Por Carlos Tórtora.-

El plan de Javier Milei para ser reelecto pasaba por una etapa intermedia: la sanción de la reforma electoral eliminando las PASO y dejando al PJ sin la posibilidad de articular su dura interna a través de una primaria que evite su ruptura. En los últimos 90 días, a medida que se iba complicando el apoyo a la reforma electoral por parte del PRO, la UCR y los gobernadores dialoguistas, el gobierno conservó discretamente una bala de plata. Esto es, que el kirchnerismo apoyara la eliminación de las PASO a cambio de que la elección de los candidatos quedara en manos de cada partido. Entonces, usando su poder en el PJ, el cristinismo proclamaría la candidatura de Cristina Kirchner como un desafío a su inhabilitación judicial. Semejante jugada, por su repercusión, dejaría a la candidatura de Axel Kicillof mortalmente herida y la expresidente podría impulsar entonces a Sergio Uñac u otro candidato. Semejante tembladeral peronista favorecería la reelección de Milei, pero Cristina retendría el control del peronismo y se consolidaría como jefa de la oposición. Pero ella acaba de decirle no a Milei.

Anteayer ella hizo saber que las PASO son fundamentales para el peronismo y que no apoyará su derogación ni suspensión. Se consuma así prácticamente la defunción del proyecto de reforma electoral y, en buena medida, la reducción al mínimo de las chances de reelección.

Aunque a los tumbos, el PJ se encamina así a conservar su unidad formal a través de una PASO entre Kicillof y Uñac y tal vez otro más. De este modo se movilizaría el voto tanto de los que apoyan como los que critican a Kicillof y Milei podría aparecer perdedor ante la gran movilización opositora, apoyada para el ballotage por Myriam Bregman con una izquierda que ya es tercera fuerza.

El retorno del peronismo al poder sería entonces la resultante de una sociedad empobrecida e izquierdizada.

El ajedrez de Patricia

En paralelo con el no de Cristina, Patricia Bullrich, con su estrategia de disidencia desde el bloque de senadores, está condenando a muerte la reforma electoral y paralizando varios de los proyectos de leyes que envió el Ejecutivo, por ejemplo, el de inviolabilidad de la propiedad privada. Inteligentemente, Bullrich no habla de las PASO y menos aún de la reelección de Milei pero sabotea a ambas sutilmente. Todavía no brotó la disidencia bullrichista en el bloque de diputados de LLA pero sería sólo cuestión de días para que ocurra.

En el mundo financiero y de los mercados, todos sus protagonistas saben muy bien lo que significa para la gobernabilidad perder el control del Senado. Es una herida grave para un presidente que no cuenta con un solo gobernador propio y cuyo partido, LLA, es una estructura débil e improvisada. No es exagerado entonces anticipar que el nuevo panorama va a tener un alto costo para el programa de Luis Caputo, porque los mercados, ante el avance de Kicillof, congelarían sus negocios en la Argentina.

La operación de Bullrich es de tal gravedad que prácticamente lo ha dejado a Milei mudo: no se decide a expulsarla pero tampoco negocia en público con ella porque sería admitir su derrota.

De este modo dos mujeres, Cristina y Patricia, sin ninguna coincidencia aparente, están enterrando el sueño de la reelección presidencial.

Share