Argentina: ¿Presidentes o caudillos?

Malu KikuchiArgentina, país entrañable, curioso, querible y difícil, con comportamientos erráticos, casi imposibles de dilucidar. Hoy, el gobierno en la encrucijada que se encuentra, paradójicamente, no encuentra soluciones claras, ni apoyo popular.

Un apoyo popular que consiguió hace apenas 6 meses, cuando Cambiemos ganó las elecciones. Las ganó por un 2%, margen escaso para hacer grandes reformas, imprescindibles luego de 12 años y medio de populismo y robo organizado.

Se entiende que la gente rechace los sacrificios que la actual política exige. Se entiende que achicarse es horrible; que pagar la fiesta que ya fue y vació al país, fiesta que se disfrutó sin pensar en el día de mañana, se vuelva insoportable.

Pero las fiestas se pagan. Esta verdad los argentinos no la quiere entender. Y nadie se toma el trabajo de explicarla de manera clara y sencilla: “no existe un almuerzo gratis” decía Milton Friedman, y siempre, antes o después, alguien lo paga.

Llegó el tiempo de pagar. A las subas imprescindibles de las empresas que dejaron de invertir durante 12 años y medio (aunque para aumentar se podía haber esperado hasta bajar la inflación), los empresarios se lanzaron a remarcar precios.

Los subieron con razones, luego por si acaso y después porque si. La situación es realmente complicada para el gobierno. Y daría la sensación que este gobierno, “el equipo”, cree que Argentina es Dinamarca, que no necesita un liderazgo fuerte.

Pero Argentina está muy lejos de Dinamarca y no sólo geográficamente. El pueblo argentino viene por desgracia de una larga historia de caudillos y pareciera que no tiene ningún respeto por los presidentes que no ejercen el poder con mano firme.

Según el diccionario, caudillo es un hombre que guía y manda a un grupo de personas, especialmente a un ejército de gente armada. Y de esos ha habido muchos, quizás demasiados, algunos muy respetables, otros no tanto.

Martín Miguel de Güemes, José Gervasio de Artigas, Francisco Ramírez, Estanislao López, Juan Bautista Bustos, Facundo Quiroga, Juan Manuel de Rosas, Justo José de Urquiza* (a mitad de camino), Chacho Peñaloza, Felipe Varela y muchos más.

Desde entonces, el caudillo ha sido una figura respetable, querido y requerido por su gente. El caudillo es uno, hace sus propias leyes y las aplica a su arbitrio. Adopta la forma de padre protector, ejerce el poder con mano dura e inspira confianza.

“El padre” es responsable de sus hijos, por lo tanto los aciertos se comparten y los errores son del caudillo. “Los hijos” no asumen responsabilidad sobre los hechos que le acontecen. Dependen del caudillo. Lo aman o lo odian, pero lo respetan.

El presidente es alguien que preside o dirige un gobierno. Debe ser electo, debe respetar la Constitución Nacional, comparte el poder con otros dos poderes, el legislativo (tiene que negociar) y el judicial que debe (debería) ser independiente.

El presidente la tiene más difícil que el caudillo. Caudillo se nace, no se aprende. El presidente puede aprender. Ante grandes cambios, una economía restrictiva y una inflación galopante, un presidente constitucional corre serios riesgos.

Más riesgoso aún si el presidente habla permanentemente de “equipo” y no centra las decisiones en su persona. Los argentinos quieren equipo en los clubes de fútbol y… un presidente fuerte. Al que le crean y en el que se puedan recostar sin temor.

Mauricio Macri, tiene una excelente y prometedora imagen ante los gobiernos de los países del 1° mundo, esa imagen cae dentro del país. En la última encuesta de Raúl Aragón ya está en 49,3%. Bajar del 50% de aprobación hacer sonar alarmas.

El peronismo es el partido del poder. Respeta a rajatabla las decisiones populares. Si el presidente tiene aprobación alta entre la gente, arriba del 50%, el PJ apoya. Si el presidente cae de la gracia del pueblo, el PJ pasa a ser un enemigo peligroso.

Mientras los argentinos añoren los caudillismos y sus fiestas populistas y no quieran aceptar los costos de las mismas, intentar gobernar Argentina como si fuera Dinamarca, es un sueño que puede devenir en una pesadilla ya conocida.

El presidente debiera contarle al país hacia donde quiere llevarlo y cómo piensa hacerlo. No puede permitir que los ministros aumenten combustibles y tarifas y se le comunique a la gente ya consumado el hecho. A la gente no le alcanza la plata.

El presidente debiera saber que esto es Argentina, que el pueblo necesita sentirse contenido y seguro, sobre todo si está atravesando tiempos de ajustes sin que nada le sea explicado y vuelto a explicar, hasta que lo entienda y acepte.

Porque hay cirugías que son inevitables y hay que convencer a los pacientes de que lo son. Después del dolor, con suerte y la pericia de un buen gobierno preocupado y ocupado por el bienestar de su pueblo, llega la bonanza sobre bases sólidas.

Pero si se intenta combatir la inflación aumentando los combustibles cuando estos bajan en el resto del mundo, la situación se vuelve muy confusa para la gente que paga los costos. El pueblo no entiende y grandes mayorías no llegan a fin de mes.

Un buen futuro para Argentina sería posible, sólo si el pueblo dejara de añorar los caudillos populistas y si el presidente le hiciera saber hacia dónde pretende ir.

Malú Kikuchi

La caja de Pandora

* Justo José de Urquiza, un caudillo al que se le debe la Constitución Nacional 1853.

3 comments for “Argentina: ¿Presidentes o caudillos?

