Liberalismo, creencias y razón

Armando RibasEn estos momentos de la historia el socialismo parece haberse apropiado de la ética y la razón en nombre de la igualdad, y ha logrado el poder político en nombre de la igualdad, ha provocado una crisis en el llamado mundo Occidental, incluyendo a América Latina. Por esa razón considero de la mayor importancia rescatar los principios fundamentales de la ética liberal incluida en el Rule of law, que permitió la liberad y la creación de riqueza por primera vez en la historia.

En primer lugar, considero fundamental que el liberalismo no entraña un antagonismo ético político entre la fe (creencias) y la razón. El mundo ha sufrido históricamente la tiranía desde las dos vertientes de la fe y la razón. Desde tiempo inmemorial la justificación del poder político se basaba en la representación de la deidad. Los primeros cristianos que como señala Paul Johnson pasaron de mártires a inquisidores, sufrieron la persecución romana como consecuencia de que el emperador representaba a la deidad y supuestamente los cristianos pretendían destituirlo en nombre de otro Dios. Más tarde, gracias a Justiniano y Constantino, los cristianos se apoderaron del poder y comenzó el crimen histórico de la Inquisición. O sea todo el que no era cristiano era hereje y por tanto merecía la muerte.

Debo señalar fundamentalmente que la Inquisición constituyó una violación paladina de los principios del cristianismo, tales como la conciencia de la falibilidad del hombre -el justo peca siete veces- y la tolerancia. El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Podemos concluir entonces que ya el principio del derecho divino de los reyes como justificación del poder absoluto, constituyó una violación de los principios del evangelio.

Esa tendencia autoritaria absolutista se dio vuelta a partir del pensamiento de John Locke que conciente de la naturaleza humana y que los reyes también eran hombres, propuso la necesidad de limitar las prerrogativas del rey. Fue en función de esos principios que tuvo lugar la Glorious Revolution en 1688 en Inglaterra, y así cambió el curso de la historia. Y por supuesto resaltó la eticidad de la tolerancia religiosa y en su “Carta de la Tolerancia” donde escribió: “La tolerancia de aquellos que difieren de otros en materia religiosa es tan agradable al evangelio de Jesucristo, como a la genuina razón de la humanidad”. Y asimismo concluyó: “El cuidado de las almas no está comprometido al magistrado civil”. Y finalmente en su Ensayo Concerniente al Entendimiento Humano” estableció el que consideró el principio fundamental de a libertad que es el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad.

Así surgió el liberalismo, que no solo implica la libertad religiosa sino el respeto por los derechos individuales: “a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la felicidad”. Puedo decir que el liberalismo no es producto del absolutismo de la razón, sino de la conciencia de la falibilidad de la misma y el aprendizaje empírico de la naturaleza humana que es fundamentalmente emocional. Al respecto escribió David Hume: “Es imposible cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestras circunstancias y situación y rendir la observancia de las leyes de la justicia nuestro interés más cercano y su violación el más remoto”.

Estos principios fueron llevados a sus últimas consecuencias en Estados Unidos por los Founding Fathers. Se aceptó que el hombre es fundamentalmente emocional en tanto que la razón es instrumental y falible. De esos principios pues surgió el sistema ético, político y jurídico que cambió la historia de la humanidad y permitiera la libertad. Y se admitió que como bien dijera Adam Smith: “En la persecución de su propio interés el frecuentemente promueve más efectivamente el de la sociedad que cuando intenta promoverlo. Yo nunca he conocido mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

Como antes dije, fue en función de los anteriores principios que se estableció la constitución americana de 1787 y el Bill of Rights de 1791. Y al respecto dice James Madison: “Si los hombres fueran ángeles, no sería necesario el gobierno. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres ni controles externos ni internos serían necesarios. Al organizar un gobierno que va a ser que va a ser administrado por hombres sobre hombres la gran dificultad yace en esto. Ud. debe primero capacitar al gobierno para controlar a los gobernados y en segundo lugar obligarlo a controlarse a sí mismo. Una dependencia en el pueblo es sin duda el control primario sobre el gobierno; pero la historia ha enseñado a la humanidad la necesidad de preocupaciones auxiliares”.

Perdón por la secuencia y la longitud de las citas, pero en ellas se encuentran reconocidos los principios que garantizan el respeto por los derechos individuales y la noción clara de que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías. En reconocimiento de ello Alexander Hamilton escribió: “Una peligrosa ambición más a menudo y detrás de la espaciosa máscara del celo por los derechos del pueblo”. Y ya Aristóteles en su análisis de la demagogia había dicho: “Cuando el pueblo se hace monarca viola la ley y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido”. A los hechos me remito e insisto en la presencia del socialismo dictatorial y democrático en el mundo.

Fue en función de estas nociones que se concibió la necesidad de la división de los poderes, y en especial la función fundamental del poder judicial. Al respecto en 1793 se presentó el caso Marbury vs. Madison en el cual el juez Marshall sentenció: “Todos aquellos que han armado una constitución escrita la contemplan como formando la fundamental y principal ley de la nación, y consecuentemente la teoría de todos esos gobiernos es que cualquier ley de la legislatura repugnante a la constitución es nula. Es enfáticamente, el ámbito y la función del departamento judicial decir que es la ley”. Ese es un principio fundamental de la libertad, pues es el medio de que se respeten los derechos individuales. Por ello Adam Smith escribió: “Cuando el judicial está unido al poder Ejecutivo, es escasamente posible que la justicia no sea frecuentemente sacrificada a lo que vulgarmente se conoce por política”. Las anteriores condiciones fueron las que determinaron el sistema que cambió al mundo, y que hoy no sólo está ignorado como capitalismo salvaje y descalificado como el imperialismo yankee.

