Artimañas de lo inútil

2y2-4

Quien nada contra la corriente es quien tiene la posibilidad de marcar un nuevo rumbo o imponer un cambio. Quien lo hace a favor de la corriente sólo reforzará la tendencia.

Claro que si el nado a contracorriente pretende romper leyes universales, que lo son no por haber sido impuestas por conveniencia sino por el contrario, por haber sido escritas a cincelazos por los golpes dados por el orden natural de las cosas, entonces el rumbo a contracorriente habrá sido sólo eso, con consecuencias inútiles, desgastantes y dañinas.

Por ejemplo, sería mucho más que utópico (para no decir imbécil) marchar contra las leyes de Newton si tenemos en cuenta que las mismas surgen de los porrazos (literal) de la madre natura contra nuestra integridad y todo lo que nos rodea.

¿La relatividad es entonces un nado a contracorriente?

¿Pretende demostrar lo erróneo de Newton?

Todo lo contrario va en la misma dirección, la abarca y la acota a magnitudes donde queda libre de errores significativos.

En conclusión, no podremos nunca deshacernos de don Newton, quizás lo traspasemos haciéndonos de magnitudes superiores a su dominio, pero las leyes de Newton estarán siempre ahí abajo en el escalón anterior a la espera de que quizás solo desaceleremos.

De la misma forma, 2+2 siempre será 4 y aun cuando 4 sea despreciable (y podamos obviarlo) frente a 1 millón, por ejemplo (adimensionales o dimensionados), 2+2 no podrá ser cambiado por ninguna ley nueva, aunque pretenda teñirse de sesuda matemática.

Cuando te la complican es porque te están jodiendo, solía decir Tomas Bulat, una explicación simple para lo obvio de la simpleza.

La matemática es absolutamente exacta y burlarla es burlarse a uno mismo.

Pero no todo es exactitud, cuando se le pone el título de ciencia a una disciplina que tiene como elementos, variables e incógnitas a personas y sus actividades la exactitud se esparce en un abanico de posibilidades y cualquier numero adosado a las mismas deberá ser pensado y trabajado no para obtener un unívoco resultado sino un abanico de tendencias y probabilidades.

Ese abanico de posibles resultados del cual pretendemos obtener un numero que nos sea útil para algún fin, habrá dependido de ese conjunto voluble que son las personas y no solo de ellas si no también de las condiciones de contorno a las que han sido expuestas.

Ante un mismo estímulo a un mismo conjunto se podrían obtener resultados con diferencias si las condiciones tiempo espacio que las rodean son diferentes.

Los cálculos relativos a ecuaciones económicas no escapan al soporte algebraico-matemático, ese que siempre da resultados exactos. Pero las ciencias económicas pretenden dar resultados a condiciones y estímulos aplicados a individuos, su comportamiento y determinadas condiciones de contorno (valiéndose de un soporte matemático).

Y aun cuando pareciera que esto será inútil y terminara dando resultados impredecibles, la naturaleza humana vuelve a imponer leyes básicas de esas que es mejor no obviar. Estas leyes nos darán como resultados probabilidades y tendencias que invariablemente se repiten en condiciones básicas (a esta altura ya de manual) con resultados esperables y usando la exactitud del numero como soporte de apoyo para la obtención de un probable resultado cuantitativo mas allá del cualitativo que estas leyes básicas por si solas dan aplicadas sobre un conjunto de individuos llamado mercado (Estos individuos no son necesariamente personas, pero la partícula mas fina que los compone si son personas).

Asumiendo ciertas condiciones de contorno a las que el sentido común y las aspiraciones de autodeterminación (o diciéndolo en forma menos pretenciosa, de no intromisión) a las que el individuo aspira, entonces esas leyes de economía y mercado ya están determinadas y las mismas no son teóricas surgen nuevamente de los porrazos que el orden natural de las cosas nos da.

Torcer estas leyes no es lo ideal y aun cuando pareciera haberse logrado seguramente la devolución no será agradable.

