Por Italo Pallotti.-
En esta Argentina nuestra, cada día que pasa se renuevan los interrogantes. Porque el tiempo de las soluciones parece alejarse cotidianamente. Hay en la ciudadanía una sensación que lo extraño, contrario a lo esperado, y sobre todo ansiado durante mucho tiempo, se ha transformado en una herida cuya cura está lejos de llegar. Los motivos que llevan a ese pensamiento tiene que ver con las ilusiones perdidas. Éstas, fruto de la insensatez de políticas erráticas; incapaces, luego de décadas, mostrar el perfil de un rumbo que fuera seguido con entusiasmo, credibilidad y confianza por la mayoría de la población. Sectores fundamentales para la vida del país, como la niñez y los pasos posteriores, la adolescencia y juventud, serán víctimas, por su estado de pobreza e indigencia, de una marginalidad que es muy difícil imaginar. Los adultos del futuro, en cada una de las áreas que pretendan incursionar, verán sus posibilidades menguadas porque la base de preparación es tan mediocre, que de antemano cierra toda posibilidad de desarrollo.
Es una obviedad decir que el tema expresado redundará de lleno en los sectores productivos de la nación. Las largas filas que se observan a diario, frente al aviso de cualquier trabajo, están reflejando desde el vamos la carencia en las posibilidades de acceder, sobre todo, a la primera opción laboral. La falta de carencia alimenticia en los primeros años de vida, por cantidad y calidad de lo que se consume, producto de la precariedad salarial y la calidad de tareas de sus mayores evidencian un estado de calamidad que se ha ido extendiendo peligrosamente. Súmese a ello que los jóvenes, superado el paso por la niñez en condiciones paupérrimas, sin la suficiente guía familiar (ya de origen similar) y con el acceso a una educación escolar orientadora y suficiente por falta de preparación y recursos (sobre todo en el sector público) buscan alternativas desestabilizadoras de sus conductas, como la droga o el delito. Bajo esos parámetros, deficiente desarrollo integral de la persona, el aporte a la productividad del país se reciente de modo preocupante. Un tema crucial que se suma a lo expuesto es el de la ancianidad. Millones de jubilados que se enmarcan dentro de la línea de pobreza, después de haber trabajado toda la vida, llegan a tener que optar entre la comida y los medicamentos o situaciones de emergencia qué, es una constante, a ninguno le falta. La niñez y la vejez han quedado, por mucho tiempo, fuera del radar en los compromisos de los gobiernos con el pueblo.
Mientras esto ocurre, la política rumbea en sentidos opuestos para, siquiera al menos, tratar de minimizar los efectos de lo expresado más arriba. Los factores ideológicos, las luchas de facciones, los intereses de grupos, la violación de normas generales que hacen al buen vivir; un estado de corrupción ya endémico que persiste a los cambios de gobierno (ya añejos), la poca calidad de asesores y punteros (remítase al caso de Córdoba –Legislador Flores- Asesor Villarreal), la cantidad y capacidad de éstos, como la carencia de políticas acordes a las necesidades populares todo conforma un explosivo cóctel, cuya vigencia se prolonga demasiado. Por su lado, la Justicia, mira de costado y juega con los tiempos. Muy llamativos.
No obstante ello, cada cual prepara su libreto. Parece no importar demasiado el sufrimiento popular. Los que están preparan, al parecer, recitales para el festejo de la baja en la inflación. Discutible por donde se la mire. Los del frente alistan sus espadas para sus acostumbrados paros, o lo que es peor, “movilizaciones populares.” El resto aguarda en una rara mezcla de penosa vigilia, junto a un inusual síntoma de paciencia y complicidad, al preguntarse, como se indica en el título: ¿“Cuánto tiempo”?
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