Por Jorge Augusto Cardoso.-

Dos de octubre de 1974, gobierno constitucional y democrático. El Capitán Miguel Ángel Paiva espera al colectivo que lo ha de llevar a la Escuela de Guerra en la parada de Scalabrini Ortiz y Córdoba. Dos jóvenes idealistas, el Teniente Jorge Sombra del ERP (Eduardo Favario) y el Capitán Pablo, de la misma organización (Jorge Molina), se le acercan por detrás y lo acribillan a balazos para luego huir en un auto conducido por Sara López Dupuy, esposa de Molina. El órgano de prensa y propaganda del ERP, “Estrella Roja”, en su número 94, se adjudicó el hecho vanagloriándose de haber “ejecutado al Capitán del Ejército contrarrevolucionario, Miguel Ángel Paiva” Esto ocurrió. No es relato. Relato es el que por décadas ciertos sectores, y los K, han sembrado en la sociedad para hacernos creer que los asesinos eran héroes. Un delirio que, basado en ideología, impulsó a jóvenes a derramar sangre inocente movidos por mecanismos de fanatismo que los llevaron a entregar sus propias vidas a causas inciertas.

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