Por Carlos Tórtora.-

La semana que pasó tuvo varios hechos relevantes. Para empezar, el país ingresó técnicamente en recesión. Segundo, el proceso de progresiva confrontación de Patricia Bullrich con los Milei sufrió una brusca aceleración que lo hace irreversible. Tercero, aparecieron las primeras encuestas que insinúan una nueva caída de la imagen positiva de Javier Mílei y Pulso Research le asigna menos del 30% de apoyo.

Pero el hecho más significativo es que la economía y la política están paralizadas a la espera del resultado de las elecciones legislativas de mañana en los EEUU.

Y concretamente, las expectativas giran en torno a la elección de senadores, porque en la Cámara de Representantes el predominio demócrata es indiscutible. Para alcanzar el control del Senado, los demócratas deben conquistar cuatro bancas más.

Por lo tanto, la batalla electoral se concentra en Carolina del Norte, Iowa, Kansas, Maine, Alaska, Michigan, Ohio y Texas.

Las ecuaciones de poder en los EEUU suelen ser bastante previsibles. Si los republicanos pierden el control del Senado, la capacidad de Donald Trump para conducir la política exterior se reduciría sensiblemente, al tiempo que se precipitaría la iniciación de un juicio político. Como principal operador en América Latina de la administración Trump, Javier Milei sufriría las consecuencias. El apoyo financiero y político de Washington podría entrar en crisis y esto achicaría demasiado las ya bajas probabilidades de reelección.

Señales inquietantes

Trump viene insistiendo permanentemente en que no perdió las elecciones presidenciales del 2020 y que le hicieron fraude. Llamó la atención, por otra parte, que su gobierno no sólo haya autorizado la radicación de Flavio Bolsonaro en Miami y que el mismo Trump haya instalado un clima de sospechas al decir que la elección brasileña «fue muy extraña».

Sobre las elecciones de mañana, Trump dijo que las respetaría «si son honestas».

Ademas, la semana pasada, el mandatario, a través de su red social Truth, ofreció USD 1 millón a los que denuncien fraudes electorales.

Concretamente, crece la sospecha de que Trump está preparando el terreno para denunciar la existencia de fraude en la elección de mañana. La CNN es el medio que mejor viene recopilando las señales que indican la existencia de un plan para denunciar. En este sentido, una serie de funcionarios vienen ocupándose del tema.

Markwayne Mullin, el Secretario de Seguridad Nacional (DHS), es el centro de la agenda electoral de Trump buscando votantes que no son ciudadanos, investigando el fraude electoral, planteando dudas sobre la seguridad de las máquinas de votación y presionando a los estados para que adopten reformas electorales trumpistas.

En julio pasado, Mullin afirmó que el DHS había identificado más de 250.000 personas no ciudadanas registradas para votar en California, New Jersey, Pennsylvania y Nevada.

Muchas de estas denuncias fueron seriamente cuestionadas. Mullin también viene apoyando los dichos de Trump sobre la supuesta vulnerabilidad de las máquinas de votación.

Muchas de las denuncias de Mullin ya están en la justicia y el DHS anunció que sus agentes supervisarán mañana las elecciones en busca del fraude electoral.

La Secretaria de Justicia Adjunta Harmeet Dihllon es otra pieza importante en la estrategia de Trump. Ella supervisa el cumplimiento de las leyes sobre derecho de voto y fue una de las que llevaron adelante las denuncias de fraude de Trump en el 2020.

Dihllon acusó reiteradamente a funcionarios locales de estar implicados en fraudes electorales y ha prometido perseguir judicialmente cualquier violación. «Hemos encontrado cientos de miles de personas fallecidas y decenas de miles de no ciudadanos en los padrones electorales, lo que se está investigando», dijo en julio pasado.

Para mañana, Dihllon anunció la realización de la mayor campaña de observación electoral de la historia del Departamento de Justicia. Habrá más de 1000 observadores federales en centros de votación de los 50 estados.

El Departamento de Justicia está amenazando con procesar a funcionarios electorales del estado de California por la presencia de votantes no ciudadanos.

En Alaska el conflicto escaló. El Departamento de Justicia presentó una demanda federal preventiva para impedir que el estado certifique los resultados si el senador republicano Dan Sullivan pierde ante la candidata demócrata Mary Peltola. Dice la demanda que la campaña de otro candidato llamado también Dan Sullivan, fue organizada para quitarle votos al republicano.

El Director del FBI, Kash Patel, es otra de las columnas de la estrategia de Trump. Patel inició distintas acciones e investigaciones -una de ellas contra California- para demostrar que hubo fraude en las elecciones del 2020, sin conseguir mayores resultados.

Funcionarios electorales y operadores demócratas temen que mañana el FBI envíe agentes a los centros de votación, en lo que podría ser una táctica de intimidación.

El otro operador de Trump en la preparación de la denuncia de fraude que prepara Trump es John Solomon, presidente del Grupo de Trabajo sobre Transparencia de la Casa Blanca.

Solomon se ocupa de desclasificar y publicar documentación relativa al fraude. Denunció, por ejemplo, la supuesta injerencia de China en las elecciones del 2020.

En síntesis, la nueva denuncia de fraude que podría realizar Trump gira sobre tres ejes: que los demócratas harían trampa, que puede haber injerencia extranjera en la votación y que las máquinas de votación no son confiables.

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