Por Claudio Valdez.-

En vísperas del arribo del Papa León XIV a la Argentina y atendiendo a su vocación misionera y esfuerzos por visitar territorios extensos y dispares como lo son Europa, África, Turquía y Líbano, llevando su mensaje católico desde uno a otro confín exhortando por la paz, el bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, explicada en su encíclica “Magnifica Humanitas”, donde resalta la dignidad humana frente a los desafíos de la inteligencia artificial y lo exhiben como un pontífice espiritual pero con superadora preocupación por la realidad mundial contemporánea, obligan a reconocerle su empeño.

La sola incursión en el voto para las “elecciones de medio término en Estados Unidos de América” lo develan como un hombre ocupado también por las decisiones terrenales, aunque el evangelio pregone que Jesús contestó: “Mi reino no es de este mundo”.

Una canción católica, desde el siglo pasado, implora: “Cristo Jesús, en ti la patria espera, gloria con intenso ardor./ Guíala tú, bendice su bandera, dando a su faz magnifico esplendor./ Salve, divino foco de amor./ Salva al pueblo argentino, escucha su clamor./ Salva al pueblo argentino, sagrado Corazón.” Fue invocación de nuestros mayores en misas y actos confesionales.

Ahora, el heredero “del pescador” espiritual de hombres se dirige a nuestras tierras en Suramérica para acercarnos con su presencia, luego de una importante intervención quirúrgica en su pulmón, la palabra revelada como “buena nueva”. Los creyentes y hasta los “hombres de poca fe” perciben en ese esfuerzo y atención del Papa León XIV que también en su ministerio espiritual nos acompañará evocando aquel Himno del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires en el año 1934: “Dios de los corazones/ Sublime redentor./ Domina las naciones/ Y enséñales tu amor.” (“Coro” del himno). Su Santidad y muchos sabemos, que aún en el Siglo XXI, el “Coliseo del mundo” no ha superado las fieras.

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