Por Luis Alejandro Rizzi.-|
Las encuestas, que circulan en abundancia, tienen una coincidencia general: entre un 58% y un 65% de la población rechaza al gobierno, mientras que el apoyo oscila alrededor del 40%, porcentaje que coincide con el índice de confianza que mide la Universidad Di Tella.
Es posible que dentro de ese 65% de rechazo, un 35% a 40% corresponda al peronismo en sus variopintas fracciones, y el resto al «no peronismo».
A su vez, el 40% oficialista se compone del mileísmo y del antiperonismo duro.
Hay otra cuestión, todos los posibles candidatos que circulan tienen un rechazo que parte del 50 y pico por ciento y llega en algunos casos al 70%. Hay alguna excepción.
Esto significa que los candidatos deberán pensar sus campañas en función de si apuntan a la primera vuelta o al balotaje. Será difícil lograr un 40% con una diferencia de 10 puntos con relación al segundo más votado (art. 98 de la Constitución Nacional). Esa es la apuesta de La Libertad Avanza (LLA), cuyo éxito dependerá del nivel de dispersión de la oposición.
La oposición —refiriéndome a ese 58/65 por ciento— estaría conformada por tercios: el «no peronismo», el centro político y un peronismo que busca su propia identidad.
El oficialismo en el balotaje conservaría sus votos de la primera vuelta, pero podría sumar los del «no peronismo» y los del centro. Esto dependerá de la figura del candidato opositor, ya que la dispersión podría favorecer tanto a Myriam Bregman como a Sergio Massa o a cualquier otro.
Dicho de otro modo, en un escenario de balotaje, un buen candidato podría ser Mauricio Macri o alguna otra figura que atraiga o encolumne a la oposición; Hernán Lacunza ofrece un buen perfil, pero no sería un buen candidato para una primera vuelta si la oposición debiera elegir entre diferentes opciones.
Me atrevo a decir que tanto Milei como Massa tienen un piso de 35 puntos, pero que a la vez ese puede ser su techo.
La estrategia opositora debe apuntar a que en la primera vuelta el oficialismo no alcance el 40% o los 10 puntos de diferencia. En este escenario, las PASO serían una molestia para todos. Es dable pensar que a más de uno le convendría jugar en un terreno de dispersión, pero allí entraría a tallar la suerte —que es «grela»— y podría dejar pagando a más de uno.
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