Un economista podrá hacer llover de costado y por poco tiempo pero nunca de abajo hacia arriba y mas vale que las razones para hacerlo sean de peso, solía decir muy acertadamente uno de los economistas que formo parte de los equipos económicos de los competidores de la ultima elección. Una buena forma sarcástica, cómica, de enunciar leyes que son impuestas por los azotes de la realidad, ya que burlarlas solo significa consecuencias más molestas que la ínfima alegría que ofrece traspasarlas.

Es que así es la economía a la vuelta de la esquina te la devuelve y no por ser de izquierda, de derecha, oligarca o facho sólo porque así es su naturaleza.

Resumiéndola con mas tragedia: no va a escatimar responderte con el bolsillo aunque hayas tratado de engatusarla delicadamente con el corazón.

Quien lo entienda tendrá la habilidad de moldear sus objetivos a la plataforma de posibilidades que el sentido natural se digna a ofrecernos. Quien no lo entienda será el artífice tarde o temprano de la respuesta no deseada, aunque la viveza argentina ha practicado con mas o menos éxito la prolongación del tarde o temprano para que el “No entendido” logre abandonar el barco a tiempo y condicionar su culpa solo al dedo de los entendidos.

En nuestro país los mecanismos aplicados para llevar la economía dentro de los correctos límites de la lógica, rara vez han sido completados.

¿Y por qué la necesidad de aplicar mecanismos de corrección? Sencillamente por que Argentina a pasado gran parte de su existencia corrida fuera de esos limites (cualquiera sea la dirección).

Las ideologías (en constante enfrentamiento) hicieron de nuestra Nación un campo de batalla en todos los frentes. Entre las armas utilizadas en esta contienda una de la más notoria fue transformar las medidas correctivas necesarias en la cara de su oponente, un mecanismo artero pero muy efectivo ya que cualquier medida que implique corregir un rumbo económico descarriado significa sacrificio y costos. Así es como cualquier cosa que se asemeje a derecha o liberalismo inmediatamente fue apuntado de ajuste.

Esta tendencia quedó fuertemente afirmada tras el fino y meticuloso trabajo llevado adelante por el conjunto de partidos y agrupaciones de todas índoles reunidas en lo que se llamo El Foro de Sao Paulo regenteado por Inacio Lula Da Silva en sus inicios.

No solamente el Liberalismo y el Neoliberalismo fueron enrostrados con la fachada del Ajuste, cualquier tendencia que resultara peligrosa para desenmascarar la naturaleza de desajustadora de la nueva izquierda light del siglo 21 sufrió el mismo ataque preservándose para si mismo el falso rostro de benefactores, claro esta que esto es llevado adelante mientras el desajuste aun lo permite.

El progresismo mediante las acciones planeadas en el seno del Foro de Sao Paulo iniciaron un paulatino copamiento de los populismos latinoamericanos y encontraron el alimento para estos últimos en el desajuste vestido de malversada equidad mediante la tergiversación de los números, hecho siempre remunerado con votos que le permiten la continuidad hasta que los números ya no disfrazan, entonces será necesario un nuevo enemigo culpable o en caso de haber alternativa dejar todo en manos de un “malo ajustador”.

¿Pero cómo es posible mentir con números cuando los resultados surgen de la única matemática posible: la exacta?

La respuesta es sencilla, la matemática es exacta y aun cuando sus números fueran cambiados a la vista de todos (como de hecho se hizo en estos últimos años), los resultados mentirosos quedan cubiertos por el abanico de posibilidades de respuestas del mercado y aun mas por la inercia del mismo (aunque sea solo por un tiempo determinado).

Cuando finalmente los números sean insostenibles solo quedan dos opciones: la violencia blanqueando el verdadero carácter antidemocrático de quienes democráticamente despilfarran y desajustan o dar un paso al costado para que el ajuste en manos ajenas le reserve al populismo la condición de ileso y el derecho al titulo de inclusor y equitativo.

Resumiéndolo en un título: La fábula del desajustador serial y el ajustador buitre.

