Mauricio Macri y el espionaje ilegal

Ha causado estupor la existencia de un sistema de espionaje ilegal durante la presidencia de Mauricio Macri. Tomaron estado público nombres de políticos (oficialistas y opositores), de periodistas (oficialistas y opositores), de miembros del Poder Judicial, y de miembros de diversas organizaciones civiles. La figura rutilante es, obviamente, la vicepresidenta de la nación y ex presidenta, Cristina Kirchner. Se trata, qué duda cabe, de una práctica reñida con la legitimidad y legalidad democráticas, de un atentado a la privacidad e intimidad de las personas, de un ataque artero contra las libertades y derechos individuales. El espionaje ilegal sólo puede ser ordenado por una persona que psíquicamente no está en sus cabales. Alguien sano espiritualmente sería incapaz de pretender conocer todos y cada uno de los pasos dados por aquellos a quienes considera potenciales enemigos.

Ha quedado dramáticamente en evidencia un hecho aterrador: entre 2015 y 2019 estuvo sentado en el sillón de Rivadavia una persona enferma, un psicópata cabal, un cínico e inescrupuloso incapaz de sentir empatía alguna por las personas. De ahí la enorme importancia de conocer la historia clínica de los candidatos a presidente. Los ciudadanos tenemos el derecho de saber cómo están física y mentalmente los competidores por la presidencia de la nación. De haber tomado estado público en la contienda electoral de 2015 el deterioro de la salud mental de Macri seguramente no hubiera sido elegido para ocupar el cargo político más relevante del país. Nos hubiéramos evitado un sinnúmero de sinsabores que nos atormentaron durante cuatro largos e insufribles años.

Pero en este asunto hay que ser honesto intelectualmente. Los servicios de inteligencia siempre actuaron al margen de la ley. Ningún presidente pudo con ellos. Para poner un ejemplo contundente. Jaime Stiuso ingresó a la inteligencia en 1972, es decir durante la presidencia de Lanusse. Se mantuvo hasta que Cristina descabezó, en 2014, la cúpula de la SIDE. Ojalá algún día Stiuso brinde una conferencia de prensa y cuente todo lo que sabe. Sería un acontecimiento histórico. Porque este personaje debe conocer todos los secretos de Lanusse, Cámpora, Perón, Isabel, Videla, Viola, Galtieri, Bignone, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Saá, Duhalde, Kirchner y Cristina. Siempre se manejó al margen de la ley y ninguno de los presidentes nombrados fue capaz de controlarlo. ¿Acaso le tuvieron miedo?

Creo que en la Argentina el control democrático de los servicios de inteligencia es, al menos por ahora, una misión imposible. Me parece que Alberto Fernández y Caamaño están tratando de hacer algo al respecto. Pero dudo que tengan éxito.

A continuación paso a transcribir partes de un interesante artículo de Oscar Segura sobre el espionaje, la privacidad de las personas y la democracia.

La vida de los otros: espionaje, privacidad y democracia

ÓSCAR SEGURA*

1-Estamos siendo observados, monitoreados, espiados. La fantasía del Gran Hermano es cada día más real en nuestra vida llena de celulares, correos electrónicos, faxes y comunicaciones en tiempo real. Nunca como antes los seres humanos hemos tenido tantas oportunidades para comunicarnos como en la actualidad, sin embargo las posibilidades de un mundo sin privacidad parecen cada vez más cercanas. Lo que para muchos es paranoia y exageración, para otros es realidad, nada más notemos que la primera decisión que tomó el nuevo presidente electo Barack Obama al asumir el poder fue negarse a que le quiten su adorado BlackBerry. Aparentemente una simple anécdota, lo cierto es que la amenaza de ser “chuponeado” es para todos, incluso para el líder de la primera potencia del planeta. El espionaje es más común de lo que creemos y, por lo visto, es un fenómeno global muy vigente. La última trama de este tema se dio recientemente en España desde el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, controlados por el Partido Popular, donde aparentemente existía hasta hace poco una red de vigilancia que paradójicamente se dirigía a las figuras importantes del propio partido. Otro ejemplo de interceptación, pero esta vez masiva, provino del mundo empresarial italiano el año pasado: la famosa empresa de comunicaciones Telecom creó una red de espionaje telefónico que involucró a detectives privados, hackers, policías corruptos y miembros de la propia empresa. El destape periodístico descubrió que esta compañía intervino las comunicaciones de por lo menos 6 mil personas e invirtió 40 millones de euros para reunir información personal de funcionarios públicos, empresarios y hasta de figuras del fútbol profesional italiano. El afán por saberlo todo es ya un componente de la cultura política contemporánea, y se comienza a extender a los ciudadanos comunes. Los riesgos son varios e incluyen el hecho de que esto sea parte del paisaje cotidiano y que la privacidad sea cosa del pasado cuando un fin superior lo exige.

2-La privacidad se está convirtiendo en un bien escaso en el mundo contemporáneo. La sospecha permanente ya no solo pertenece a las altas esferas del poder, sino a los ciudadanos comunes. Así, lo que fueron inicialmente grandes adelantos tecnológicos se están convirtiendo en una amenaza para la privacidad individual, pues han acelerado las posibilidades de recolectar información personal. Ahora nuestros comportamientos, identidad, gustos, etcétera, están siendo reproducidos a través de una larga cadena de niveles gubernamentales y corporativos, creando una peligrosa concentración de información identificable. Estamos yendo hacia la conformación de un modelo muy parecido a un estado hobbesiano, que mediante la acumulación de datos de sus ciudadanos busca mantener la seguridad. El problema con la idea de la necesidad de recortar libertades a favor de la seguridad es: ¿quién asegura que los “buenos propósitos” no conducirán a malos propósitos de manipulación y discriminación? Ya estamos viendo las consecuencias de este monitoreo de información privada en la muy democrática Gran Bretaña, donde una institución legal como el hábeas corpus ha sido modificada para permitir que la policía mantenga detenida a una persona sin cargos hasta por 42 días, con el objetivo de cruzar datos que puedan conducir a encontrar vínculos con redes terroristas. El miedo se ha apoderado de los países democráticos, que han dispuesto que algunos derechos bien pueden esperar a cambio de garantizar la seguridad absoluta. Lo que se está generando es un choque entre libertad y seguridad que, a su vez, es un enfrentamiento entre la política y la ética. Mientras que para algunos la seguridad es una necesidad política, para otros, el sacrifico de la libertad no es una opción ética. En la primera domina lo posible, en la segunda lo deseable. Y a veces lo deseable no es posible, por lo menos temporalmente. El caso de la ética es el de los fines últimos, mientras que el de la política es la estrategia. Por esta razón, la lógica política a veces choca con la ética, sobre todo cuando la acción política se ve obligada a utilizar medios que atentan temporalmente contra los fines últimos precisamente para hacer su logro posible. Debido a este espionaje en nombre de la guerra contra el terror, gran parte de las tradiciones democráticas se están perdiendo, gracias a lo cual los servicios de inteligencia se están convirtiendo en apéndices de los políticos y de sus propias paranoias. Por otro lado, la estrecha relación entre empresas privadas y Estado está teniendo un efecto nefasto y creando un precedente que puede convertirse en una práctica cotidiana. La acumulación de poder y tecnología en pocas manos corre el riesgo de convertirse en una amenaza contra el sistema democrático.

*-Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto de Investigación Ortega y Gasset (España) y licenciado en periodismo. Actualmente labora en el área de comunicaciones de Amnistía Internacional-Perú.

Hernán Andrés Kruse

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