Por Carlos Tórtora.-

La ya clásica interna libertaria entre Santiago Caputo y Karina Milei está pasando a ser una cuestión menor ante la verdadera interna mayor que se libra entre Karina y Luis Caputo. Las circunstancias hacen que hoy ambos estén remando contra la corriente.

El ministro carga con la mochila de haber anunciado en abril pasado que venían 18 meses «maravillosos» pero en cambio la inflación sigue alta, el consumo se retrae más y el endeudamiento pasó a primer plano.

Pero la creciente convicción de que Javier Milei no será reelecto le agrega un serio obstáculo más al plan económico: los mercados navegan en la incertidumbre y empiezan a inclinarse por no tomar decisiones importantes hasta después de que las urnas hablen en el 2027.

A Karina, en tanto, no le va mejor. La caída, tal vez irreversible, de la imagen de su hermano, reduce significativamente su poder político. Y sobre todo hace que le sean esquivos los gobernadores, senadores y diputados, que no le encuentran sentido a subirse al carro de un gobierno que se hunde.

El segundo factor determinante de la crisis de Karina es su impericia política, que le impide articular un sistema de alianzas, porque ella pretende la subordinación total de sus aliados.

Fuego cruzado

Ahora los cruces entre estos dos personajes se van multiplicando. Karina acusa a Caputo de poner en riesgo la reelección de Milei y la réplica a esto es la siguiente: el gobierno se muestra paralizado y dedicado a las internas, lo que afecta seriamente el funcionamiento de la economía. Es probable que, en definitiva, ambos tengan razón.

Está claro que Caputo y Karina se necesitan y que no pueden prescindir uno del otro.

El ministro no es, en definitiva, un adversario político del karinismo, pero de ningún modo aceptaría terminar siendo el chivo expiatorio del gabinete.

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