Por Luis Alejandro Rizzi.-

El rechazo a las posibles candidaturas para las elecciones presidenciales 2027 oscilan entre el 50 y 55 por ciento y la del oficialismo mileísta supera ya el 60%.

Si esos datos los llevamos al “excel” electoral, ninguno podría ganar. Recuerdo que una vez, hablando irónicamente con un político, pensaba que para participar en elecciones presidenciales debería haber un piso, y sólo podrían participar en la elección decisiva los que superaran ese piso.

-¿Y si nadie lo superara?, pregunté.

-Habría que empezar de nuevo.

Años después, luego de la reforma constitucional del 94, le pregunté sobre “el ballotage”.

Su respuesta fue rápida y seca y a modo de pregunta.

-¿Vos creés que una elección entre dos tipos que tuvieron menos del 25% puede ser significativa?

Se refería a la elección del 2003, en la que los dos primeros tuvieron 24 y 22 por ciento de los votos.

Esto significaría que el voto ya no justificaría una legitimidad de origen

El período de gobierno 2027-2031 va a ser muy complicado, porque habrá que aplicar la dosis justa de “heterodoxia” para no volver al pasado, y a la vez generar esperanza en el futuro.

Habrá condiciones sociales complicadas. Ya las hay y se agravarán, y será necesario renegociar el pago de deuda, para disponer de recursos para inversión de capital; probablemente habrá que administrar con un déficit fiscal tolerable de no más del 3 o 4% del PBI; se deberá mejorar la calidad de los servicios públicos, en especial transporte, salud y educación y además garantizar su acceso.

Ninguno de los candidatos en circulación da con el perfil; su pasado los descalifica, incluido Javier Milei.

Entonces empiezan a aparecer “outsiders”, “forasteros” de la política, que se asemejan a lo que son los curanderos a la medicina, con capacidades milagrosas, que se presentan como “avatares” dotados de infalibilidad.

Así circulan, por ahora, Daniel Hadad (¿un Levingston democrático?), Jorge Brito, un tal Gebel y algún otro, con más atributos que el mejor algoritmo.

En los nombres de los “forasteros” se notan habilidades para administrar negocios y dinero, pero ninguno de ellos posee atributos culturales que los diferencien de los candidatos tradicionales; carecen de equipos y son incapaces de describir las cuestiones que deberán enfrentar y resolver.

Creen que ganar elecciones es un tema de “redes”, pero hoy las redes, también están más “avivadas” y exigentes.

Hoy los votos son como las bayonetas, sirven para ganar, pero no para cosechar legitimidad de ejercicio, dicho de otro modo, no sirven para sentarse sobre ellos.

Hay gobernadores que parecen tener mejores cualidades, uno de ellos, de provincia cordillerana, ya tiene oficinas y financiamiento.

Sin embargo, podría ser un guiño para otros de territorios más poblados.

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