Por Carlos Tórtora.-

La desastrosa gira de Javier Milei por los EEUU quedó bien sintetizada en el revelador reportaje que le hizo el jefe de economía de Bloomberg, John Micklethwait. El presidente quedó expuesto como alguien que navega en la irrealidad, ajeno a las señales de alarma que le da la economía.

La semana negra cerró con la baja que JP Morgan le asignó a la economía argentina, previendo un descenso del PBI del 2,7 al 1,5.

Los mercados respondieron a este autismo con la suba del riesgo país y la caída de los bonos en dólares. Pero lo peor son las expectativas negativas por la amenaza recesiva. En el corto plazo, cabe esperar que se produzca una sinergia entre el agravamiento de los indicadores económicos y el deterioro de la situación política. Esta se mantuvo estable en los últimos meses pero ahora, empujada por las elecciones en Brasil, Israel y EEUU, así como por la visita del Papa, desarrollaría una crisis que repercutirá en los mercados.

Milei viaja mañana para participar de la semana argentina en Francia llevando doce gobernadores, con la esperanza de que al menos algunos de ellos cedan y hagan que sus legisladores voten la suspensión de las PASO y entonces el PJ entre en crisis al no poder dirimir su lucha interna en una primaria.

Pero las especulaciones oficiales navegan una vez más en la irrealidad. El plazo límite para sancionar la reforma electoral es diciembre, porque existe un consenso político y una advertencia de la Cámara Nacional Electoral, acerca de que no deben hacerse reformas al sistema durante el año electoral. O sea que, si el oficialismo intenta seguir tratando el tema en extraordinarias, la mayor parte de las bancadas lo rechazarían.

Quedan entonces dos meses. En este plazo, la reforma debería aprobarse en las comisiones del Senado y luego votarse en el recinto. Ya con la media sanción, el proyecto pasaría a las comisiones de Diputados para luego tratarse en el recinto.

Pero la Cámara baja seguramente modificaría el proyecto votado en el Senado, así que éste debería volver a la Cámara de origen. Luego quedaría la promulgación y la publicación para que la reforma quede vigente. Semejante proceso es imposible de ejecutar en ocho semanas, así que el gobierno marcha a una gran derrota política que tendría consecuencias graves e inmediatas.

El efecto cascada

La derrota del oficialismo en su intento de eliminar las PASO coincidiría en noviembre con la necesidad de la mayor parte de los gobernadores de definir sus horizontes electorales. Osvaldo Jaldo ya lo hizo en Tucumán y anunció que la elección provincial sería el 9 de mayo. Ahora serían en total 18 mandatarios que desdoblarían los comicios. El consenso entre todos ellos es obvio.

Casi nadie, excepto Rogelio Frigerio en Entre Ríos, aceptaría unificar la elección local con la nacional de octubre para sufrir la pérdida de votos que conllevaría para los gobernadores apoyar la reelección de Milei. Casi todos optarán entonces por despegarse y desdoblar. Y entonces el panorama sería el siguiente: una vez ganadas las gobernaciones entre abril y junio, los gobernadores definirían si para octubre se alían con LLA, se suman a Axel Kicillof o se integran al nuevo Juntos por el Cambio que se  formaría.

Para la Casa Rosada, esta realidad sería un grave problema. Ante la catarata de desdoblamientos, los Milei deberán decidir si LLA presentará o no candidatos a gobernadores. Si lo hace y pierde en la mayor parte de las provincias, el gobierno habría cavado su propia fosa para octubre. Y si no presenta candidatos propios dejaría en evidencia que el armado libertario en el interior es un castillo de naipes.

La secuencia integrada por el fracaso de la reforma electoral, el desdoblamiento masivo y la escasa presencia de LLA en los comicios locales precipitará a su vez que tanto el PRO como la UCR se alejen del oficialismo para formar un nuevo Juntos por el Cambio que le abriría las puertas a Patricia Bullrich para que dé el salto que ya está preparando a diario.

Si la economía no revierte significativamente sus indicadores negativos, Milei tendría muy pocas alternativas para frenar el proceso político descripto. Todo indica que a fin de año el presidente estará abajo de 30 puntos en las encuestas. Y esto sería luz roja para la reelección. Entretanto, no hay que descartar que el mercado, ante el vaciamiento del oficialismo, inicie una corrida cambiaria que sirva de punto final.

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