Pero la razón hizo su ingreso en la historia con Platón a la cabeza y comenzó la racionalización del despotismo. Más tarde llegó Jean Jacques Rousseau e impuso filosóficamente el llamado liberalismo racionalista, partiendo de ideas contarías al pensamiento de Hume. Así, en el Contrato Social, creó la ética del absolutismo político y escribió: “Así como la naturaleza da a cada hombre poder absoluto sobre su cuerpo, el pacto social da al cuerpo político poder absoluto sobre sus miembros, y es este poder que bajo la dirección de la voluntad general lleva el nombre de soberanía”. Y seguidamente propuso el deber de los creadores de las naciones de transformar a cada individuo en un hombre nuevo. Diría que fundamento del socialismo. Y por supuesto descalificaba al comercio.

Rousseau fue seguido por Emmanuel Kant quien lo consideraba el Newton de las ciencias sociales, y al respecto propuso: “El soberano del Estado solo tiene derechos en relación a sus súbditos y no seres coercibles”. Aun la Constitución real no puede tener ningún artículo que pueda hacer posible a algún poder del Estado resistir o limitar al supremo ejecutivo aun en caso de que viole las leyes constitucionales”. Ante estas proposiciones de que sirve la Constitución y a su vez implica la inutilidad de la división de los poderes y por supuesto la inutilidad del poder Judicial en lo que se refiere al respeto de los derechos individuales. Y siguiendo con la teoría de la moral racionalista descalifico el derecho a la búsqueda de la propia felicidad, pues la búsqueda de la felicidad se hacía por interés y no por deber. Por tanto concluyó que el comercio era igualmente inmoral pues se hacía por interés. Entonces concluyó que es la naturaleza es la que decide nuestras vidas y escribió en su “Idea por una Historia Universal con un Sentido Cosmopolita”: “El hombre busca la concordancia pero la naturaleza conociendo lo que es mejor para las especies, desea la discordancia”. O sea la guerra es ética y el comercio inmoral.

Al genio de Koenigsberg le sigue Friedrich Hegel, que considera que: “El Estado es la divina idea tal como existe en la Tierra… el Estado es la marcha de Dios a través del mundo… El Estado es lo racional donde la libertad alcanza la plenitud así como este fin último tiene el más alto derecho frente a los individuos, cuyo deber supremo es el ser miembro del Estado”. Aquí tenemos la racionalidad con la creencia. Consiguientemente Hegel considera que la burocracia representa la eticidad de la sociedad frente a los intereses privados. O sea se desconocen los derechos individuales. E igualmente producto de la ética racionalista Hegel considera asimismo que la guerra es el momento ético de la sociedad. Al respecto dice: “La salud ética de los pueblos es mantenida en su equilibrio frente al fortalecimiento de las determinaciones finitas (Intereses particulares) como el movimiento del viento preserva al mar de la putrefacción en la cual lo reduciría una durable paz perpetua”. No nos puede extrañar que en función de este racionalismo los europeos estuvieron en guerra hasta el siglo xx y surgiera el totalitarismo con Hitler a la cabeza.

Ya antes en función de estas ideas surgió la Revolución Francesa de 1.789 fundada en la Diosa Razón. Y llegó Robespierre violando todos los principios de la libertad de mano de los jacobinos, como lo reconoció Madame Rolland cuando camino al patíbulo dijo: “Libertad cuantos crímenes se cometen en tu nombre”. Y así se reconoció que Marat amaba al pueblo y odiaba a los hombres. Y le siguió Napoleón Bonaparte quien en función de la ética de la sociedad comenzó la guerra en Europa invadiendo a los vecinos. Y así llegó el totalitarismo como la racionalización del despotismo. Como bien señala Peter Druckeren sus “Escritos Fundamentales” “No puede negarse que el Iluminismo y la Revolución Francesa contribuyeron a la libertad en el siglo XIX. Pero su contribución fue totalmente negativa…Por el contrario el Iluminismo y la Revolución Francesa así como sus sucesores como el liberalismo racionalista de nuestros tiempos”, Y siguió diciendo: Tan difundida y tan falaz como la creencia de que la Ilustración engendró la libertad en el siglo XIX, s la creencia de que la Revolución Norteamericana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa y que fue su precursora”.

Finalmente llegó Karl Marx en pleno siglo XIX para racionalizar el supuesto anti capitalismo vía la concepción comunista. Así propuso la revolución proletaria a través de la dictadura del proletariado para siguiendo los pasos de Rousseau eliminar la propiedad privada que supuestamente era la razón de la desigualdad humana. Por supuesto consideró la religión como el opio de los pueblos y pretendió a través del comunismo lograr un cielo en la tierra, donde desparecería el Estado. Alos hechos me remito y vemos como el totalitarismo surgió de la razón y así aparecieron Lenín y Stalin y crearon la tiranía del comunismo soviético.

Entonces ante los hechos narrados podemos concluir que el liberalismo no es la égida de la razón sino precisamente de la conciencia de la falibilidad del hombre. La razón es instrumental y falible. Tampoco pretender ser la antítesis de la fe, y por ello declaró la necesidad de la libertad religiosa. Por tanto la conclusión es que es el sistema ético, político y jurídico que surge de la admisión de los anteriores principios el que determina los comportamientos. Por esa razón dio lugar a la libertad y a la creación de riqueza por primera vez en la historia.

Armando Ribas

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2 comments for “Liberalismo, creencias y razón

  1. Jack A. Ré
    09/08/2015 at 5:05 PM

    Magistral. No cabe otro calificativo.

  2. Anibal
    09/08/2015 at 5:47 PM

    Sr. Armando Ribas, gracias por recordar los principios de la ética liberal y su excepcional síntesis de la historia de la economía.

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