La mala intención de un populismo combinado con lo obtuso de una izquierda militante puede ser una de las peores combinaciones.

Las izquierdas cercanas al poder no han parado de enriquecerse sin el más mínimo prurito con respecto a sus contabilidades y números delatores. Sus seguidores jamás le reclamaran inconsistencias numéricas ya que todo es cubierto con el manto de piedad de la equidad y el reparto justo (de lo ajeno, vale aclarar).

El postulado de la Equidad, el mismo que arrasa con las dos principales leyes del sentido común de los mercados.

A saber:

– La riqueza no se reparte, se Crea y su creación es fruto de la iniciativa de quienes generalmente conservan la iniciativa y creatividad a resguardo del Estado.

– La única forma natural de distribución de la riqueza es el comercio (todo lo demás encajara de alguna u otra forma en algo parecido a un robo).

Volviendo a la matemática y usando un poco de su lógica exacta, fácilmente podemos inferir que si una Nación cuenta con una determinada riqueza distribuida desigualmente y la misma es redistribuida por algún método, no habrá un incremento de riqueza, la misma se habrá mantenido constante.

Y si agregamos un análisis que incluya la lógica del sentido común humano carente de exactitud pero que claramente da una posible orientación de los resultados frente a determinadas acciones entonces podremos inferir también que el echo de quitar riqueza implica una quita de incentivo y una reserva de creatividad, la cual es percibida como punida. Por lo tanto una redistribución forzada puede hasta significar indirectamente una disminución de la riqueza total provocada por caída de iniciativa aun cuando la lógica de la matemática exacta acuse una permanencia de constancia de la misma.

Desde el punto de vista del progresismo de hecho se tiene una visión opuesta y supone que una redistribución crea incentivos y aumenta la creatividad de los que la reciben pero la realidad socialista en diversos lugares del mapa lo desmiente, siendo Cuba el caso más cercano y patético.

Escapa a las matemáticas pero no a la realidad palpable que la obtención de riqueza en forma gratuita por parte del estado solo a servido para crear estadodependencia y que poco y nada aporto a la creación de riqueza real ni significo un incremento de creatividad.

El surgimiento de emprendimientos es algo natural inherente a la condición humana, existe un sector que se auto somete a exigencias presionado por las condiciones de contorno creadas por ellos mismos generación tras generación, pero curiosamente es el estado el primer elemento visto como obstáculo por las mismas al recibir de este ultimo las regulaciones impuestas para su emprendimiento, sin embargo son la principal fuente de recursos para el estado.

Ahondando un poco más con cierta perversidad podríamos decir que este sector emprendedor es involuntariamente el financista indirecto de las plataformas electorales de los populismos (si así fuera la naturaleza de quien los gobierna)

Si alguna vez existió la posibilidad de plantear un proyecto nacional en base a un movimiento trabajador, hoy ese movimiento debería llamarse emprendedor.

La denominación trabajador a quedado obsoleta, no por ausencia de los mismos, sino por los cambios de escenarios, por la tecnología y el cambio de herramientas.

En pleno siglo 21 con un atraso que nos mantiene en el siglo pasado, el único impulso que puede rápidamente reubicarnos cronológicamente es la tecnología en manos de un movimiento emprendedor sin los adoquines del estado en su camino.

El hecho que los medios cibernéticos y redes sociales se hayan convertido no solo en medios de comunicación si no también de transmisión y transporte de herramientas (una llave inglesa puede tener hoy la dimensión de un escarbadientes frente a un software que puede llevarse de una punta a la otra del planeta en décimas de segundo) no es ajeno a la Argentina pero la presencia del estado lejos ha estado de potenciar la misma, quizás una ausencia hubiera sido preferible a una presencia chapustrera de un estado supra recaudador, usurpador, malversador y discriminante (la ausencia de medios materiales de transporte y sostenimiento de economías regionales, reafirman este ultimo adjetivo).

La promesa de redistribución de riqueza es la base de la propaganda socialista, pero es difícil concretar una redistribución si lo primero que se logra es un empobrecimiento.

