Por Luis Alejandro Rizzi.-

Es cierto lo de José López con bolsas de dinero mal habido, tratando de ingresar a un monasterio para esconderlo, superó al surrealismo.

Pero esas imágenes, como las de La Rosadita, ponen de manifiesto el estado de nuestra sociedad, que ha tolerado la generalización de la corrupción como un “uso” fatal.

Sería un error convertir a López en un ejemplo vivo y concreto de la corrupción, ya que tan responsable como este ex funcionario público son los que aportaron los fondos para hacerla posible y la sociedad que durante doce años la mantuvo viva con el voto y que incluso en las últimas elecciones, en el balotaje, estuvo a sólo 2 puntos de ganar.

López sólo es una de las fotografías incompletas de la corrupción, que nos puede hacer creer que todo empieza y termina en él. Lo mismo podríamos decir de Ricardo Jaime y de tantos otros que pasaron por la función pública.

Pero en esa fotografía faltan los que pusieron el dinero, tanto o más culpables que los beneficiarios de esas dádivas.

El presidente de la Cámara de la Construcción, Juan Chediack, dijo, según el portal INFOBAE que: “Cristina, De Vido y José López sabían perfectamente que había empresas que cobraban antes que otras” y que “la ex presidente sabia del sistema de corrupción”. Pero la pregunta que cabe hacerse es por qué no hizo las denuncias pertinentes. No es suficiente decir que había funcionarios que sabían sobre las anomalías existentes. Es una actitud muy complaciente propia de Poncio Pilatos.

En esa eventual fotografía también debería estar la sociedad, que fue la principal perjudicada por la corrupción, ya que cientos de personas han muerto en accidentes ferroviarios y viales por la pésima calidad de los servicios y de nuestras rutas, ya que la mayoría de las obras previstas no se realizaron o se hicieron muy parcialmente, como la autovía de la ruta 7, que sólo llega a San Andrés de Giles cuando debió extenderse hasta Junín, o la de la ruta 8, que luego de años de trabajo no se logró completar un tramo de 10 km (sic).

Pero la sociedad prefirió el “voto licuadora” o el “dólar ahorro”.

Hay otro tipo de corrupción que tiene que ver con la idoneidad profesional para desempeñar funciones públicas y hemos tolerado varios ministros de economía incapaces de atreverse a terminar con las anomalías del INDEC, a dos secretarios de comercio que hicieron uso y abuso de las famosas DJAI violando la propia normativa que las había creado y ningún fiscal fue capaz de promover las acciones que correspondían por incumplimiento de los deberes de funcionario público del art. 248 del C. Penal y otros tantos cuya manifiesta incapacidad era otro de los síntomas de un tipo de corrupción que corroe mas las instituciones que los que piden o aceptan dadivas.

Hay comportamientos privados corruptos como los paros sorpresa por cualquier estupidez, como el ocurrido en la línea B del metro el pasado día 15 o el 16 a la mañana en Aerolíneas Argentinas porque se generalizó un problema de seguridad por una agresión sufrida por un empleado de la empresa y respondieron agrediendo a centenares de personas que vieron demorados sus vuelos y a los miles que pagamos impuestos para mantenerla en el “aire”. Un verdadero ojo por ojo. Para colmo, estos hechos son tolerados por las autoridades y las empresas que no se animan a castigar la violación de la ley. Falta de idoneidad por donde se lo mire.

Más vale que no caigamos en aquello de que “López se pudra en la cárcel”, porque además las cárceles no son para castigo sino para seguridad de los reos, más bien deberíamos revisar nuestros comportamientos y nuestra escala de valores porque la verdad sea dicha “vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseados” pero felices por haber podido consumir, sin advertir que al gastar pagamos impuestos que permitían mantener este sistema corrupto en todo su sentido.

La idoneidad es esa cualidad que implica honestidad, capacidad profesional y carácter para tomar las decisiones necesarias para promover el bien común. Sin estas tres cualidades no hay idoneidad.

La idoneidad parcial es como mentir diciendo solo una parte de la verdad.

Parafraseando el título de un libro del “Tata” Yofre, deberíamos decir, para salir de esta era de morbosidad en la que el viejo régimen populista, se resiste a morir y el nuevo continua siendo un cómodo feto, “somos todos culpables…”

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