Por Carlos Tórtora.-
Ayer a la noche, Karina Milei, los Menem y un puñado de colaboradores afinaron el operativo político del oficialismo para sobrellevar la inevitable derrota electoral de Donald Trump en las elecciones de medio término.
Los números categorícos que convalidaron la mayoría demócrata en el Senado expresan también que Trump no sólo pierde la mayoría para sancionar leyes y, por ejemplo, fijar la política exterior. También pierde mucha gravitación para fijar agenda. Transformarse, como él dijo, en el Señor Veto, o sea, el que impide que se apliquen las leyes, sólo llevaría a la paralización del gobierno. Obligado y contra su estilo, Trump se encamina hacia un escenario de negociación con los demócratas. En este nuevo escenario, si se da, los que menos cabida tendrían serían los ultras como Milei.
Un cogobierno en los EEUU probablemente proyecte un sesgo de moderación en América Latina, que favorecería la recomposición de relaciones de Washington con el gobierno de Lula y desplazaría bastante a los Bolsonaro y los Milei.
La convulsión de los mercados golpeará a la Argentina durante varios días. En este sentido, la llegada a Buenos Aires de León XIV el próximo domingo sería un importante factor de distracción que ayudaría a entretener a la opinión pública de los efectos negativos para la Casa Rosada de la derrota de Trump.
El choque con la realidad se haría sentir entonces cuando se vaya del país León XIV. Aunque en el círculo áulico de Javier Milei hay de todo menos optimismo, existiría bastante expectativa de que el miedo al retorno del peronismo al poder sea lo suficientemente grande como para frenar -al menos parcialmente- la caída del presidente en las encuestas.
En este sentido, la evolución de la interna peronista entusiasmaría a los libertarios. Cristina Kirchner quedó golpeada por el no pronunciamiento sobre su reclamo por el Comité de Derechos Humanos de la ONU, que según sus abogados le iba a requerir a la Corte Suprema argentina que suspendiera provisionalmente la inhabilitación judicial que le impide presentarse como candidata. En este sentido, hubo cierta ingenuidad del cristinismo en suponer que la ONU se iba a involucrar en el proceso electoral argentino.
Como compensación, el triunfo de Lula da Silva le dio a la expresidente un aliado poderoso para pulsear con el gobierno en las elecciones del año que viene.
Ni lerdos ni perezosos, Cristina y Sergio Massa se reunieron con el diputado André Janones, el arquitecto del triunfo electoral del PT en las redes sociales.
Una fórmula explosiva
Así las cosas y obligada Cristina a apoyar la candidatura de Massa para poder derrotar a Axel Kicillof en una PASO, ella le estaría imponiendo al tigrense condiciones pesadas. La dirigencia de La Cámpora desconfiaría bastante de Massa, que bien podría recaudar los votos cristinistas y luego hacer «la gran Kicillof» y, una vez presidente, desplazar a los cristinistas del poder. Para evitar esto y a cambio de su apoyo, ella le exigiría a Massa sobre todo dos cosas: quedarse con la lapicera para redactar las listas de candidatos a senadores y diputados nacionales y, en segundo lugar, que Máximo Kirchner sea candidato a vicepresidente.
La fórmula Massa-Máximo le podría devolver entonces a Milei la capacidad de aglutinar al antiperonismo, no dejando que crezca la candidatura de Bullrich. Además, el antecedente de haber vencido a Massa en el 2023 le da una superioridad psicológica al presidente.
La incógnita a contestar es si la fórmula M-M podría ganarle la PASO a, por ejemplo, Kicillof-Magario.
Pero en lo que hace a Milei -y más aún si se debilitan sus apoyos internacionales-, lo verdaderamente importante es quedarse en un porcentaje de imagen positiva no inferior al 30%.
Deja una respuesta