Finanzas vaticanas: Quién acelera y quién frena

George Pell-Papa

El cardenal australiano George Pell es el hombre clave de la nueva dirección. Pero el contraataque de la vieja curia no le da tregua. Los titubeos del Papa Francisco.

ROMA, Sandro Magister | L’Espresso.- “Es como comparar la guardia suiza con las fuerzas armadas de una gran potencia”, ha dicho hace algunas semanas el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, a propósito del IOR, Instituto para las Obras de Religión, el mítico casi-banco vaticano.

Sus 4.200 millones de euros de activo -ha explicado con paciencia- son apenas un milésimo del activo de todos los bancos italianos y están muy lejos también de ese techo de 9.000 millones bajo el cual el Banco de Italia clasifica a un banco como “pequeño”…

Pero por diminuto que sea, al Papa Francisco le importa mucho el IOR. Quiere que sea un ejemplo de virtud para todas las administraciones de la Iglesia. Limpio, ahorrador, casi penitencial.

El pasado mes de mayo, la actual junta del IOR, cuya cabeza es el francés Jean-Baptiste de Franssu, quiso dotarse con una SICAV, una sociedad de inversión de capital variable, con sede en Luxemburgo, para rentabilizar el dinero a su disposición. Algunos de los cardenales del consejo de vigilancia, del que forma parte Parolin, levantaron sus objeciones a esta propuesta y la decisión acabó sobre la mesa del Papa, que la rechazó. A Francisco no le gusta la idea de un banco de inversión con la Iglesia de por medio.

Jorge Mario Bergoglio tiene aún frescos en su memoria los desastres de algunas diócesis de su Argentina, a cuyo auxilio él tuvo que llamar precisamente al IOR. E instintivamente desconfía de las aventuras financieras de muchas órdenes religiosas, incluso de las que tienen los motivos más nobles.

El último de estos casos proviene de Brasil, donde los misioneros oblatos de María Inmaculada han invertido 7 millones de dólares en un fondo que destinará parte de las ganancias a la construcción de escuelas y ambulatorios en zonas deprimidas. El resultado de todo esto se verá. También los frailes menores franciscanos, teóricamente emblema de una “Iglesia pobre para los pobres”, hicieron en los últimos años inversiones similares, incluso mayores, tanto mobiliarias como inmobiliarias, con el fin de socorrer a los niños de la calle y a los enfermos de SIDA. Y han acabado al borde de la quiebra, con la dimisión del fraile ecónomo y la sustitución del superior general, José Rodríguez Carballo, que sin embargo es estimado y ha sido premiado por el Papa Francisco que lo ha querido cerca de sí en la curia como secretario de la congregación para los religiosos.

En Italia, el 8 por mil de los impuestos generales, que se devuelve a la Iglesia sobre la base de las firmas de los contribuyentes y que suma un importe total anual de casi mil millones de euros, está gestionado a nivel central con el doble control de la Iglesia y el Estado.

Un tercio de esta cifra se dedica a la remuneración de los sacerdotes, cuyo sueldo está congelado desde hace años entre un mínimo de 900 a un máximo de 1.300 euros brutos al mes, según la edad y las competencias. Más de un cuarto se destina a obras de caridad, como la reciente ayuda para las víctimas del terremoto de Nepal: tres millones de euros frente a los miserables veintidós millones concedidos por el resto del mundo en conjunto. Otra suma va a los tribunales eclesiásticos regionales para permitir la casi gratuidad de los procesos de nulidad matrimonial. Y suma y sigue.

Pero todo esto sucede a nivel central. En las diócesis, a nivel individual, la sana administración es una incógnita. En la diócesis de Terni, por ejemplo, para cubrir la mitad de los veinticinco millones de descubierto dejados por su penúltimo obispo, el actual presidente del pontifico consejo para la familia Vincenzo Paglia, el IOR se ha desangrado.

En el Vaticano, el ámbito administrativo y financiero es el único en el cual la tan declarada reforma de la curia ha dado pasos hacia adelante, con el enérgico cardenal George Pell en posición superior, llamado desde Australia por el Papa Francisco pare ocupar el cargo de prefecto de la recién creada secretaría para la economía.

Pero incluso antes de que Pell aterrizara en Roma el contraataque de la vieja curia ya había abierto el fuego. Y no le ha dado tregua, incluso sacando de nuevo a la luz viejas y no demostradas acusaciones de haber “cubierto” algunos abusos sexuales en su diócesis.

Su proyecto de concentrar en un único Vatican Asset Management no sólo el control, sino también la titularidad de todos los bienes financieros e inmobiliarios de los distintos institutos curiales ha chocado con un rechazo general y ha naufragado rápidamente.

Ha sido rechazada también la idea más circunscrita de separar en el IOR las actividades de servicio de las de inversión. El mismo Papa Francisco, titubeante, ha pisado el freno.

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2 comments for “Finanzas vaticanas: Quién acelera y quién frena

  1. José Antonio Torres Ocampo
    25/07/2015 at 5:23 PM

    DIOS ESPÍRITU SANTO ILUMINE A NUESTRO SANTO PADRE PARA QUE ESOS “ESPÍRITUS RAROS” SEAN ESPANTADOS DEL VATICANO, Y LAS MEDIDAS QUE AL RESPECTO TOME SEAN LAS QUE DIOS SABE CÓMO DEBEN SER..

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