Héroes de Malvinas

Voy a reiterar hasta el cansancio que los héroes de Malvinas son 677, y no 649, como dice la crónica del diario “La Prensa”, del día primero, con respecto al homenaje que el presidente Mauricio Macri rendirá el 2 de abril a los veteranos del conflicto bélico y familiares, en residencia de Olivos; a saber:

Armada Argentina: 393

Ejército Argentino: 201

Fuerza Aérea: 55

Sub total: 649

Gendarmería Nacional: 8

Prefectura Naval: 2

Marina Mercante: 18

TOTAL DE HÉROES: 677

Apreciaría que el Ministerio de Defensa tome debida nota y no siga ignorando a 28 caídos en Malvinas de Gendarmería, Prefectura y Marina Mercante que también dieron sus vidas por la Patria.

Alfredo Nobre Leite

marimba37@outlook.com

31 comments for “Héroes de Malvinas

  1. ALBERTO BAS
    02/04/2017 at 3:12 PM

    ERROR IMPORTANTÌSIMO. CORREGIR Y PEDIR DISCULPAS. YA!!!!!

    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:32 PM

      ¿Los ingleses no son héroes? Ellos ganaron la guerra.

  2. Lic.Carla Fridman
    02/04/2017 at 3:38 PM

    Las islas Malvinas y la acción psicológica

    1. Introducción
    2. Acción psicológica
    3. El nacimiento del Estado Argentino
    4. La trampa del gobierno militar
    5. Nacionalismo y patrioterismo
    6. Conclusión
    7. Bibliografía

    Introducción

    Los dos de abril se repiten ritos ya tradicionales que se están convirtiendo en autóctonos. La televisión bombardea viejos slogans, aparecen algunas escarapelas con olor a naftalina y se limpian plazas desusadas y olvidadas para poner palcos oportunistas y poder agorar oratorias patrioteras.
    Nos acordamos nuevamente que las Malvinas son argentinas y nos quedamos con el sabor amargo en la boca por lo que perdimos.
    Pero algunas consideraciones son saludables. ¿Las perdimos? ¿Alguna vez las tuvimos? ¿Estábamos en condiciones de reclamarlas? ¿Estamos?
    Echar luz sobre estos puntos es necesario. Es tiempo de que perdamos el miedo a la crítica y la objetividad y dejemos de considerar como traidor a la patria a aquel que lo haga. Es necesario, primero porque es sano dudar hasta de nuestras mayores certezas y, segundo, para que el sabor amargo sea más digerible. Ése es el objetivo de este escrito.

    Acción psicológica

    Esta demostrado que los 2.000.000 Km2 que componen el actual territorio continental argentino fueron conquistados partiendo de cero, a través de una lucha armada de más de cien años, enfrentando toda clase de enemigos, resistencias y obstáculos.
    Es de destacar el importantísimo papel que cupo a Buenos Aires y las Provincias Unidas en el logro de la hegemonía en el río de la Plata y en la conquista de territorios sudamericanos para la independencia y constitución de las repúblicas del nuevo mundo poniendo en evidencia las conquistas argentinas realizadas en el curso de dos siglos en las tierras y mares del lejano sur atlántico y antártico.
    Como lo ha enseñado Carlos Escudé en varios de sus escritos, la población argentina ha estado sometida desde hace más de cien años a una deliberada, persistente e insidiosa acción psicológica de la misma índole de la que se practicó sobre los pueblos de Alemania e Italia bajo Hitler y Mussolini, con respecto a las reales e imaginarias reivindicaciones territoriales de esos países.
    En colegios, cuarteles, academias y oficinas; por radio, cine, prensa y televisión, desde la infancia hasta la senectud, se ha martillado y remachado en la cabeza de los argentinos la doctrina de que a partir de su independencia su país ha sufrido sucesivas desmembraciones territoriales, algunas de ellas irreversibles, como las de los territorios que ocupan Paraguay, Uruguay y Bolivia, que habríamos debido recibir como presuntos herederos legítimos del Virreinato del Rió de la Plata, y otras que justificarían hasta el recurso extremo de la guerra, con su secuela de muerte, destrucción, odio y sufrimiento, como las que versan sobre algunos islotes en la zona del canal de Beagle caso en el cual estuvimos a punto de ir a la guerra con Chile en 1978 de no haber sido por la mediación papal desesperada.
    Con menos convicción en cuanto a su efectiva conquista por las armas, pero con igual perseverancia, se ha inculcado a los argentinos el articulo de fe de que son propietarios exclusivos de un vasto sector del continente antártico, cuya obligatoria inserción despoja de realismo y perspectiva a los mapas de la república cuyo extenso territorio real (es decir, el que se extiende desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego) queda empequeñecido y descentrado por el artificioso injerto del descomunal triangulo invertido que se supone tan argentino como la pampa o los valles calchaquíes.
    El más somero análisis histórico revela que estas afirmaciones dogmáticas, que han ido adquiriendo un carácter sacro indiscutible, son altamente cuestionables cuando no directamente falsas. Con respecto al mito del desmembramiento, es de lectura imprescindible el brillante trabajo del coronel (RE) Rómulo Menéndez “Las conquistas territoriales argentinas” (Bs. As. 1982), donde se demuestra acabadamente que, lejos de haber perdido territorio, el actual estado argentino es el fruto de una persistente y efectiva acción expansiva que a lo largo de un siglo multiplico por lo menos tres veces el territorio nacional originario.

    El nacimiento del Estado Argentino

    Históricamente, hay que tomar en consideración, sin mayores ambiciones revisionistas, ¿dónde nace el Estado Argentino?. La mayoría de los autores nacionales consideran que, si bien 1853 fue una fecha importante, el Estado nace en 1862 con Pavón, lo que significó la anexión de Buenos Aires y la enmienda de la Constitución.
    Pero el Estado que nacía no era consecuencia de la colonia que se iba. (Incluso recordemos el trabajo que le costó a esa colonia establecerse y mantenerse en Malvinas por la famosa Cuestión del Pacífico y la previa fundación francesa, por más de que eran aliados en el Pacto de Familia)
    El Estado naciente partía de cero. Considerar al Estado Argentino naciente como mero heredero del saliente es una falacia que, según Rómulo Menéndez es necesario evitar.
    Por otro lado, la ocupación inglesa fue pública, conocida, pacífica y con ánimos de dominación. No hubo respuesta Argentina ni mucho menos reclamos sino hasta muy entrado el siglo XX. Y vaya otra observación, si bien la por entonces Sociedad de Naciones existía, no había mecanismos efectivos ni reglas claras para elevar ningún reclamo serio, menos si afectaban a los intereses de las potencias “centrales”. Aún así, la bilateralidad estaba permitida, pero los reclamos no llegaron.
    En cuanto a la ocupación inglesa de Malvinas, se enmarca en la figura de la Adquisición por Prescripción, que es un medio derivativo de adquisición territorial ya desusado y propio de tiempos en los que la explosión de los medio de comunicación de investigación y de transporte aún no hacía sentir sus efectos, y en la tierra quedaba algo de res nulis.
    Según esta figura, pasado un determinado período de tiempo sin haberse efectuado los reclamos pertinentes (en este caso del joven Estado Argentino), el territorio en cuestión pasa a manos del ocupante, si se quiere, interpretando el derecho que tanto no le debe interesar al “invadido”.

    La trampa del gobierno militar

    Todos conocemos que el gobierno militar interno argentino estaba en franca decadencia. Que la crisis humana y social también estaba haciéndose económica, era y es sabido por todos, que la falta de cohesión interna se hacía sentir a balazos y torturas.
    En este escenario, e intentando un manotón desesperado, se echó mano a Malvinas, quizás como se podría haber manipulado otro elemento emotivo. El gobierno decidió echar mano a un elemento básico de la política: la creación y demonización de un enemigo externo para solucionar faltas de apoyo y cohesión interna. Y ahí entró Malvinas. Y ahí entro el slogan que hoy seguimos repitiendo los dos de abril.
    El proceso fue simple: se busca un elemento emotivo con algo de base, se lo multiplica ad infinitum, se utiliza la educación nacional y la prensa (en un ejemplo claro de lo que en política se considera como regla de la transfusión), se actúa y se cohesiona. Si los resultados de la arrojada empresa son positivos, se jactan de haber interpretado el deseo popular y, si no lo son, se procede a la victimización y al determinismo de su gestión. Nuestros militares siguieron el manual al pie de la letra.
    Por más que la condena pública sea generalizada para con las gestiones y los gobiernos castrenses argentinos, seguir postulando que las Malvinas son argentinas es caer en una justificación que no merecen.
    El caso de las Malvinas exhibe la singularidad de tratarse del único territorio del cual la Argentina (o de lo que de ella existía en 1833) haya sido despojada por la fuerza. Lo cual no significa que los derechos argentinos sobre las disputadas ínsulas sean tan terminantes ni decisivos como nos lo quiere hacer creer la acción psicológica oficial (y en buena medida lo ha logrado).
    Para quien quiera ilustrarse seriamente sobre este tema, recomiendo la lectura del ensayo que le dedica Carlos Escudé en su libro “La Argentina vs. las grandes potencias” (Bs. As., 1986) No interesa aquí el cotejo de los respectivos méritos de las reclamaciones argentinas y británicas sobre las Malvinas, sino más bien mostrar cómo una cuestión que, dentro del conjunto de los problemas argentinos, es notoriamente marginal y de escasa monta ha sido magnificada por la propaganda hasta convertirla en una especie de causa sagrada, de cruzada redentora en la cual los argentinos deberían estar dispuestos a derramar hectolitros de sangre y sacrificar la riqueza nacional en aras de esta especie de Santo Erial.
    A poco que escarbemos encontraremos que el gran lavado de cerebro colectivo en esta materia comenzó hacia 1944, época en la que bajo el manto protector de una dictadura militar despistada pero de indudable inspiración autoritaria y fascista, se había apoderado de la conducción de la educación pública y de la propaganda oficial una gavilla de nacionalistas ultrarreaccionarlos que -en perfecta concordancia con las fantasías hegemonistas de la casta militar- puso en practica una gigantesca campaña educativa y propagandística destinada a crear en la conciencia colectiva la convicción dogmática de que las Malvinas “han sido, son y serán argentinas”, proposición que no resiste el más módico análisis lógico, histórico o siquiera gramatical, y que es manifiestamente inconciliable con la realidad de que Gran Bretaña ejerce soberanía sobre el archipiélago desde 1833, en tanto que España mantuvo una tenua posesión -que abandonó en 1811- durante unas cuatro décadas, y la Confederación Argentina ejerció su posesión en forma asaz insegura durante sólo cinco años.

    Nacionalismo y patrioterismo

    El autoritarismo nacionalista no se alimenta de
    realidades sino de fantasías que manipula para someter, a la población a sus designios, generalmente funestos. Curiosamente, este tipo de campañas que pretende apelar a los más puros sentimientos patrióticos de la buena gente (a la vez que a las mas primarias tendencias cavernarias que todos llevamos adentro, más o menos escondidas), tiene un nefasto efecto retroalimentador, por el cual sus victimas iniciales (párvulos en edad escolar, soldados, empleados públicos, integrantes de muchedumbre) quedan tan infectados, por el adoctrinamiento, que lo revierten sobre los dirigentes de la sociedad (maestros, jefes militares, altos funcionarlos, legisladores), y exigen de éstos comportamientos acordes con el dogma que les ha sido inculcado.
    A su vez, los dirigentes se sienten presionados y obligados a actuar en consonancia con la doctrina que ya ha sido internalizada por la masa de la población, con lo cual se genera una causación circular de características sumamente perversas y de una peligrosidad extrema.
    Podrá argüirse que esta suerte de adoctrinamiento presuntamente patriótico es en el fondo inofensivo, y en todo caso benéfico y hasta necesario en un país insuficientemente consolidado como nación. Zarandajas de esta índole son las que condujeron a la criminal aventura de la ocupación militar de las islas en 1982.
    Ni el dictador Galtieri ni sus incubos Anaya y Costa Méndez se habrían atrevido siquiera a pensar en tamaña locura, si no fuera porque tenían conciencia del grado de condicionamiento psicológico del pueblo argentino, al cabo de décadas de lavado de cerebro masivo (y del que ellos mismos, seguramente fueron también victimas).
    Habría sido inexplicable, de otra manera, el entusiasmo futbolero con que la clase media y alta Argentina llenaron la plaza de Mayo para vociferar su delirio ante fatuo emulo del general Patton. Y, más aún, inimaginable la psicosis colectiva que se apoderó de los argentinos, el triunfalismo vesánico, el patrioterismo de la peor laya y, en fin, todos los comportamientos colectivos patológicos de que hicieron derroche los argentinos en esas inolvidables y abominables jornadas, en las que, al estilo de la plebe romana en el Coliseo, aullaban de alegría por la carbonización de soldados Ingleses o por el hundimiento de barcos “enemigos”. Así como aplaudían con inconsciente safismo el envío de adolescentes atontados de hambre y de frío, a una muerte despiadada en medio del barro y de la inmundicia. Quizá el único acto heroico en todo el repugnante episodio haya sido la rendición del general Menéndez y la consiguiente salvación de diez mil soldados.

    Conclusión

    Por todo lo antes expuesto, es claro que las Malvinas no son argentinas y que caer en semejante sentencia suena a fanatismo emotivo, a educación con orejeras. Y sobre todo, tiende a justificar la locura a la que nuestros beneméritos estrategas decidieron arrojarse.
    Sin embargo, la misma gente que se encoleriza frente a este enunciado, sabe que casi con seguridad las Malvinas jamás serán argentinas, pero no está dispuesta a decirlo públicamente.
    ¿Porqué? Porque intuye que el balance de costos y beneficios personales sería negativo, ya que nadie los premiaría por decir la verdad, mientras que existe una minoría activa que los castigaría, acusándolos de traidores, o quitándoles el voto si son políticos.
    Más aún, saben que enfrentan un típico dilema del prisionero: si ellos dicen la verdad, sus adversarios (también ellos convencidos de que las Malvinas jamás serán argentinas) se envolverán en la bandera, los acusarán de traición, y potenciarán los costos de haber dicho la verdad. Sus adversarios razonan de la misma manera frente a ellos, y tampoco ellos dicen la verdad. Por lo tanto, la política exterior argentina sigue persiguiendo una quimera.
    La mayoría de los Constituyentes de 1994 sabían que las Malvinas jamás serán argentinas, pero debido al dilema del prisionero que enfrentaban, sancionaron la Cláusula Transitoria Nº 1, que establece el mandato de intentar recuperar las islas para todo gobierno argentino. Gracias a ello, ahora todo estadista argentino que diga la verdad, viola la Constitución por decirla.
    Está demasiado fresco el recuerdo sobrecogedor de la catástrofe como para que echemos en saco roto la lección que de ella se deriva. Como igualmente vivido y cercano está todavía el peligro al que se nos expuso de ir a una guerra insensata contra Chile por unos peñascos perdidos en la inmensidad del mar. Actuemos entonces en consecuencia y lancemos una campaña de reeducación colectiva, para borrar de las mentes argentinas todo el conjunto de mentiras, de fantasías y de malas pasiones que se les ha inculcado durante tanto tiempo por los gobiernos totalitarios (y aun por los constitucionales, a su vez condicionados por la misma campaña).
    Sólo de esa manera podremos asegurarnos que no se repitan tan aventuras sangrientas en que nos comprometieron los autócratas y genocidas del pasado reciente. Las Malvinas no son argentinas, los pibes que murieron en ellas, sí.

    Bibliografía
    Menéndez, Romulo Felix, Las Conquistas Territoriales Argentinas, Ed. Circulo Militar, Argentina, Buenos Aires, 1982
    Escudé, C. La Argentina vs. Las Grandes Potencias, Ed. Sudamericana, Argentina, Buenos Aires, 1986

    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:30 PM

      Larga el paco.

    • Gabriel Arturi
      05/04/2017 at 12:34 AM

      Por mierdas como vos es que estamos dejando de ser una Nación, un País, un Estado Soberano. Mierdas como vos son la peor lacra basura que cualquier pueblo en el mundo pueden llegar a tener. Naciste sin sangre y sin sangre te vas a morir. Sos un espantoso y horroróso vegetal.

  3. Lic.Carla Fridman
    02/04/2017 at 3:39 PM

    HISTORIADOR PROPONE CAMBIAR EL 2 DE ABRIL POR EL 14 DE JUNIO

    Luis Alberto Romero, propone conmemorar la fecha el día de la rendición como el “día de arrepentimiento”
    Reflexionar sobre la Guerra de Malvinas es algo necesario para la Argentina democrática y republicana. Pero la fecha elegida es completamente inadecuada. Los hechos de 1982 no deben conmemorarse el 2 de abril, día de la invasión a las Islas, sino el 14 de junio, día de nuestra rendición ante las fuerzas británicas. Debe ser un día de memoria y arrepentimiento.

    El 2 de abril de 1982 tropas de nuestro país irrumpieron en la vida de una comunidad pacífica e inerme, con la que desde hacía medio siglo procurábamos estrechar relaciones. Lo hicieron al amparo de discutibles derechos -Gran Bretaña esgrime otros, igualmente discutibles- pero sobre todo con el apoyo de un sentimiento popular largamente construido por nuestro nacionalismo.

    Los isleños -llamarlos kelpers me parece estigmatizante- tenían presencia continua en las Falkland desde hacía 150 años, los suficientes para ser considerados “originarios”. La invasión, que servía a los propósitos inmediatos de un régimen criminal, se justificó con argumentos provenientes de nuestro patológico nacionalismo, que es lo peor de nuestra cultura política. Pero lo más grave fue su aclamación en la plaza, por parte de una multitud cautivada por el relato militar. La escena mostró la potencia de nuestro enano nacionalista, generalmente encerrado en su botella, que cuando se suelta tiene efectos terribles.

    Con la rendición del 14 de junio vino la crítica feroz a los militares. Algunos habían objetado la guerra, pero la mayoría estaban defraudados porque se les había prometido un triunfo. Luego comenzó un trabajo de “desmalvinización” de la opinión. Lo iniciaron los militares, ocultando a los combatientes que volvían del frente. El gobierno de Alfonsín se propuso bajar los decibeles de la confrontación con Gran Bretaña y volver a la situación previa a la invasión. El mantenimiento de esta línea fue una de las buenas cosas del gobierno de Menem.

    Pero no es fácil controlar la memoria social de un episodio tan traumático. Las Malvinas volvieron -si es que alguna vez salieron- junto con el giro ideológico y cultural de los años ’90, que incluyó la reivindicación de las luchas de los años setenta, la crítica al manejo de la cuestión militar y de los derechos humanos, y de modo más general, a todo el proyecto de instauración de una democracia institucional. Todo eso se sumó al “relato” de los Kirchner.

    Sobre Malvinas, era imposible reivindicar lo hecho por Galtieri y sus socios. Pero el país dio un giro agresivo en la cuestión de la soberanía y las relaciones con Gran Bretaña, muy apreciado por su contraparte británica, que hoy usa a los “argies” como parte de su discurso electoral. Lo más grave fueron los actos de hostilidad hacia los isleños, que profundizaron los catastróficos efectos generados por la guerra.

    La nueva actitud pasó por la cuestión de los ex combatientes, gradualmente convertidos en “héroes de guerra”. Genéricamente reivindicados por el gobierno, debieron sin embargo organizarse para reclamar lo que en cualquier país se concede a un ex combatiente.

    Paralelamente, se convirtieron en objeto de estudio, y periodistas e historiadores se dedicaron a reconstruir sus duras experiencias en la guerra y en la posguerra. Primero fueron las víctimas, pero a medida que resurgía el artefacto ideológico del nacionalismo, se fueron convirtiendo en los héroes.

    Sobre esa base, en 2001 se reinstaló el 2 de abril como el Día de Malvinas. Para los militares, era la manera de reconstruir la “unión sagrada” y lavar en ella sus culpas. El resto, sin justificar a los militares, reivindicaba a quienes habían dado su vida por la patria. Pronto se sumaron a la otra legión de héroes, los que habrían dado su vida luchando contra la dictadura. La “juventud maravillosa” de los setenta se prolongaba en las víctimas de la guerra.

    La palabra “héroe” tiene una serie de resonancias que van más allá del protagonista y alcanzan a la guerra por la que luchó. No se puede ser héroe de una guerra injusta. En consecuencia, si hubo héroes, la guerra fue justa. Al tiempo que se rehabilitaba la acción de las organizaciones armadas se recuperó una guerra que, aunque realizada por militares asesinos, de todos modos expresaba el sentir nacional, el anhelo de recuperación de la “hermanita perdida” y la validación del camino de la fuerza. Los derechos humanos de los isleños no eran un tema para los argentinos.

    Para los combatientes, la calificación de héroes parece exagerada. En el combate de San Lorenzo hubo solo dos héroes, San Martín y el sargento Cabral. La palabra “patriotas” parece más adecuada para soldados, suboficiales y oficiales que combatieron mal armados, mal vestidos, mal alimentados, y también mal conducidos por un grupo de jefes que, de acuerdo con el “Informe Rattenbach”, no estuvieron a la altura de las circunstancias.

    Los combatientes en Malvinas se ganaron el reconocimiento de los argentinos. Fueron las víctimas de un régimen constitutivamente asesino, y sus muertos merecen el mismo recuerdo respetuoso que las otras víctimas. Más aún, deben ser recordados junto a todas las víctimas de una década violenta y extraviada, en la que no hubo nadie que no compartiera la responsabilidad, al menos en una pequeña medida. Fue una década en la que hubo demonios, pero todos fueron hijos de una sociedad que no termina de reconocerlos.

    ¿Cuándo recordar a este grupo de soldados? ¿Cómo hacerlo sin reivindicar, de alguna manera, la guerra que los mató? Solo se me ocurre una manera: asumiendo todos que fuimos sus victimarios, y que aún conservamos vivo al enano nacionalista, al genio maldito que de tanto en tanto se escapa de la botella.

    El 14 de junio de 1982 fue el día de la rendición, de la humillación, de la expiación que todavía no completamos. Ese 14 de junio descubrimos también la realidad detrás del relato triunfalista de los militares, en el que tantos creyeron porque querían creer, porque estaban preparados para creer. Es la mejor fecha para recordar, en su dimensión humana y no heroica, a estas desdichadas víctimas de un país que todavía no sabe controlar su violencia.

    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:30 PM

      Larga el paco.

  4. Lic.Carla Fridman
    02/04/2017 at 3:40 PM

    Los mapuches, la “gente de la tierra”, son una de las naciones indígenas más añosas y sabias del continente americano. Los restos arqueológicos más antiguos de América, con una edad de más de 12,000 años, se encuentran en Monteverde, en pleno territorio mapuche.

    Los mapuches ocuparon durante miles de años extensas zonas a ambos lados de la cordillera andina de América del Sur. Si bien la mayor parte de su población se encontraba al oeste de los Andes (picunches, en el norte, lafquenches en el oeste, y huiliches en el sur), muchas comunidades tradicionales son oriundas de la propia cordillera (pehuenches) y del este de la cordillera (puelches), extendiéndose ampliamente sobre el actual territorio patagónico.

    La violenta invasión española del siglo XVI obligó a los picunches a retirarse al sur del Bío Bío, reduciendo considerablemente las tierras bajo control mapuche. Luego de numerosas batallas sangrientas contra legendarios toquis araucanos como Lautaro, Caupolicán, Pelantaro y Lientur, e incluso del ajusticiamiento del propio conquistador Pedro de Valdivia, los españoles se vieron obligados a aceptar la independencia de la nación mapuche, firmando varios tratados al efecto.

    A partir de ese momento se logró mantener una situación de relativa paz por varias décadas. Durante ese período los mapuches afianzaron el control sobre su territorio que en los siglos XVII y XVIII se extendió de mar a mar. Allí se conformó el país mapuche independiente, reconocido internacionalmente, la nación mapuche con costas sobre los océanos Atlántico y Pacífico. Esta situación se prolongó por más de doscientos años.

    A principios del siglo XIX y luego del debilitamiento del Imperio Español debido a la ocupación napoleónica, y a la consecuente derrota de los remanentes militares de España en América por parte de las elites hispano-criollas de las colonias, se abrieron las puertas para ignorar los antiguos tratados y emprender nuevas políticas agresivas contra la nación mapuche independiente.

    Los gobiernos de Santiago de Chile y Buenos Aires desencadenaron ofensivas militares para ocupar a sus vecinos nativos pero con éxito limitado, los mapuches continuaron defendiendo ferozmente su libertad y lo lograron exitosamente por varias décadas más.

    Cerca de fines del siglo se produciría la embestida belicosa que habría de terminar con la soberanía del pueblo de la tierra. A principios de la década de 1880 se desencadenó una invasión coordinada del país mapuche por parte de los ejércitos chileno y argentino bajo la jefatura de los generales Saavedra y Julio A. Rocca que lograría vencer la heroica resistencia, terminando con la ocupación militar de la última nación verdaderamente independiente del continente americano.

    Los mapuches invadidos fueron muertos, esclavizados, despojados de sus tierras tradicionales, hostigados en su cultura y costumbres y denegados en su derecho de libertad e independencia. Hoy los mapuches son extranjeros en su propio territorio. Continúan siendo avasallados por los estados criollos imperialistas de Chile y Argentina. A pesar de vivir en extrema indigencia en los barrios marginados de Santiago, Concepción, Temuco, Neuquén y Buenos Aires, donde a veces buscan mimetizarse para evitar la discriminación, empobrecidos en sus tierras demasiado pequeñas para practicar la agricultura ancestral, y sin poder enseñar su idioma, el mapudungún, a sus hijos, se mantienen organizados y resisten. Hay todavía 1 millón y medio de mapuches que aún conservan su identidad y la cultura.

