Por Luis Alejandro Rizzi.-

Un distintivo de “cultura o sabiduría” es poseer “…principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar», como lo señaló León XIV, cualidades de las que carece no sólo el gobierno, sino en general las ideas que predominan, la famosa “liquidez cultural”, que sólo se concentra en los beneficios del lucro financiero.

No lo afirmo desde la endeblez de las moralinas, ni desde una perspectiva sofística como son las “fuerzas del lucro” -del cielo para la gilada- que rodean a la línea “Caputito-Caputo”, que definen a esta casta que también nace de la corrupción y el culto a estos nuevos sacerdotes o pastores paganos, “expertos en negocios celestiales”, como parecen ser los de la Hidrovía y otros más de público conocimiento.

Le va bien, parafraseando una vez más a León XIV, a quienes se solazan en el “síndrome de Babel”, “la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles”, que bajan el riesgo país para potenciar el valor nominal de los bonos argentinos que permitirán obtener pingües beneficios en poco tiempo, explotando el “valor de la deuda pública”, cuyo peso cae en los “plomeros y carpinteros argentinos” de los conurbanos…” que recién en el 2050, cuando hayan muerto, podrían disfrutar de la paz de los cementerios privados, que serán los residuos de la renta energética, y que me recuerdan aquellos versos de don Atahualpa Yupanqui que podrían decir hoy “…los muertos son de nosotros, las regalías fueron ajenas…”

La industria, la construcción y el consumo siguen cayendo o estancados, por cuyo motivo la macroeconomía no anda bien y la tesorería comienza a sufrir y tener resultados negativos -déficit fiscal-, como lo explicó Florencia Donovan en el diario “La Nación” en su columna de los jueves.

Ni la energía ni la minería derraman, y mucho menos la baja del riesgo país, que sí derrama, pero entre los especuladores y “traders”.

En verdad no hay derrame, sino más bien aspiración de riqueza en beneficio de los que se apoderan del estado invocando olimpos donde imperan los vicios de la humanidad.

Manuel Adorni, al generalizar “todos negrean”, estableció la pauta valorativa de su moral, mediocridad vulgaridad y chabacanería.

“Bitcoins» con mileísmo y good show…

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