  1. 08/05/2016 at 2:02 PM

    Buenos días, señora. No se trata de personalidades inmaduramente tumultuosas que necesitan caudillos, o -lo que es lo mismo- de personalidades crónicamente apocadas que necesitan caudillos (die Anführer o die Führer, póngalo usted en tudesco…). Lo que con respeto y simpatía pero con todas las letras debo decirle, es que usted no advierte que la paz es indeseable.

    Que, estructuralmente, toda la sociedad mundial se basa en la violencia que empobrece vidas.

    Hoy decía (en otra nota) algo como esto: que estas sacudidas de la política argentina no arreglan nada. Que, incluso, no descarto la necesidad de un interregno militar para salir de la presente situación pero sólo agrego que todos los interregnos militares de la historia fueron eso – interinatos. Y que todos terminaron en restauraciones de la explotación que se había querido evitar. Así fue desde que conocemos episodios históricos hasta los Reinos Combatientes en China, los imperios de Alejandro Magno, Augusto Magno, Carlomagno, Napoleón el Grande y Napoleón el Pequeño … y la ofrenda de su vida de quienes triunfaron en la Guerra Civil Argentina (1969-1979) y se pudren ahora mismo en las mazmorras del gobierno que votamos.

    ¿Por qué, previendo, no ir por más, allende el imaginario episodio militar? ¿Por qué no acercarnos gradualmente a la eliminación de la democracia por partidos, inventada precisamente para asegurar esta continuidad en la expoliación de los países?

    Lo que sugiero es poco, un pequeño paso para cada uno y un gran salto adelante para la sociedad global: informémosnos acerca de la democracia sin partidos y empecemos a sortear la representación de los miembros en todo pequeño grupo social donde no existe dueño autorizado a imponer su voluntad: por ejemplo, en una administración de consorcios, comisión gremial, colegio profesional, comité de cualquier tipo… A quienes resulten responsabilizados con la carga de gobernar al grupo, los que no gobiernen deberán participar ayudándoles, informándoles, precaviéndoles, aportándoles noticias relevantes y prudencia ajena para agudizar su juicio. Pero la plenitud del gobierno será responsabilidad de aquellos en quienes estocásticamente (o sea, al azar) hubiera recaído la carga de desempeñarlo.

    Sólo así podremos eliminar a la parasitaria clase política y sus malditas elecciones infundadamente “legitimantes”.

    Sólo así los partidos políticos se suprimirán y con ellos su selección interna, para gobernantes, de los afiliados más intrigantes, perversos y manipuladores.

    Sólo así la moral pública podrá comenzar a elevarse efectivamente.

    Sólo así al gobierno le interesará realmente elevar la capacitación de TODOS los ciudadanos, porque de ella dependerá la capacidad de gestión de los futuros gobiernos.

    Sólo así podrán continuarse sin hiatos las necesarias políticas públicas de largo y larguísimo plazo, como las que exhiben las naciones dominantes -todas ellas de fieros nacionalismos.

    Sólo así el gobierno será matemáticamente representativo de todas las minorías y mayorías en su verdadera proporción dentro de la sociedad gobernada.

    Si no damos esos pasos inicialísimos pero efectivos para acercarnos a la democracia sin partidos, también llamada democracia estocástica, estococracia o demarquía, la explotación sin impedimentos de la maldita democracia por partidos nos seguirá precipitando a todos los individuos -poderosos y débiles- en esta ficción de vida, en esta existencia centrada en el tributo visible e invisible, en esta reducción salvaje de las posibilidades espirituales y materiales que, ante cualquier coyuntural conveniencia comercial, terminará localmente -para cualquier localidad del mundo- en las salvajes guerras empresarialmente inventadas.

    Nadie está a salvo, aunque así lo pueda creer.

    Sólo así, informándonos y acercándonos gradualmente a la estococracia, podemos abrigar esperanza de dejar de estar obligados a ser lobos los unos con los otros.

    Dejo para usted y para todos un muy cordial saludo de domingo,

  2. Ernesto
    08/05/2016 at 5:21 PM

    Es cierto sra. que la cirugia es necesaria, pero ….es indispensable que exista UN cirujano a la cabeza y que sea IDONEO. No es posible que cada uno del equipe medica, intervenga sin orden, sin prioridades y todos al unisono. Otro ejemplo: una orquesta sinfonica, en la cual todos eximios musicos tocan por su cuenta y sin UN DIRECTOR IDONEO. Tambien es cierto sra. lo que Ud. bien expresa ” El pueblo no entiende y grandes mayorías no llegan a fin de mes.” Por favor, que alguien avise al gobierno que fundamentalmente LAS GRANDES MAYORIAS NO LLEGAN A FIN DE MES y aquí está el meollo de la cuestión. Aunque parezca absurdo….es asi de simple.

  3. Ernesto
    08/05/2016 at 5:28 PM

    Estimado sr. Lualdi…Ud. no será un descendiente de algún anarquico famoso italiano?
    Además, es loable la insistencia suya en proponer su famosa “estococracia” donde no exista nadie que nos dirija y asi cada uno se reagrupa o no se que para autogobernarnos solitos. …La verdad, no logro imaginar semejante quilombo….solo con ver como nos va actualmente donde tratamos que nos dirija alguien con sapienza, cordura, idoneidad, honestidad y todo lo bueno que se le ocurra y NO LO LOGRAMOS. Se imagnina las ordas de locos separatista, autonomos, anarquicos tratando cada loco imponer su pensamiento, pensando que es el mejor….YO NO LO PUEDO SIQUIERA IMAGINAR. Soy medio obtuso, vio? Y como yo….creo hay muuuchos. Que le vamos a hacer. Es lo que hay!!! Por eso, por el momento, tratemos de mejorar y enderezar …lo que supimos conseguir….hasta ahora. Dios nos la mande buena!!!

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