Por Luis Alejandro Rizzi.-
Parecería que el “menú electoral” se va limitando, como los de boliches o bodegones en decadencia, a elegir entre restos y sobras, que no es más que esta alternativa entre el miedo kuka y el miedo Milei.
En verdad, se trata de elegir entre dogmas en una sociedad agnóstica o políticamente atea.
Como lo dice Luciana Vázquez en el diario “La Nación”, uno de los dogmas “concibe al déficit, la emisión, la inflación, el control de capitales y de precios, el proteccionismo prebendario, las estatizaciones y la creación de impuestos como herramientas políticas y económicas viables”. El otro nos propone, como mandato divino, que el equilibrio fiscal, el superávit, el control monetario con criterio aritmético y la reducción del estado a un mínimo, son fines en sí mismos.
Estos dos menús son tóxicos, y la prueba contundente la mostró Carlos Pagni en “Odisea”: Argentina es el único país en el que crece la pobreza, medida por ingresos y por calidad de empleo. La distribución del ingreso, según el INDEC, está apenas por debajo del 0,5%, que esconde que sólo un 5% de la sociedad se puede calificar como “clase alta”-abc1-, con un piso de ingresos de sólo cinco mil dólares de un peso artificialmente apreciado.
Con los vicios del dogma perokirchnerista, la sociedad vivía quizás mejor, no había descenso social manifiesto.
Hay una cuestión que no es materia de estudio, y es que la Argentina no puede apuntar a un sistema capitalista porque no tenemos mercado, y fracasan los intentos socialistas porque se carece de plan; el socialismo se limita al cultivo del resentimiento, que Milei llevó a su máxima expresión.
La falta de mercado no quiere decir que no lo haya, sino que es tan pequeño, que obstruye la productividad.
Esto explica que nuestra economía sea cara y que haya mínima inversión, porque es imposible su recuperación. Asimismo, es imposible competir con bienes y servicios importados transables por la diferente escala de producción y prestación.
Eso explica el proteccionismo, y hasta el “prebendarismo” y el desorden de los precios relativos.
Los sucesivos gobiernos militares y civiles carecieron de nivel cultural para comprender “nuestro caso” y, en definitiva, mantuvieron subsidiados los precios de servicios públicos y de la energía.
Macri intentó salir de ese círculo vicioso, pero le faltó “plan”; recordemos que empezó contrayendo deuda para pagar gastos corrientes y esa deuda lo quebró en el plazo mediato, luego de las elecciones de medio término que ganó, que en verdad ganó por lo que no hizo. Paradoja digna de Chesterton.
La imposibilidad de romper nuestro “virtuoso círculo vicioso”, trajo de regreso al “perokirchnerismo”, que se encontró con la pandemia, que administró como pudo, pero especulando con esa suerte de entretiempo que nos paralizó a todos. Y sirvió para poner en evidencia la corrupción “K” que ya superaba a la prebenda.
Lo que separa a la prebenda de la corrupción es que la primera sería sólo un delito moral; la otra es penal.
Milei vino con plan, pero sin nivel cultural, y confundió medios con fines; ni es virtuoso el superávit que dice obtener, que sólo es de caja, ni una mayor prolijidad en la contabilidad del gobierno.
Sin embargo, su perversión es ilimitada y acredita una dosis de sadismo en su actuación, que lo coloca en el límite de la salud mental.
Es una suerte de político de Siruela, tiene plan, pero no tiene escuela -cultura-, y sin una dirigencia culta no tenemos oportunidad posible.
En nombre del liberalismo se fusiló, se mató de modo clandestino y ahora llegamos al extremo de que Milei incita al odio, ya no sólo a sus militantes, sino a la niñez y a la adolescencia, en sus propias aulas, a las que convierte en cloacas de sus propios excrementos. Coprología ilustrada.
Lo grave es que el miedo a los “kuka” es ofensivo, y es movilizado desde el Poder Ejecutivo para acreditar su propia vacuidad.
En ese sentido, el miedo Milei es más racional, porque incita más bien a la prevención y a la precaución; el kukismo es defensivo, para muchos un trozo de madera en el medio de un picado océano.
Es la época de la artesanía política en un mundo sin artesanos.
Lo último y no menos importante, la declaración de Trump sobre Malvinas no fue para nosotros, fue para la OTAN, Europa y el Reino Unido, no fue para Milei.
Y si Trump cambiara de opinión, sería para que nos quedemos un porcentaje de las regalías, las penas de “el arriero”, las vaquitas -el petróleo-, son ajenas.
Trump no piensa en la soberanía, sólo le interesa el negocio.
02/09/2026 a las 9:03 AM
Tal cual, don Luis.
Son dos miedos que tenemos que superar. Los dos son horribles, ya lo vivimos con los Kirchner y ahora con Milei.
Pero cuidado, va a aparecer alguien que rompa esa polarización.
No ahora por supuesto, falta mucho y se puede quemar. Pero «el nuevo» está y se está preparando.