Por Italo Pallotti.-

En esta Argentina nuestra nos caracterizamos por buscar siempre, desde mucho tiempo, los mecanismos que nos permitan sobrevivir a una catarata de acontecimientos que, en la mayoría de los casos, han servido solo para encuadrarnos en una categoría que a la manera de zombis parece haber perdido la voluntad para reaccionar a los hechos trascendentes que tienen que ver con la realidad que nos circunda. Hemos perdido, al menos una gran mayoría, el coeficiente de experiencia que permita tomar conciencia de que bajo ese desvío los actos cotidianos que nos rodean pasan a ser incomprensibles. Una especie de aturdimiento actúa sobre la comunidad. Este nos lleva a no comprender que lo que nos rodea carece de profundidad. Y entonces, hay un micromundo de hechos impactantes que, por lo reiterado, pasan a ser motivo de un acostumbramiento perverso, capaz de obnubilarnos de tal manera que no somos capaces de imponer nuestro pensamiento y razonamiento para analizarnos, en tiempo y forma, de modo tal que podamos ser partícipes de una búsqueda de verdades, que pasado el momento de la euforia o el espanto se va diluyendo; no sin dejar huellas que no es fácil capitalizar de un modo que pueda beneficiar al conjunto de la sociedad.

Todo, finalmente, parece fluir: pero cuando lo simple parece concretarse, factores extraños, o no tanto por lo reiterado, en la medida que se los analice con profundidad establecen una claridad qué, al menos en los más advertidos, le da alguna respuesta capaz de aclararles conceptos que a muchos, por ignorancia, desinterés o simplemente por cerrarse a buscar algún tipo de verdad, le es ajena. Acontecimientos que en los últimos días ganaron la atención colectiva, sirven de ejemplo. La desaparición y muerte de una menor en Córdoba (Agostina Vega), convulsionando al país. La marcha de “Una Menos”, con su justo reclamo por la cruenta sucesión de femicidios. Los casos de corrupción que salen a la luz con una virulencia pocas veces vistas del gobierno anterior (declaraciones de Roberto Lavagna). La demora en la presentación de las manoseadas DD.JJU. de los bienes (Manuel Adorni). Un intento de traba en la designación de una jueza (Dra. Michelli) por su parentesco con un periodista de investigación (Alconada Mon). Las designaciones de funcionarios con prontuarios (Barrelier -femicida cordobés-). La suspensión de una fiscal en Rosario (Dra. Ballari) por demorar una causa que derivó en femicidio. Reclamo sobre presupuestos en sectores vitales que debe cubrir el Estado. Las estadísticas que marcan el desinterés de la población sobre el tema educación, para ubicarse en un 7º lugar; cuando debería ser, por su interés colectivo, en la preferencia y adhesión popular. La falta de derrame hacia la micro economía para desterrar la pobreza e indigencia sobre sectores vulnerable. Expuesta la presente cronología, que apenas si toca algunos hechos de trascendencia, una mayoría del espectro social adopta la salida fácil, acostumbrada e inútil, casi siempre, de buscar acciones sustitutas que permitan aturdir y pretendidamente alertar sobre las acciones generalmente de Justicia, de cualquier forma, que se reclaman sobre cada caso. Y entonces, miles de hombres y mujeres se lanzan a las calles del país para alertar, pedir, homenajear o sencillamente “estar” casi siempre mezclando en todo ello a la política (obvio, opositora). En un “todo vale” buscando, como se indica en el título, “Siempre un distractivo”, que los aturda y aleje de realidades y miserias de todo tipo que los agobia; frente a una incertidumbre que se acentúa en el tiempo. ¿Hasta cuándo, quién lo sabe?

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