    Cuando la República Argentina exige que le otorguen las islas llamadas Falkland o Malvinas basándose en un derecho de proximidad, o el Estado chileno reclama la Antártida en nombre de una pretensión análoga, deberían recordar que las tierras en que basan sus reclamos eran tierras mapuches internacionalmente reconocidas hace poco más de un siglo.

    Los mapuches, hoy despojados de su soberanía y de su tierra, tienen más derechos a estos territorios del sur que los estados criollos que las demandan amparados en su posición de fuerza política y militar.

    Los mapuches eran el pueblo nativo que en el siglo pasado ejercía su soberanía! sobre las tierras patagónicas frente a las islas Falkland o Malvinas, y, en base a esas credenciales, tienen mucha más autoridad que el gobierno argentino para reclamar las islas como propias.

    Sin perjuicios de los derechos tradicionales que le corresponden en los actuales territorios controlados por Chile y Argentina, proponemos que el territorio de las Falkland o Malvinas sea cedido por el Reino Unido a una federación de comunidades mapuches como forma muy limitada de compensar por los daños, ultrajes y perjuicios derivados de la invasión chilenoargentina del siglo pasado y las agresiones imperialistas europeas de los siglos XVI al XVIII.

    Cuando se habla de compensar a judíos por los desmanes que se ejercieron contra ellos durante el período nazi, o a palestinos por las tierras que les quitaron, o de compensar a los descendientes de los esclavos africanos, no es posible olvidar al pueblo mapuche que ha venido sufriendo atropellos y desconocimiento de sus derechos humanos por varios siglos.

    Los mapuches han habitado por cientos de generaciones territorios muy semejantes a las islas Falkland o Malvinas, con climas y ecosistemas parecidos, y serían capaces de explotarlos armónicamente, manteniendo su ancestral relación espiritual con la naturaleza del Sur, que fue quien los acunó y formó a lo largo de los tiempos.

    Los mapuches son grandes conocedores del mar, de las algas nutritivas, de los peces, de los mariscos, de las focas y aves marinas, son plantadores de papas y maíz, eximios pescadores, y por sobre todas las cosas, respetuosos participantes de un ambiente natural atávico y esencial, al que veneran en toda su inconmensurable profundidad espiritual.

    Las Malvinas o Falkland y sus poblaciones deberán ser rebautizadas en mapudungún, la convivencia con los habitantes actuales de origen inglés es posible. En sus tres o cuatro generaciones en las islas los kelpers han aprendido muchas cosas y junto con los mapuches podrían armar un país nuevo y viejo a la vez, trilingüe, aborigen y europeo, para crear un nuevo hogar de paz y reconocimiento para un pueblo despojado de su libertad que reclama la justicia que le ha sido negada por tanto tiempo.

    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:31 PM

      Larga el paco.

    • Gabriel Arturi
      05/04/2017 at 12:38 AM

      Che zoréta traidora mal cagada, ¿cuánto te paga la embajada britanica por tanta publicidad a la pirata corona? Das ÁAAAASSSSSCO

  5. Lic.Carla Fridman
    02/04/2017 at 3:41 PM

    Felipe Pigna: “Paraguay tendría todo el derecho de reclamar Formosa”

    El historiador argentino Felipe Pigna estuvo el fin de semana pasado en Paraguay, donde disertó sobre la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), en el marco de la 1ª Feria Internacional del Libro Asunción 2015 (FIL), que se realiza en el Centro de Convenciones Mariscal López de Asunción.
    “La guerra fue tremendamente impopular en nuestro país. Mucha gente fue presa, o murió por oponerse a la guerra contra Paraguay”, indicó Pigna durante una conferencia de prensa antes de su disertación. Recordó que intelectuales argentinos como José Hernández, autor de Martín Fierro; Juan Bautista Alberdi; Olegario Andrade, Juan María Gutiérrez, Guido Spano y otros fueron exiliados por denunciar la guerra “infame” contra Paraguay.

