Por José Luis Milia.-

Estamos viviendo en un país arruinado. Cuarenta años de ineptitud y latrocinio lo han hecho, cuarenta años donde la misma teoría se aplica y, año a año, se tropieza con la misma piedra.

He leído en Facebook, en Instagram y otras redes, infinidad de mensajes donde sus autores se rasgan las vestiduras porque ha venido un tipo que, presuntamente, quiere destruir el estado. A este tipo -a quien no voté en las PASO, ni en la general y a quien voté, sí, en el ballotage- en menos de tres meses ya se le ha hecho un paro general, se lo condiciona con el inicio de clases, y se le carga “la romana” con que es responsable de la pobreza actual y que su interés liminar es la destrucción de la clase media.

Vayamos por partes y tratemos de razonar, aunque este ejercicio nos cueste. Si de la destrucción del estado se trata, cabría preguntarse: ¿de qué estado estamos hablando? Porque un estado moderno tiene cinco funciones fundamentales que hacen a la gestión: Educación, Salud, Seguridad, Defensa y Relaciones Exteriores. Hagamos, entonces, un repaso sobre estas cuestiones básicas y sus resultados luego de cuarenta años de peronismo, radicalismo y rejuntes varios.

Respecto de Educación, sólo un 13% de quienes empiezan la escuela primaria termina, en tiempo y forma, el colegio secundario; en relación con la Salud, los hospitales públicos carecen de medicamentos, sus profesionales están por debajo de la línea de pobreza, y conseguir un turno a seis meses vista implica una exagerada pérdida de tiempo; los problemas de la Seguridad están a la vista de cualquiera que, al levantarse, vea un noticioso en la tele; las RR.EE. son un tango, “cuesta abajo en la rodada…” la anterior y payasesca gestión lo dice todo y, si hablamos de Defensa Nacional, vemos que la Armada está operativa en menos de un 18% de su capacidad, la Fuerza Aérea casi no existe y el Ejército sería incapaz de resistir una invasión, no por falta de coraje sino porque carece de los elementos bélicos necesarios.

Dicho esto, volvemos a la pregunta, ¿de qué estado estamos hablando? ¿De uno donde las ventajas son para los “elegidos”? ¿De uno cuasi feudal donde gobernadores o intendentes son señores de horca y cuchillo? ¿De uno donde sus comarcas expulsan a sus nativos a las tolderías del conurbano? ¿De un estado donde lo mejor de su juventud debe irse del país porque ese estado les ha ido cercenando sus posibilidades y sus sueños?

Si fuera así, preocuparse por esto es baladí, porque ese estado por el cual hoy muchos que dicen ser de derechas se rasgan las vestiduras, no existe, es sólo un conjunto de pandillas y comparsas donde el bien común es un cuento mal contado.

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