Por Carlos Tórtora.-
El miércoles próximo -salvo que haya una cancelación de último momento- Javier Milei hará el más difícil de sus muchos viajes internacionales. Asistirá en Madrid a la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. El presidente no tendrá que toparse en ningún pasillo con Luiz Ignacio Lula da Silva, porque éste no asistirá, estando representado por su canciller Mauro Vieira.
El nuevo viaje es especialmente difícil para Milei por varios motivos. Para empezar, viajará horas más tarde de conocerse los resultados de las elecciones presidenciales en los EEUU, en las cuales la casi totalidad de los pronósticos le auguran una severa derrota a Donald Trump que afectaría sensiblemente el posicionamiento del gobierno argentino, el más ligado a la administración republicana.
En segundo lugar, Milei no tendría en Madrid ningún punto de apoyo para lanzar su habitual tanda de insultos y descalificaciones contra Pedro Sánchez y el PSOE. En plena campaña electoral para las elecciones del 29 de noviembre, tanto el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, como el titular de Vox, Santiago Abascal, no sólo evitaron a Milei en su reciente paso por Madrid sino que lo criticaron. La derecha percibió así claramente que el repudio de la opinión pública a Milei sólo sirve para hacerle ganar votos a Sánchez. Algo muy parecido ocurrió en las elecciones brasileñas: con ironía, Lula terminó agradeciéndole a Milei que lo haya atacado y pedido el voto para Flavio Bolsonaro.
Una opción complicada
El sentido común indicaría que, en este contexto, a Milei no le quedaría otra salida que bajar el perfil y tratar de pasar desapercibido, para minimizar así los costos que tendría su pésimo posicionamiento actual.
Pero con Milei nunca se sabe. Desesperado por la casi extinción de su rol de vocero internacional de la derecha, podría intentar recuperar oxígeno político protagonizando un nuevo escándalo.
Por lo pronto, el mantenimiento de una postura rígida contra Lula sugiere que la Casa Rosada va a montar un operativo -sustentado por Trump- para intentar contrabalancear el despliegue del eje Brasil-México en la región. Después de todo, Milei es prácticamente el único presidente latinoamericano que se enfrenta al líder brasileño.
El problema es que la casi totalidad de los presidentes de la región -con excepción de Nayib Bukele- están predispuestos a acordar con Lula.
Como operador de un Trump convertido en pato rengo, Milei parece condenado a un destino solitario.
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