Por Paul Battistón.-
Está a cierta distancia de la magia de los giros enredados sobre sí mismos de Diego Maradona (les llamaban gambetas)
Ver un video con las burlonas escaramuzas de Ronaldinho indica pensar en un halo de exageración en cuanto a todo lo dicho e indicado sobre Lionel Messi. Pero los números, las estadísticas y los resultados dicen lo contrario, lo coronan como definitivamente el más grande.
¿Cómo redondea esos logros sin las curvas imposibles de Diego? ¿Cómo logra sus podios sin la samba burlona de Ronaldinho? En Messi todo es más recto sin blanco casual. Sus disparos de velocidades variadas llevan la determinación precisa de una ecuación de recta y el arribo a un punto en el tiempo precisado por un movimiento rectilíneo casi uniforme. La mirada de Lionel conlleva una natural forma de obtención de pendiente en el plano de juego con respecto al eje de ordenadas determinado por su desplazamiento.
Lionel es una precisa máquina de disparar trayectorias eficientes en la búsqueda de alcanzar un punto determinado (compañeros de juego o inmediatas nuevas posiciones ocupadas por el mismo). Y en un grado más elevado de habilidad logra interceptar trayectorias rectas en tiempos coincidentes, la de su disparo con la posición geométrica de su compañero desplazándose en otra trayectoria recta.
Llevando su capacidad de elaborar trayectos útiles a su mínima expresión es cuando encontramos su danza casi tanguera esquiva de ondulaciones sensuales formada por cortos disparos entre las sucesivas y propias posiciones de sus pies. Messi no enreda a sus oponentes con curvitas, los saltea con perfectas rectas de corto trayecto hasta el certero instante de su repentina fuga de ese pequeño espacio de conflicto superado.
Las curvas también son suyas en la apropiada distancia de los tiros largos (esos donde de todas formas la rectitud se pierde). Tras la enseñanza de Maradona en 2010 (la de acompañar la pelota con el pie para que esta sepa su destino), Lionel ha logrado en los tiros de pelota detenida la casi perfección de las parábolas capaces de envolver todo lo interpuesto para encontrar los arcos indicados por el acompañamiento de su pie (en lo posible siempre en los ángulos).
En movimiento y bajo presión (enojo próximo a un insulto como bobo), ecuaciones de recta de precisión asombrosa. Con pelota detenida, parábolas de trazado virtuoso.
No todo es maravilla, el punto penal tiene una distancia insuficiente para una parábola de velocidad útil y una cercanía que obliga a utilizar del engaño ante los nuevos monstruos de la portería para que un disparo recto no se intersecta con un desplazamiento corpóreo obligado a la rectitud dentro del plano del arco. La velocidad es un componente que puede ser utilizado para el caso en que la coincidencia de las trayectorias deba ser subsanada con la diferencia temporal de décimas de segundo en el cruce de los trayectos. Lionel no alcanza esa velocidad necesaria en esa corta distancia para obtener mejor rendimiento en ese punto blanco.
Las palabras de Messi son simples y de una concluyente sinceridad temática, en él está esa prioridad algebraica inconsciente que aflora de sus movimientos, pensamientos y frases en forma de fútbol. Lionel es el matemático del campo verde y su comunicación es en trazas por sobre explicaciones en elocuentes letras.
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