La circulación de la riqueza se logra se da de una forma natural visible en el movimiento de circulante o sea en el comercio. La detención o estancamiento del comercio pone fin a la creación de riqueza que dejara de tener sentido si no puede ser transformada en circulante que permita una reinversión.

La mayor ramificación del comercio en todas sus formas proporciona la mayor distribución de riqueza.

El estado no debería interferir pero debe estar atento a que las ramas del comercio sean lo más profusas posibles, el engrosamiento y concentración de unas en desmedro de otras es un claro indicador de concentración de riqueza o del entorpecimiento por parte del estado de alguna forma.

En los 90, una abundante inversión extranjera que no excluyo el sector comercio, pareció ser un medio (y de hecho lo fue) para provocar una deflación de precios.

Los dedos amputados de la izquierda nunca señalaron quejas en este hecho como si lo hacen acostumbradamente contra productores por el solo hecho de poner precios a su producción. Quien es creador de precios por ser productor merece ante la mirada de la izquierda ser punido. Nunca entendieron el derecho de poner el precio conveniente a su propia producción y que la competencia es la única que puede rebatir o acotar a los mismos.

La miopía estatal permitió frente a sus narices un grave reordenamiento de la distribución de la riqueza (el crecimiento constante de la pobreza así lo demuestra). El engrosamiento de flujos de circulante y concentración de comercialización en pocos nodos (y para colmo principalmente de capitales extranjeros) a creado un sobre poder por encima de la capacidad de competencia de los productores, sencillamente han ocupado con su concentración la capacidad de formación de precios.

Lo que en un principio la miopía estatal vio como inversión y rápida capacidad de deflación, solo se transformo en manejo tendencioso de precios, mano de obra de escasa formación y alteración de la distribución de la riqueza.

Hoy día, del productor al consumidor la mayor diferencia de precio queda en las cadenas comerciales sobreelevando los precios finales y presionando los márgenes al productor y para peor el 60% de la misma concentrada en las grandes cadenas.

Esta concentración a su vez crea favoritismos y tendencias dentro de la producción, atentando directamente contra productores en desventaja y posiblemente no haga falta aclarar que uno de los principales creadores de desventajas ha sido el estado.

Así es como en el imperio de la producción alimenticia los tambos cierran, en el reino de la carne los ganados se extinguen y todos sin posibilidad de poner el precio que satisfaga su subsistencia, pero al final de la cadena justo antes de las manos del consumidor los precios se elevan. Eso si el brillante progresismo y el artero populismo seguirán viendo en el productor el elemento a combatir.

Poco y nada hizo el pretendido progresismo y mucho y dañino hizo el falso liberalismo, entre ambos casi una planeada conjunción de hechos lamentables.

Las intervenciones del estado contrariando el orden natural siempre terminan siendo costosas eso no quita que el estado pueda participar como lo que es, un gran individuo del mercado que debe atenerse a sus reglas.

Paul Battiston

Share

1 comment for “Artimañas de lo inútil

  1. Mónica
    05/05/2016 at 2:57 PM

    El mercado como un agente más de la economía, no trae soluciones mágicas y a veces genera muchos problemas. También sufre de distorsiones y ataques especulativos, algunas veces internos y otras externos y más de una vez opera contra los estados-nación, en aras del beneficio de unos pocos y en perjuicio de muchos. Ser un promotor de los beneficios del mercado, sin tener en cuenta sus limitaciones y amenazas, es desconocer la naturaleza del tema bajo análisis. Es tan inocente como querer repartir riqueza sin generarla. Ningún estado debería atenerse a las reglas del mercado. En primera instancia debería controlarlo y luego regularlo (sin ahogarlo). Rebajar a los estados-nación a la calidad de participantes de mercado, es una concepción “mercantilista” de las funciones del estado y una visión acotada y empobrecedora de los roles de cualquier gobierno. Y por último es no conocer nada de globalización, sus oportunidades y amenazas-. circunstancia que no es de extrañar, ya que los argentinos sólo miramos nuestro propio ombligo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *