Por Carlos Tórtora.-

Las elecciones israelíes de ayer parecieron integrarse a la ola progresista que viene creciendo mundialmente en los últimos 60 días. Esto es, el estallido social que empezó en Francia y ya se extendió a media Europa, el triunfo de Lula en Brasil, el inminente triunfo de los demócratas en las elecciones del próximo martes en los EEUU y hasta el éxito electoral de un nuevo partido de estudiantes en Serbia.

El líder de la coalición opositora a Benjamín Netanyahu, Gadi Eisenkot, se apuró anoche a dar un discurso triunfalista en el que expuso la clave de lo que viene. Eisenkot aseguró que la oposición podrá formar gobierno gracias al apoyo de la mayoría de los diputados de partidos árabes -entre 17 y 19-, que permitirían alcanzar el requisito de los 61 escaños. Que los legisladores árabes puedan ser los que inclinen la balanza del poder muestra hasta qué punto la sociedad judía está en un proceso de cambio y que la era de Netanyahu toca a su fin. El hecho de que éste llegue a 24 o 25 diputados no esconde la realidad de que llegar a 61 se le hace casi imposible.

Aunque la batalla no está definida del todo, el tablero se inclina a favor de la oposición y todo el know how de Netanyahu no le alcanzaría para volcar las negociaciones a su favor.

Lo que en el sistema judío importa, en definitiva, es qué alianza está mejor posicionada para alcanzar los 61 escaños. Y en esta cuenta, Netanyahu aparece como probable perdedor.

Así es que Javier Milei se habría embarcado una vez más en una apuesta perdedora al apoyar incondicionalmente a Netanyahu. Se trataría entonces nada menos que del tercer fracaso internacional en apenas una semana. Todo empezó el pasado 20, cuando el presidente desembarcó en Madrid para insultar a Pedro Sánchez y su gobierno. Lo grosero de su discurso fue un búmeran que terminó dándole votos al socialismo y haciendo que los amigos de Milei de Vox y el PP lo eludieran o directamente lo repudiaran.

Lo ocurrido a renglón seguido en Brasil fue todavía de mayor envergadura. Lula vio el negocio político y se dedicó a decir que Flavio Bolsonaro iba a aplicar la motosierra de Milei, posibilidad que directamente asustó a millones de brasileños. Nunca un presidente argentino alcanzó semejante protagonismo -ni tan negativo- en una elección en Brasil.

En picada

De este modo, Milei está llegando a las legislativas de los EEUU en condiciones deplorables y con su protagonismo internacional casi destruido.

Si se confirman la casi totalidad de los pronósticos y Donald Trump pierde la mayoría en la Cámara de Representantes o directamente en las dos cámaras, habría surgido una nueva ecuación de poder: transformado en un pato rengo, Trump tendría cada vez menos oxígeno para auxiliar a Milei, sobre todo financieramente.

Esta secuencia de derrotas internacionales sólo podría resistirlas un gobierno exitoso en la economía. En la Argentina, lo más probable es que la competitividad electoral de Milei se desmorone en los próximos 60 días. De ser así, el Círculo Rojo estaría obligado a impulsar que Milei renuncie a ser candidato para evitarse un final como el de la reciente huida de Flavio Bolsonaro a los EEUU. Entonces la candidatura de Patricia Bullrich sería inevitable, a menos que Martín Menem le dé batalla en una PASO, representando al mileísmo ortodoxo.

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