Fiasco decenal sin cuota Hilton

A fines del primer decenio del siglo actual (s.e.u.o.) decíamos que Argentina venía perdiendo (s.e.u.o.) casilleros en el tablero internacional del mercado de carne bovina; lo cual se había visto fuertemente agravado durante los últimos años con las nefastas políticas aplicadas, incluso respecto a la Cuota Hilton.

Los más perjudicados habían sido tanto los criadores ganaderos, pequeños y medianos, como los consumidores; es decir, como siempre, los dos extremos de la cadena cárnica.

Origen, cortes y precios de la Hilton

No está de más reiterar que la Cuota Hilton proviene de un acuerdo comercial dado en el marco de las Negociaciones Multilaterales Comerciales del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) en la denominada Rueda de Tokio, en el año 1979, organizada por la cadena de Hoteles Hilton (de allí su nombre).

Los cortes de carne premium, habilitados para ingresar al mercado europeo con aranceles diferenciales, que integran la cuota Hilton, son siete (7): bife angosto, cuadril, lomo, nalga, bola de lomo, cuadrada y peceto. Y provenir de animales bovinos, de edad comprendida entre 22 y 24 meses, con dos dientes incisivos permanentes, alimentados exclusivamente con pasturas, cuyo peso a la faena no exceda de 460 kilogramos vivos, de calidad especial o buena, denominados cortes vacunos en cartones Special Boxes Beef que estén autorizados a llevar la marca “SC” (Special Cuts).

Durante los primeros meses del 2012 el valor comercial de los cortes de la Hilton cayó de 17.000 a 15.200 dólares la tonelada. Argentina, según informe de SENASA, comercializó 7.091 toneladas, a un promedio de 15.505 U$S la tonelada, durante el primer cuatrimestre de ese año.

Es digno destacar que los precios de la carne argentina exportada (fuera de la Hilton) estaban en 6.200 dólares la tonelada y cayeron a 5.700; mientras, Brasil estaba vendiendo a 5.500 dólares la tonelada.

Barranca abajo

Para el sector, de la industria frigorífica carnea, el año 2011 había sido el peor a contar desde 1980 hasta nuestros días, como consecuencia exclusiva de la política anti-ganadera del gobierno nacional y de las provincias o, directamente, de la falta de una política de Estado seria, que brindara previsibilidad y seguridad jurídica al sector del campo, vinculado especialmente a la ganadería, en que no hay ciclos cortos.

Los ciclos anuales o periodos de la Hilton no coinciden con el año calendario sino que se computan desde el 01/07 de un año, hasta el 30/06 del siguiente.

En el periodo 2007/2008, primer año en que Argentina conculcó parcialmente el cupo, se exportaron 2005 toneladas menos de Hilton que las 28.000 que correspondían. En el 2008/2009 se exportaron siete cortes, en lugar de tres como se venía haciendo, porque eran los que más se pagaban por los aranceles preferenciales y se llegó a enviar carne por vía aérea, para intentar arribar antes del cierre. No obstante el cupo tampoco fue cumplimentado. De las 28.000 solo fueron 22.436.

El 2009/2010 quedaron sin exportar 9.861 toneladas y en el ciclo 2010/2011 fueron 2.161 toneladas.

Va de suyo que, el siguiente ciclo Hilton que fue desde el 01/07/11 al 30/06/2012 -no obstante haber sido favorecida Argentina con el aumento del cupo en 1.000 toneladas, con lo cual llegaron a 29.000 las autorizadas de cortes de alto valor comercial- a días del vencimiento solo se había exportado el 47% de la cuota. Todo conforme los números oficiales brindados, al 1º de mayo, en que se llevaban exportadas solo 13.728 toneladas y aún restaban más de 15.000.

Acotaciones, transcurridos 5 de 10 años, para el olvido

Entre enero y marzo 2012 las exportaciones se retrajeron el 30% respecto al primer trimestre del año anterior.

El periodo concluido el 30/06/12 fue el más catastrófico para nuestro país. 10.700 toneladas menos, solo un 64% de lo comprometido. Presentó el mayor tonelaje autorizado sin exportar, no obstante que -como ya se dijera desde esta misma columna, en marzo del 2013- cuando nuestra Presidente de la Nación Argentina anunció el aumento del cupo otorgado por Unión Europea, de 28.000 a 29.000 toneladas, los “abonados” a los actos del “atril” (que tiene micrófono, pero no audífonos) y los “aplaudidores” de siempre batieron palmas, ante un ya cantado retroceso y rotundo fracaso.

