Por Carlos Tórtora.-
Javier Milei recuperó ayer un capital político invalorable: la centralidad. Pasó de ser un presidente eclipsado y previsible a plantear una especie de batalla comercial con Gran Bretaña. Para poder hacerlo sin caerse del mapa, probablemente termine cediéndole al Pentágono su participación en la futura base naval integrada de Ushuaia.
Este nuevo juego de la política exterior argentina es posible -fracase o triunfe- porque Donald Trump es un presidente aislacionista, descree de la OTAN y prefiere la relación directa con Vladimir Putin. Si Trump realmente se interesara por proyectar el poder naval de EEUU en el Atlántico Sur y lo hiciera restándole espacio a Gran Bretaña, probablemente Putin estaría complacido. Hace menos de un año, con un golpe comando, el Pentágono secuestró a Nicolás Maduro para asegurarse el control del petróleo venezolano y esto no provocó escándalo diplomático alguno. Si de lo que se trata ahora es de desplazar a los ingleses en el petróleo del Atlántico Sur, hoy sería factible. Pero si los demócratas obtienen un triunfo importante en las legislativas de noviembre próximo, podrían ponerle límites a la política exterior de Trump. En líneas generales, los demócratas son atlantistas, es decir que privilegian la alianza con la OTAN y especialmente con Gran Bretaña.
Devoto de Margaret Thatcher y convencido de que la causa Malvinas es un esfuerzo inútil, Milei entra en este juego por desesperación, no por convicción. Ayer enunció una política de defensa de la soberanía económica en el Atlántico Sur que correspondería a un gobierno entrante y no a uno prácticamente saliente, porque le queda un año si no es reelecto.
Esta situación abre el espacio para una suspicacia. Para no confrontar demasiado con Londres, le alcanzaría a la Casa Rosada con montar un show electoral que incluyera hasta incidentes menores en aguas de Malvinas, tratando de convencer al electorado de que estamos en una verdadera guerra económica pero haciendo más ruido que otra cosa. En caso de ser reelecto, Milei bien podría renegociar con Londres si Washington lo permite. Y en caso de no ser reelecto, el problema sería de otro.
El calentamiento por parte de Argentina de la situación en el Atlántico Sur ya empezó hace una semana, cuando el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, Brigadier Gustavo Javier Valverde, afirmó que la Argentina debe ejercer soberanía en el estrecho de Magallanes. Hubo un poco de ruido pero Valverde sigue en su cargo y hay sospechas de que el gobierno sabía del tema.
A partir de ahora, el show de Milei puede generar diversos espectáculos para captar votos. Si por razones de política interna los ingleses reaccionaran con fuerza contra la malvinización libertaria, le estarían dando una gran ayuda a Milei para ganar las elecciones.
El riesgo para el gobierno es, a partir de ahora, que la sociedad perciba que estamos sólo ante un montaje electoralista y que el gobierno argentino sólo puede actuar en la medida que el Departamento de Estado lo habilite.
Un primer round fácil de ganar
La nueva estrategia malvinera libertaria puede complicar seriamente a la oposición en los próximos días. ¿Quién puede oponerse a un presidente envuelto en la bandera de Malvinas?
El peronismo, que tiene una postura histórica semejante a la que fijó Milei ayer, está por ahora en un brete. Si acompaña al presidente, se diluye, y para criticarlo hay que dejar que el tiempo ponga al descubierto las fallas de la nueva política.
La batalla real no es por Malvinas sino por las encuestas. Anoche en la Casa Rosada había quienes descorchaban champagne anticipándose a una suba de Milei de 5 o 6 puntos y eso es lo que en definitiva cuenta.
Con la nueva saga de Milei, los pretendientes de derecha a su trono, es decir Patricia Bullrich, Daniel Hadad y Jorge Brito, quedan indirectamente golpeados. Y si el gobierno explotara inteligentemente la veta malvinera, sufriría menos por el probable triunfo de Lula, por la derrota de Trump en las legislativas y por las enseñanzas sobre la justicia social que imparta León XIV. Y ni que hablar de Victoria Villarruel, que ahora debe salir a tomar distancia de la malvinización libertaria.
En octubre del año pasado, un descarnado comentario de Trump fue decisivo para que LLA ganara las elecciones. Ahora, en cierto modo la reelección de Milei también está en manos de Trump.
La levedad de lo real
Puede parecer contradictorio -y lo es- que el gobierno replantee a la Argentina como potencia regional del Atlántico Sur mientras desmantela sus fuerzas armadas y hambrea a sus integrantes. En particular, la más dañada es justamente la Armada, que está perdiendo el grueso de su capacidad operativa, entre otras cosas por el desguace de la base naval Comandante Espora y el retiro de servicio de los Super Étendart.
No es menos contradictorio que varios voceros de primera línea del gobierno como Federico Sturzenegger o Alberto Benegas Lynch sean conocidos defensores de la postura británica sobre Malvinas.
Y todavía sería más grave que el misterioso destino de nuestras reservas de oro no sea otro que Londres.
Pero en realidad todo esto importa poco y nada. La batalla contra Gran Bretaña que empezó Milei no se libraría con embajadores, flotas, movilizaciones populares ni alta tecnología. Se trata de una guerra en redes sociales, a lo Milei. Lo importante entonces ya no es la realidad sino su percepción. La política según Milei pasa en definitiva por Cerimedo y sus bots.
04/09/2026 a las 10:21 AM
PERDIDO BAJO UN MANTO DE NEBLINA.
04/09/2026 a las 11:18 AM
De lo único que saben hablar y tienen tema es «peronismo, kirchnnerismo» ah, y «la chorra».
De Sergio Massa tienen prohibido hablar o mencionarlo. Menos aún, postearlo.
De $LIBRA y la coimera de Karina, nada de nada.
04/09/2026 a las 11:23 AM
Rizzi tampoco habla de massita ni lo menciona, es de los tuyos.
04/09/2026 a las 10:35 AM
Nos rescató del abismo cenagoso en que nos había sumido
el nauseabundo peronismo; nos libró de una inflación que de
a poco llegaría hasta a carcomernos nuestros huesos; nos
consiguió una moneda estable respaldada por millones de
dólares reservados para cualquier eventualidad inesperada;
nos impulsó a que paulatinamente fuésemos recuperando
los valores morales que siempre nos caracterizaron y que
nos hubo pulverizado la Bosta Nacional llamada «peronismo»;
hizo que recuperáramos nuestra presencia internacional,
sitial en el que siempre habíamos sido referenciales hasta el
advenimiento de «La Bosta Nacional»; nos retrotrajo el
imperativo que nuestro pueblo resaltara desde siempre y que
luego había desechado : » el que no trabaja no come » ( a la
manera de José Ingenieros : «quien nada aporta al colmenar,
no tiene derecho a probar la miel»); logró que desterráramos
la aquiescencia que manteníamos para con los mercaderes
del «cuarto poder», cuyo accionar está supeditado siempre a
la paga más alta; y tantos, tantísimos etcéteras más que sería
tedioso enumerar.
Finalmente, si tras toda esta epopeya ciclópea que el señor
Milei nos prodigara, consiguiera que recuperásemos las islas
que nos robaron quienes fundaron en la Historia la inmundicia
de La Piratería . . . y buéhh . . . el señor Javier Milei podría
llegar a opacar la fama universal del ciudadano de Nazareth, hijo
de un carpintero, que lograra imponer su ideario a puro latigazo
y atropellando : «YO SOY LA LUZ Y QUIEN ME SIGA NO ANDARÁ
EN TINIEBLAS».