Por Carlos Tórtora.-

Durante los últimos días, Cristina Kirchner y sus principales seguidores, con excepción del discurso del 17 de octubre de Máximo Kirchner, se llamaron a un llamativo silencio. Sí vale comentar la visita de Sergio Massa a San José 1111. Es que en la misma se habría comentado la posibilidad de confrontar en una PASO a Axel Kicillof con la fórmula Massa-Máximo.

Obviamente es una incógnita si la expresidente podría así traspasarle sus votos a su hijo. Y hay serias dudas de que esto pueda suceder, dada la bajísima estimación de Máximo en las encuestas.

El otro hecho importante de la interna peronista es que Juan Grabois se cruzó de vereda y se sumó al equipo de campaña de Kicillof, no sin antes elogiar inteligentemente a Cristina. Ante este importante abandono, ella se habría replegado a la espera de novedades de su presentación ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

Cristina y su renovado equipo de abogados provocaron bastante ruido anticipando que el mencionado Comité se iba a pronunciar rápidamente sobre los reclamos contra el fallo de la Corte Suprema condenándola en la causa Vialidad y, sobre todo, con respecto a la inhabilitación para ejercer cargos públicos.

El comité inició ayer su 146 período de sesiones.

Fuegos artificiales

Según la propaganda cristinista, el Comité podría expedirse a favor de ella antes de fin de mes. Pero nada más lejos de la realidad. Según el procedimiento establecido, lo primero que debe hacer el Comité es el examen inicial de la demanda. Esto significa verificar si se denuncian violaciones de derechos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que la denuncia esté debidamente fundamentada, que se hayan agotado los recursos internos efectivos y que no se esté sometiendo el mismo asunto a otro procedimiento internacional de investigación o solución.

Esta primera etapa de presentación de la denuncia -la actual- no significa que se haya admitido la misma ni que haya reconocido la existencia de una violación. A partir de la presentación el Comité podrá comunicar la denuncia al Estado argentino y éste formular sus observaciones, que CFK podrá a su vez contestar.

Recién después el Comité se pronunciará sobre la admisibilidad o o admisibilidad de la denuncia. Si ésta es declarada admisible, el Comité analizará la cuestión de fondo y emitirá un dictamen que puede tardar años.

Pero Cristina se aferra a la posibilidad de que el Comité adopte medidas provisionales mientras examina la documentación. Por ejemplo, pedirle al Estado argentino que suspenda la inhabilitación para evitar un daño irreparable y en forma transitoria. Este pedido no modificaría en modo alguno lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia. Pero crearía sí una conmoción política en la cual el cristinismo podría intentar forzar la candidatura presidencial de ella. Pero esto sólo sería posible si la Corte fuerza jurídicamente las cosas.

Como por un embudo, todo terminaría finalmente en la Corte.

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