Por Luis Alejandro Rizzi.-
“Me gustaría llegar a un acuerdo, ya saben, por las buenas. Pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas”, amenazó el presidente estadounidense el pasado sábado. “Si no lo hacemos”, insistió, “Rusia o China tomarán Groenlandia”. El País.
Más de una vez cuando leo declaraciones o discursos de Donald Trump, pienso en su estado de salud mental, porque de lo contrario tendría que creer que es la reencarnación de unos de los peores dictadores que tuvo el mundo. Más grave es que tenga una verdadera banda de obsecuentes y mediocres que alientan sus delirios.
El texto que trascribimos al inicio no sé si superaría un test de racionalidad que nos lleva de modo directo y sin escalas a la posibilidad de un conflicto entre Europa y EEUU, una pesadilla imposible de soñar y más de imaginar.
En la reunión del miércoles 14 entre funcionarios daneses y de EEUU, el canciller danés, Lars Lokke Rasmussen, declaró, según el New York Times, que existía un “desacuerdo fundamental” sobre el futuro del territorio en el Atlántico Norte.
Si realmente y creo que lo hay, hubiera riesgo de que Rusia o China o los dos países en conjunto pudieran intentar adueñarse de Groenlandia, por su posición estratégica, quizás más política que militar, sería la OTAN la encargada de repeler la acción, de la que EEUU aún forma parte.
En todo caso, EEUU, me aparto de Trump, tendría la obligación de participar en su defensa, como territorio danés y como parte de Europa.
En el caso, Groenlandia pertenece a la zona de influencia de Europa que a la vez integra con EEUU, uno de los polos de poder del mundo.
Ese polo debidamente integrado, de por sí es o debiera ser una frontera que nos proteja no sólo de los intentos imperiales de China y Rusia, sino de nuestra concepción liberal de la vida y de respeto a valores culturales que es necesario fortalecer.
Es cierto que nuestro mundo Occidental está “flojo de papeles”, como lo venía advirtiendo Ortega desde principios del siglo XX. Pero no es ahondando las diferencias o imponiendo la arbitrariedad de “por las buenas o por las malas” como se resuelven los conflictos o se revierten los procesos de decadencia.
Leí, debo decirlo, un fatigoso reportaje en “Perfil” a Philip Pettit, en el que la mayor parte navega por la abstracción de citas y por el eufemismo que tanto criticó Ortega, pero en la parte final encontré un párrafo que hizo que valiera la pena su lectura, que dice: “Ahora, creo que los líderes democráticos han fracasado sistemáticamente, muchas veces, en identificar el sentido de la democracia, el principio que la subyace. Diría que el principio es garantizar que el gobierno no domine, que garantice que, independientemente de las políticas que aprueben como gobierno, puedan contar con el apoyo del pueblo y que el pueblo lo comprenda, como el pueblo comprenderá, que no se le está imponiendo una política desde arriba, sino que es una política que su líder defiende en nombre de un principio al que él o ella se dedica, la libertad de no-dominación o lo que sea en realidad, pero tomemos ese ideal y entonces podamos persuadir a la gente para que lo siga.”
Pasa precisamente que el concepto de “liderazgo” quedó vacante y fue sustituido por el de sirvientes, como dice Petit al final del reportaje, “…se deba a que nuestros líderes democráticos se han convertido en seguidores democráticos, no en líderes democráticos.”
El liderazgo se sustenta en la capacidad cultural de la persona que lo encarna, que es lo que le permite entender y comprender lo que es la vida, son las cosas y el mundo.
Cuando el líder o el político estadista es inculto, se convierte en un dirigente “bárbaro”, que representa no a la gente sino a las masas y su tarea consiste en satisfacer esos deseos irracionales y alimentar el fundamentalismo como recurso cultural.
No se trata de derechas o izquierdas, porque esos vicios se ven en ambo lados; se trata de hacer virtud de la barbarie, “por las buenas o por las malas…”
Lo que llamamos “derecha” no es más que el maligno síndrome de la decadencia que hace del morbo y lo morboso objeto de atención y admiración.
Es, en definitiva, como decía Chesterton, “cuando no se tienen creencias, se cree en cualquier cosa”.
Las masas no saben lo que quieren pero lo quieren, en definitiva, es el nuevo nihilismo que representan Trump, Milei y estos esperpentos creadores de una nueva religión laica, donde la agonalidad es lo que separa el bien del mal, “por las buenas o por las malas…”
15/01/2026 a las 2:37 AM
MAESTRO, USTED NO PUEDE OCULTAR SU ORIGEN RADICAL. LE SALE POR LOS POROS.
LE ACLARAMOS Y ESPERAMOS NO SE OFENDA: «LOS REYES MAGOS, SON LOS PADRES»
HABLA DE LA DEMOCRACIA CON DEVOCION, PERO
NO CONTEMPLA QUE ESTA ES VIOLADA PERMANENTEMENTE PORQUE EN SU ESENCIA RESPONDE A SU PROPIA IMPERFECCION.
CADA TANTO HAY QUE PONERLA EN HORA, ES COMO UN RELOJ QUE ATRASA.
EN LA VIDA REAL, «LOS BUENOS SOLO TRIUNFAN EN EL CINE».
MIRE LO QUE HIZO PUTIN CON UCRANIA.
CHINA, CON LA LIBERTAD DE SU PUEBLO Y LOS MILES DE EJECUTADOS.
NI HABLAR DE ALGUNOS PAISES ARABES.
LA POESIA SOLO SE LEE EN LOS RECREOS.