En La Pampa, por ejemplo, a los frigoríficos Pampa Natural, Speluzzi (el de más moderna tecnología; en concurso de acreedores y cerrado), Toay (semi abandonado), Bernasconi (construido por el gobierno provincial, con una inversión de más de 30 millones, pero donde nunca se faenara), Casepa Ciclo 2, en Zona Franca, General Pico (prácticamente cerrado), se le sumó (28/06/12) Carnes Pampeanas, de Santa Rosa (el más grande de nuestra pampa, que no operaba desde hacía siete meses -última faena 16/12/11-, “bajó la persiana”, despidió e indemnizó a 295 empleados directos y afectó a 500 personas, aproximadamente, contando los indirectos (empresas contratistas como los colectivos que transportan al personal, proveedores de equipos de frío, encargados de su mantenimiento, empresas de seguridad y vigilancia, etcétera). Solo perduraban los frigoríficos Pilotti, en La Adela, Trenel, General Acha, Uriburu y General Pico, que también habían reajustado sus plantas de personal, incluidas renuncias “acordadas” y trabajaban a “media máquina”.

Llegó, como se preveía, el kinto año consecutivo de incumplimiento de la kuota Hilton, coronando ese periodo K, nefasto para el campo y aciago para la Argentina toda.

Se ingresó en una noche kavernosa, donde -respetuosamente- habitaban una Presidente mal asesorada, gobernadores medrosos y un secretario de comercio kavernícola.

Es de idóneos y agalludos descubrir la luz al final del túnel.

Y debimos convivir 5 años más, en caída libre.

Y así seguimos penando durante cinco años más, hasta este 2019. Vivimos los peores años para la exportación de carne vacuna de los últimos cincuenta.

Desde el punto de vista de los porcentuales fueron los más bajos de la segunda década del siglo pasado, con la sola excepción del 2001; el año del brote de la fiebre aftosa.

Con el atardecer de su “estrategia” los K se auto defenestraron y arrastraron a otros. Vergüenza ajena.

Ya lo decíamos, en columna de octubre del 2012, cuando mencionábamos las exportaciones “a la violeta” y asegurábamos que había aún 12,5 millones menos de cabezas que en el 2008; con una caída en la faena del 30%; 121 plantas frigoríficas que habían cerrado; una pérdida de 12.600 puestos de trabajo; un consumo interno reducido de 68 a 57,5 kilos por habitante año; un aumento en el mostrador del 150 % y caída en las exportaciones del 66,6 %. O lo que fuera lo mismo en toneladas una reducción de las 800.000 del año 2005 a menos de 170.000 del 2012.

Y así podríamos continuar. Pero no deseamos fatigar al lector, porque en setiembre del 2013 decíamos que se “se seguía exportando miseria”.

En julio del 2014 referíamos otro año más de incumplimiento de la Hilton y colocábamos a Argentina en décimo tercer (13°) lugar de exportadores de carne, descendiendo hasta el décimo quinto (15°), muy lejos del podio que supo integrar hace añares. Actualmente recuperó el octavo (8°) lugar, con posibilidad de pelear -en forma inmediata- hasta el quinto (5°) puesto.

Diez (10) años después

Argentina ha vuelto a cumplir, 10 años después, otra vez con la Cuota Hilton y el autorizado contingente de 29.500 toneladas de carne de alto valor comercial, con destino a Europa.

Una tonelada del llamado Rump and Loin, está integrada por selectos cortes. En el último ciclo el valor promedio para la Cuota Hilton se ubicó en 10.934 dólares la tonelada. Para el ingreso, con esta cuota, se paga un arancel del 20 por ciento. Y el negocio redondea unos 400 millones de dólares.

Consectario

El incumplimiento de los K que hemos venido puntualizando anualmente, en nuestras columnas, durante diez años, hizo que Argentina dejara de vender 57.112 toneladas de la Cuota Hilton o sea el equivalente a casi dos veces el cupo. Ello implicó una pérdida económica de unos 683 millones de dólares.

El futuro ganadero se presenta halagüeño. Las exportaciones de carne vacuna carecen de techo, cuando se cuenta con productores que saben “fabricar” carne y con gobernantes no corruptos. El consumo interno brindará un aumento equitativo a la mesa de todos los argentinos y los productores pasaran a vivir dignamente; las retenciones deberán mudar a ser un triste recuerdo y el Estado percibirá impuestos pertinentes razonables, sin confiscación alguna.

Los preceptos normativos que encuadren el reparto de la cuota deben ser establecidos con suficiente previsibilidad y sabiduría. Similar criterio debe aplicarse en los despachos al exterior.

Pedro Álvarez Bustos*

* Ex Fiscal de Estado de La Pampa, abogado, escritor y productor agropecuario de tercera generación.

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