Por Carlos Tórtora.-

Políticamente, la posibilidad cierta de la caída de los regímenes de Irán y Cuba es potencialmente más importante que la agonía del chavismo. Irán tiene un 10 por ciento de las reservas petroleras del mundo pero controla el estrecho de Ormuz, por donde circula el 30 por ciento del petróleo mundial. Pero es además el principal centro del terrorismo internacional. Cuba, en cambio, no tiene ya ninguna importancia económica pero es el símbolo de la subsistencia del comunismo internacional. La inteligente ofensiva de Donald Trump apunta así a la transformación democrática de dos de los regímenes autoritarios más extremos, prácticamente totalitarios. Si efectivamente se produjera este derrumbe, el modelo autocrático importante que subsistiría sería Corea del Norte. Por supuesto que la transformación política de Cuba, pero sobre todo la de Irán, sería de una extraordinaria complejidad y de resultados inciertos.

Si Trump consiguiera concretar estos cambios, su legado en la política internacional sería extraordinario.

La paradoja

Como suele ocurrir en el complejo espacio de los sistemas de poder, este retroceso del autoritarismo en Medio Oriente y el Caribe se da simultáneamente con el crecimiento del autoritarismo en América del Sur y específicamente en Argentina. Abrazado a las banderas de la libertad, Javier Milei continúa construyendo aceleradamente un modelo de poder que cercena cada vez más el funcionamiento del sistema democrático.

Obviamente el autoritarismo libertario es más leve que los de Irán y Cuba, pero tampoco es despreciable en cuanto a concentración de poder y violación de la Constitución Nacional.

Un claro ejemplo de avance autoritario es el DNU 941/2025, que por ejemplo faculta a los agentes de la SIDE a realizar detenciones en casos de flagrancia, acercando al organismo a las funciones de policía secreta.

La reforma laboral que se proyecta, plagada de inconstitucionalidades, también arrima a un modelo de restricción de derechos.

Y ni que hablar de la concentración del poder político hoy en manos de Karina Milei, quien no sólo conduce el Estado sino también el partido oficialista.

La práctica constante de Milei de gobernar mediante los DNU es también una demostración del modelo autoritario en marcha. El secreto de Estado y la ausencia de información oficial sobre el manejo del SWAP con EEUU prueba que Milei ignora su deber constitucional de dar publicidad a los actos de gobierno. Y ni que hablar de la sistemática represión brutal a los jubilados por intentar ejercer su derecho a manifestarse.

En síntesis, los ejemplos sobran: bajo la fachada democrática, Milei sigue construyendo su esquema de concentración de poder anti-republicano. Los ecos democratizadores que resuenan en el mundo no llegan a Buenos Aires.

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