Por Luis Alejandro Rizzi.-

Hay dos tipos de solemnidad. Una de ellas tiene que ver con la “pompa” como vanidad o arrogancia, y otra, con el concepto de autoridad.

El discurso de Milei por cadena nacional tuvo más que ver con lo primero que con lo segundo.

Habló de modo impostado, en un escenario teatral, creando un marco más próximo al cinismo y la hipocresía.

El tema fue las Islas Malvinas, pero su discurso, cuidadosamente elaborado por amanuenses profesionales, no pudo evitar la existencia de una trama de intereses, negocios y subordinación con la apariencia de fines nobles, hacia Donald Trump y proveedores ya desganados, en nombre de un concepto bananero de la soberanía.

Quedó claro que hubo en su discurso un objetivo de política partidaria egoísta, ya que la fidelidad a una buena causa convoca por su espontaneidad y por la sinceridad de la palabra, cualidades que anoche estuvieron ausentes.

La solemnidad, en esos casos, brota naturalmente y genera un espíritu de solidaridad y amistad política que supera las diferencias en un clima de sana unidad.

Sería la expresión de un liderazgo genuino que se justifica por sí mismo.

Anoche Milei exhibió un poder que no tiene y un prestigio autoimpuesto, y hoy permanece en el gobierno merced al rescate del “tío” Bessent el 9 de octubre pasado.

Milei se respalda en Trump, su único sostén, al que confunde con el mundo Occidental, cuya expresión más auténtica sigue siendo Europa con su crisis cultural, no se puede negar, y cuyo desenlace ignoramos.

Milei habló en tiempo futuro cuando no puede con el tiempo presente, y hoy gobierna una sociedad en descenso económico. El piso del décimo decil del ingreso familiar está alrededor de los 4.300.000 pesos, y el costo de la canasta básica total está por arriba de 1.500.000 pesos.

Argentina es una sociedad de ricos pobres y de pobres indigentes.

Carecemos de personalidad para generar respeto, de seriedad para ser escuchados y de poder para que nuestras sanciones puedan generar temor.

Milei anche produjo otro 2 de abril, esta vez comercial; no es el camino.

La invocación a las “fuerzas del cielo” al finalizar su perorata, fue la confesión de su impotencia y pequeñez.

The last, sus formas groseras y chabacanas, lo digo sólo con respeto institucional, no son los de la “buena gente”.

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