Por Luis Alejandro Rizzi
“Vivimos una época de tres grandes batallas: entre democracia y dictadura, entre ciudadanos y plutócratas, y entre alianzas globales y aislamiento depredador”. ¿Se están perdiendo las tres?”
Chrystia Freeland es autora del libro “Un novio poco fiable: cómo lidiar con una superpotencia caótica, los plutócratas y otras personas complicadas” (sólo disponible en inglés). Donald Trump, le dedicó todo tipo de insultos: “Mala mujer”, “totalmente tóxica” y “persona terrible”, entre otras lindezas.
Más allá de la trayectoria periodística, política y académica de la Sra. Chrystia Freeland, me parece interesante el escenario de las tres batallas que plantea.
La más sensible es la primera, entre democracia y dictadura, que se da paradojalmente en los sistemas “republicanos democráticos” como lo es Estados Unidos, que soporta a un presidente como Donald Trump, que ejerce su poder de modo discrecional, arbitrario y con perfil de dictador, que no sólo desconoció el resultado de la elección que perdió para el lapso 2020-2024, en noviembre de 2019, sino que recurrió a acciones directas que le generaron procesamientos judiciales.
Acaba de declarar que sólo reconocerá el resultado de las elecciones del próximo martes 3 “si el proceso electoral es honesto” (sic), es decir, si gana el Partido Republicano.
Jair Bolsonaro en 2022 desconoció el triunfo de Lula y fue procesado y condenado; hoy cumple una sentencia de 27 años de prisión, en modo domiciliario por su estado de salud.
Su hijo Flavio, luego de perder la elección del domingo pasado -25 de octubre- se fugó a EEUU contando con la complicidad y participación del gobierno del tal Milei.
Flavio Bolsonaro, como consecuencia de un proceso penal por la presunta comisión de delitos, tenía prohibida la salida de Brasil. También cuestionó los resultados.
La diferencia de 4 millones de votos por la que ha perdido despeja cualquier duda de posibles fraudes de la elección y del proceso de votación.
El mismo Milei ejerce un gobierno “cuasi de facto” recurriendo al dictado indiscriminado de DNU, sin respetar el procedimiento establecido en la Constitución para su sanción, contando con la complicidad de la Corte, que no examina las razones de “excepcionalidades” invocadas en cada DNU, y la pasividad del Congreso para su consideración.
El “NYAYA” del hinduismo no funciona en la institucionalidad argentina, que como país se asemeja a una franquicia personal de Donald Trump.
La otra batalla es entre ciudadanos y plutócratas, que se genera porque la plutocracia avanza más rápido que la baja de la pobreza, la que contrariamente, parece incrementarse.
La nueva ola de protestas sociales en países de Europa pone en evidencia esta diferencia social que afecta la dignidad de cada persona.
El gobierno del tal Milei está generando y fortaleciendo una burguesía local con apellidos emblemáticos, como el de un ex ministro del interior, uno de los “nuevos dueños del país”, y de un apellido armenio que logró que en 2026 le prorroguen hasta 2056 una concesión que vencía en 2038. Un milagro del derecho administrativo.
Además, como si el “presente de la prórroga” fuera escaso, le valida una TUA de u$s 59.00 para vuelos internacionales que superan los mil kilómetros, que incide en más del 10% en el precio neto del billete aéreo.
Si el costo de cabotaje de la TUA es de u$s 9.00, ¿cómo se explica la diferencia con el internacional, cuando “el trabajo del aeropuerto” es el mismo?
Parece más bien un impuesto a los viajes internacionales de largo recorrido, que vulneraría, como tal, el derecho para salir del país.
El gobierno del tal Milei es “plutocrático”.
La última batalla es la de la ruptura del multilateralismo para volver el aislamiento.
En los hechos, Trump propone franquicias políticas; él es el franquiciante y los demás, como Milei, franquiciados.
Esa relación impone dependencia legal del franquiciado, que en el caso argentino nos llevó ser partícipes, o cómplices, de la fuga del Flavio Bolsonaro.
Parecería que Florida es la cueva de los “exiliados plutocráticos”.
Como decía Rolando Hanglin, “lástima uno”.
Deja una respuesta