Por Gustavo Oscar Colla.-
Antes que nada, mis respetos, ante el fallecimiento de un músico argentino que, sin lugar a dudas, movilizó multitudes, siendo lo más destacable la espontaneidad de dicha movilización.
Dicho esto, cabe acotar que nos encontramos una vez más frente a las grandes contradicciones del gen argentino. Se habla del rock, de música rockera, de su afinidad con ideas «populares», que se exteriorizan con la clásica V de la victoria peronista. Por su supuesto, con su correlativo odio al «país del Norte».
Está bueno recordar que el verdadero nombre del género musical es «rock and roll» y tuvo sus orígenes en la década de 1950 a través de una orquesta denominada «Bill Halley y sus Cometas», con dos temas clásicos que, habiendo sido llevados al film, se bailaban en los pasillos de los cines, «Al Compás del Reloj» y «Hasta Luego Cocodrilo».
Todo bien con los «ricoteros» y tantas otros grupos musicales que han desfilado con mayor o menor suerte por los escenarios nacionales. Pero el odio nunca es sano, y trasladarlo al «país del Norte», es ignorar el nacimiento de una música tan placentera, tanto para el canto como para la danza. Es caer en una enorme contradicción que nos debe llevar al aprendizaje de que la música debe unir y no separar a los humanos.
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