    Indicó que “Paraguay podría reclamar las tierras arrebatadas por Argentina luego de la contienda. Sería cuestión de que el Gobierno (paraguayo) haga formalmente (el reclamo) y discutir eso, aunque por el momento no está planteado así (Paraguay), tendría todo el derecho de hacerlo”, manifestó el historiador según señala la prensa guaraní.

    Distintos medios de Asunción remarcan que “Pigna también afirmó, sin ninguna duda, que Paraguay “tendría todo el derecho” de reclamar el territorio de Formosa, que se anexó a la Argentina tras la Guerra de la Triple Alianza”.

    “La guerra fue un enorme genocidio y un extraordinario negocio para unos pocos. Fueron sobre todo (beneficiados) los bancos británicos, los bancos brasileños, los grandes prestamistas. Mi país quedó tremendamente endeudado; las clases populares tuvieron que pagar deudas externas en beneficio de unos pocos tipos que son los contratistas, los beneficiarios directos de la Guerra del Paraguay”, destacó el historiador, durante una conferencia de prensa ofrecida en la sede de la Embajada Argentina.

    Anticipando su conferencia: “Los debates en Argentina, en la época de la Guerra de la Triple Alianza”, que ofreció luego en la Feria Internacional del Libro, Pigna afirmó que la contienda fue tremendamente impopular en la Argentina. “Mucha gente fue presa o murió por oponerse a la Guerra del Paraguay por considerarla una guerra fratricida”, dijo.

    En este sentido, recordó a José Hernández, quien tuvo que terminar su célebre poema “Martín Fierro” en el exilio. También a Juan Bautista Alberdi, quien tampoco pudo retornar a la Argentina por oponerse a la guerra. “El poder oligárquico de Buenos Aires lo consideró un enemigo por defender fervientemente al Paraguay y publicar un libro entero (El crimen de la Guerra)”, añadió.

    “La primera huelga de nuestro país que recuerda la historia argentina se produce en Corrientes, por parte de los obreros navales que se niegan a construir barcos para pelear contra los hermanos paraguayos”, dijo.

    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:31 PM

      Larga el paco.

  6. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 5:02 PM
    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:33 PM

      SPAM

  7. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 5:03 PM
    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:33 PM

      SPAM

  8. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 5:04 PM

    Hundimientos en la Guerra de Malvinas

    http://www.radarmalvinas.com.ar/hundimientos.html

    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:34 PM

      SPAM

  9. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 5:07 PM

    Los héroes de la Fuerza Aérea Argentina (durante varias décadas la mejor del mundo)

    • Peronismo = Delincuencia
      02/04/2017 at 7:34 PM

      SPAM

  10. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 10:37 PM
  11. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 10:41 PM
  12. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 10:42 PM
  13. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 10:43 PM

  14. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 10:44 PM
  15. Recuerdos de un soldado
    02/04/2017 at 10:51 PM
  16. 03/04/2017 at 8:59 AM

    Agradezco todos los comentarios, aunque no coincida con algunos conceptos; como decir que los mapuches son pueblo originario. Argentino no lo son, sino chilenos, quienes tuvieron las ínfulas que pretender soberanía sobre las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, que ni no hubiera sido por el general Julio Argentino Roca, hubiéramos perdido la Patagonia.
    ALFREDO NOBRE LEITE

  17. HUMO AMARILLO
    03/04/2017 at 6:26 PM

    UD…ANTES DE LANZAR ESA BOMBA, DESPUES DE 35 AÑOS…DEBERIA TENER EL RESPETO DE PUBLICAR LOS NOMBRES, APELLIDOS, DNI DE LOS FALTANTES, SU GRADO, LA INSTITUCION…Y EL LUGAR EN QUE FALLECIERON, DIA Y EN QUE TIPO DE ACCIONES… QUE NO SE ENCUENTREN EN EL LISTADO OFICIAL. NO SEA QUE ESTE QUERIENDO ANOTAR A SU ABUELA COMO ENFERMERA EN SANTIAGO DEL ESTERO.

  18. LUDWIG HEINRICH EDLER VON MISES
    04/04/2017 at 12:47 AM

  19. EL CHUMBIAO
    05/04/2017 at 2:54 AM

    CARLA FRIDMAN DEBE INFORMAR SU VERDADERA IDENTIDAD, NOMBRE Y APELLIDO COMPLETO, NÚMERO DE DNI, DOMICILIO Y TELÉFONOS. TAMBIÉN SU NACIONALIDAD DE ORIGEN.

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