Por Luis Alejandro Rizzi.-

Una vez más debo recordar aquel editorial de “The Guardian” que decía que “los comentarios son libres y los hechos sagrados”.

La muerte del “INDIO SOLARI” y la convocatoria que generó fue un “hecho” que no puede pasar inadvertido para el periodismo.

Reconozco que el rock nunca estuvo en mi órbita, salvo muy fugazmente, cuando Billy Halley lo presentó como tema musical de aquella película que protagonizaron Glen Ford y Sídney Poitier, “Semillas de maldad”, en la que, en definitiva, muestra cómo la cultura, en el sentido orteguiano, puede contra el mal o quizás, mejor dicho, la incomprensión.

No se cuánta gente convocó la despedida del “indio”, pero fue mucha; fue gente que, como decía Vinicius de Moraes, encontró un motivo para “encontrarse” en una Argentina desencontrada y en la que el gobierno cultiva el odio y la agresión, Solari cantó “Si no hay amor que no haya nada…”, verso con un contenido filosófico concreto y profundo que sintetiza cientos de páginas.

Es preferible “nada” al odio. “Nada” sería el opuesto al “amor”, una carencia, el odio es un vicio o enfermedad.

“Violencia es mentir”, a Ivez Michaud le llevó páginas explicar la “violencia silenciosa”, tanto o más cruel que la ruidosa o grosera.

“Los genios son buenos servidores y malos amos”, que serían los “sabios bárbaros”.

“Vivir sólo cuesta vida” porque la vida es una tarea que cansa.

El “indio” era un hombre de talento y culto, y esas virtudes son las que generan este encuentro espontáneo y reconfortante de “mucha gente”.

La sociedad quiere ser mejor a pesar de los gobiernos.

“El que abandona no tiene premio”. Ayer mucha gente estuvo presente.

El “Indio”, con su muerte, nos supo traer un puñado de alegría, y yo lo pude empezar a conocer.

Los hechos son sagrados, mi comentario es libre.

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