críticos contemplan la tercera vía como un neoliberalismo recalentado. Miran a Estrados Unidos y ven una economía bastante dinámica, pero también una sociedad con los niveles más extremos de desigualdad en el mundo desarrollado” (…) “Al llegar al poder, dicen sus críticos, Blair y el nuevo Laborismo han perseverado en las políticas económicas de Margaret Thatcher”. Razón no les falta. Giddens dice como colofón: “Mi propósito a continuación no es valorar si esas observaciones son o no certeras, sino analizar dónde se encuentra el debate sobre el futuro de la socialdemocracia. Daré por hecho que la “tercera vía” se refiere a un marco de pensamiento y política práctica que busca adaptar la socialdemocracia a un mundo que ha cambiado esencialmente a lo largo de las dos o tres últimas décadas. Es una tercera vía en cuanto es un intento por trascender tanto la socialdemocracia a la antigua como el neoliberalismo”.

Hernán Andrés Kruse

3 comments for “Anthony Giddens y la tercera vía (primera parte)

  1. Jorge Giovaneli
    08/04/2016 at 6:18 PM

    Señor Kruse, este señor Giddens atrasa 60 años.
    La famosa Tercera Posicion de Peron es muy, pero muy parecida a este analisis, pero presentada mucho despues de la proclama de la Doctrina Peronista.
    Dice lo mismo, un poco retocado es cierto pero la propuesta doctrinaria de “ni comunismo, ni capitalismo…justicialismo” o en otras palabras no a la explotacion del hombre por el hombre, ni a la explotacion del hombre por el Estado es peronismo puro.
    Y eso fue a los finales de la decada de los ´40….mire usted todo el tiempo que hace!

  2. 08/04/2016 at 7:38 PM

    Muy valioso el articulo de Hernán A. Kruse. Expone el intento válido de Guiddens se superar la vieja, monocorde y obsoleta izquierda. Y señala el camino de Clinton, mucho mas profundo que el de Blair.
    A nuestra socialdemocracia le hace falta toneladas de reflexiones como la de Guiddens, en cuanto a la economía, las inversiones, y en la relación del Trabajo con la tecnología. Como explica Reich, el ministro de trabajo de Bill Clinton.

  3. Daniel
    08/04/2016 at 7:52 PM

    Giovaneli: De acuerdo, en la disyuntiva capitalismo vs socialismo, resultaba ideológicamente comodo adoptar la postura intermedia: Eso dio lugar a economías mixtas de resultado mediocre: Capitalismo + Socialismo/2 = Socialcristianismo, socialdemocracia, fascismo, peronismo. Argentina desde la aparicion del peronismo seria Corea del Sur + Corea del Norte, todo dividido por dos. El PBI per capita de Argentina te da bastante aproximado al promedio entre las dos Coreas. Ocurre que la lógica del capitalismo hace que maximice sus resultados en cuanto su funcionamiento es mas “puro” y apegado a la lógica del mercado. El socialismo también tiene su propia logica a partir de la centralidad del Estado. El problema es que producto de la discusión ideologica, se llega a concebir organizaciones económicas hibridas, es decir economías con elementos propios del capitalismo, mezclados con elementos propios del socialismo. Por ejemplo países con altos impuestos sobre la actividad privada, que simultáneamente mantienen petroleras estatales a perdida. Siempre resulta un hibrido inestable y de resultados mediocres. Es como si queres armar un auto con componentes LADA mezclados con componentes BMW. De ahí que es coherente una economía de mercado con Estado minimo o una economía socialista pura como la de la Korea K. Los Estados de Bienestar en Europa de postguerra se sostuvieron en cuanto el auge del crecimiento de la reconstrucción los viabilizaban. Al ir el mundo a una economía competitiva de mayor exigencia, se vuelve insostenible ese Estado de Bienestar, obligando al desplazamiento hacia el “modelo puro” (menos estado). La otra opción, remontar al socialismo en distintos grados de intensidad, hoy da resultados visibles en Argentina, Brasil y Venezuela.

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