Por Paul Battistón.-
Desde Brasil han quedado las reglas definitivamente rotas (las que suponíamos inamovibles) y confirmadas las que se sospechaban como ciertas en las sombras.
El condenado a 13 años de prisión Lula da Silva ya tiene su diploma para su cuarto mandato (caso único en Brasil). Sus condenas anuladas por cuestiones técnicas de jurisdicción territorial lograron una muerte por prescripción y detrás de la misma se esconde una extraña figura, Alexandre de Moraes. Si la actuación del juez Sergio Moro había sido indicada como parcial por supuestas motivaciones políticas, las de Moraes lo superan ampliamente confirmando esa regla sospechada de la injerencia de un poder sobre otro supuestamente independientes entre sí.
Lo de Moraes está yendo más allá de una parcialidad. Moraes se demuestra más poderoso que el propio poder al que pertenece con actuaciones, tiempos (o destiempos) y decisiones desde una posición de dominio tanto sobre el poder político como su propia área de justicia.
La sospechada regla de la existencia de una injerencia del poder político sobre el judicial en beneficio propio pasó a convertirse en una simbiosis cuyo recorrido final estaría llegando a una inversión de sentido.
La ideologización de Eugenio Zaffaroni sumadas a las apetencias de Ricardo Lorenzetti no alcanzarían para equiparar a las de su par brasileño, de Moraes.
¿La finalidad de sus tiempos temerarios fue la de provocar la huida de Flavio Bolsonaro en beneficio de Lula o simplemente fue una ostentación de su nivel superior de poderes?
La evaluación de las consecuencias de la huida de Bolsonaro son encontradas, hay quienes suponen que la misma es una ventaja para Lula mientras que otros opinan de un riesgo por la posibilidad del armado de una resistencia dura desde el exterior. Las elecciones de medio término en EEUU es un elemento que seguro influirá en cuál de las dos posibilidades anteriores respecto a la huida de Bolsonaro toma peso.
La repentina baja de intensidad de Bolsonaro tras haberse declarado presidente electo desde suelo norteamericano es un indicio de un pedido de silencio. Solo basta tener en cuenta que Trump ha comenzado a levantar cuestionamientos contra el sistema electoral anticipándose a un posible resultado adverso y lo hace apoyándose en su convicción de que su anterior derrota a manos de la dupla Biden-Harris se debió a un fraude.
La nada improvisada evasión de Flavio Bolsonaro por territorio argentino, expone la seriedad con que el nuevo bloque geopolítico del Escudo de las Américas ha sido planteado y clasifica a Lula como enemigo intra líneas al mismo tiempo que Trump manifiesta su buena relación con el mismo (como lo hace con Putin y hasta con Kim Jong-un).
Lula renace en su peor encrucijada, la octava economía con presagios de caer a un décimo lugar. Lula necesita ajustar los desajuste que dejó el mal gobierno anterior o sea el de Lula pero, que aun así fue festejado y premiado por la mitad del país bajo la cobertura de la inercia con que los daños se manifiestan. Una paradoja que quizás haga que se califique de malo a su cuarto gobierno aun cuando intentase llevar adelante las correcciones necesarias, lo que conduciría a otra posible paradoja ya que para realizar las correcciones necesarias advertidas por la oposición, necesitaría ahora el apoyo de esa misma oposición (recargada) que podría negárselas. Si el liberalismo se consolida como un movimiento reaccionario podría someterlo a las consecuencias de su propio rumbo pero eso dependería en gran medida de la influencia o apagado de la figura de Flavio Bolsonaro como perseguido.
Con un Lula reafirmando su rumbo (autodestruyéndose) podría hacerse notorio la visibilización de un enemigo común en la figura de “De Moraes” y sus aspiraciones de poder.
La geopolítica juega momentáneamente a favor de quien “le salvó la vida a Bolsonaro” (así de grandilocuente fue la señal de visto bueno) ¿Qué represalia podría tomar Lula contra Argentina? Seguramente ninguna de efectos más reales que el frenado de su propia economía. Ambos necesitan del comercio y Brasil del turismo desde Argentina (lo cual podría volverse un medio de presión)
¿Qué podría hacer Bolsonaro desde EEUU? Podría intentar hacer la gran Peron, si las condiciones le fueran las adecuadas. Todo apunta a que no, aunque nada puede descartarse. Hace apenas una semana solo esperábamos una elección y nada más que eso con dos rumbos diferenciados pero previsibles. Los actores tanto internos como externos que pueden provocar movimientos de consideración en este carnavalesco escenario son todos de actuaciones imprevisibles Trump, Milei, Flavio Bolsonaro (recién unido al club imprevisible), Alexandre de Moraes (la imprevisibilidad hecha actuación) y hasta Lula que las circunstancias lo llevan a adelantar medidas de su lógica pero a una corta distancia no prevista provocando asombro y sofocación temprana.
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