Por Enrique Guillermo Avogadro.-

“El nivel de indigencia y pobreza en la población trepa al ritmo del déficit fiscal, de la inflación y las devaluaciones de la moneda”. Willy Kohan.

A pesar de la penosísima decadencia que sufre la Argentina desde hace ocho décadas, en la mitad de las cuales fue gobernada por distintas variantes del “justicialismo”, hoy los responsables de tamaña catástrofe económica, política, social y educativa y del probado (pero aún no totalmente mensurable) saqueo al que sometieron al país, pretenden regresar al poder para seguir destruyéndolo.

Y lo hacen encaramados sobre los monumentales errores que comete el Ejecutivo, sobre todo en materia comunicacional, y la absoluta falta de empatía que demuestran sus funcionarios frente a las penurias que atraviesa una gran parte de la ciudadanía, que lo votó ya dos veces pese al fuerte ajuste impuesto para bajar la inflación. Estas torpezas del oficialismo, derivadas de la falta de explicaciones previas, en temas muy caros a la sensibilidad social – financiamiento universitario, Garrahan, discapacidad, cultura, etc. y, ahora, la “ley de tierras” – y también de la inmundicia en que ha convertido el proceso de designación de los jueces – han habilitado al pero-kirchnerismo a apropiarse del “relato” y enarbolar banderas que su propia historia exhibe como falsas, pero que la habitual falta de memoria del electorado le permite.

El fantasma de ese retorno a un pasado trágico preocupa, alarma y petrifica, razonablemente, a los potenciales inversores, sean locales o foráneos, capaces de generar empleos de calidad, registrados y con buenos salarios en todo el país, que son los únicos que podrían revertir el sentido de la pendiente descendiente que transitamos hace tantos años. Todos esos factores, sumados a su terrible y consuetudinario comportamiento como pésimo deudor, contribuyen a la imposibilidad que encuentra nuestro país en acceder a los mercados voluntarios de crédito, indispensables para reconstruir la obsoleta y, literalmente, destruida infraestructura caminera, portuaria, ferroviaria y de distribución energética.

Gracias a Dios, después de dos años y medio de intentar gobernar en absoluta soledad y con manifiesto desprecio hacia quienes podían prestarle apoyo, Javier y Karina Milei parecen haber aprendido de experiencias pasadas ya que, al haber llegado a la Casa Rosada sin partido ni gobernadores y legisladores propios, no les fue nada fácil obtener las leyes a las que aspiraban, y comprendido que ahora les resultará aún más arduo enfrentar las elecciones presidenciales sin acordar y sumar a otros espacios políticos afines, en especial en la crucial Provincia de Buenos Aires.

En ésta se encuentran concentrados el 46% del padrón electoral nacional y los más voluminosos bolsones de pobreza del país, pese a que este penoso fenómeno se extiende a otras provincias y capitales, y ella misma es el problema de más difícil resolución. Y ya que será casi imposible modificar acendrados patrones culturales generados por décadas de populismo, de inmigración descontrolada y de falta de planificación geográfica, factores que condenan necesariamente a la exclusión y a la miseria, todos – en especial, el H° Aguantadero – debiéramos encarar ya mismo racionales políticas tendientes, al menos, a evitar que esos males continúen proyectándose en el futuro, mientras inventamos algún sistema que permita proteger a tantos desamparados, hoy víctimas de la usura, las drogas, el juego, la trata de personas y la violencia cotidiana, a los cuales ni siquiera les resulta posible desplazarse hacia otras latitudes.

En estos años, por la senda de la normalización de la macroeconomía y de los diferentes programas de apoyo (seguridad jurídica) a la minería y la energía, han aparecido de la noche a la mañana grandes oportunidades laborales, en especial en la zona cordillerana, aunque también hayan resurgido con fuerza los servicios y las producciones regionales vinculadas a la agro-industria. Sin embargo, la falta de educación pública de calidad y la consecuente carencia de profesionales y técnicos aptos para incorporarse a esas actividades hacen que las empresas encuentren muy serias dificultades a la hora de incorporar personal, aunque los sueldos sean enormemente más altos que el promedio nacional.

Tanto en Europa – Rusia vs Ucrania – cuanto en Oriente Medio, las guerras continúan prolongándose mucho más allá de las previsiones originales de Vladimir Putin y Donald Trump, y en ambos escenarios la situación parece haberse estancado. Moscú no sólo no ha podido vencer a las fuerzas de Volodimir Zelensky pese a la superioridad numérica de sus tropas sino que soporta ataques sobre su infraestructura energética, aún en locaciones distantes mil quinientos kilómetros del frente, que están produciendo escasez de combustibles. Y Washington tampoco ha podido siquiera reabrir el tráfico marítimo – que se encontraba abierto antes de la guerra – del estrecho de Ormuz, que aún controla la Guardia Revolucionaria iraní, ni mucho menos destruir las instalaciones nucleares de Teherán. Peor aún, los asesinos ayatollahs insisten en activar a los hutíes de Yemen y éstos han atacado instalaciones petrolíferas y portuarias de Arabia Saudita, poniendo en riesgo el tránsito por el estrecho de Bar el-Mandab y el Mar Rojo, amenazado también por los piratas somalíes del Cuerno de Africa.

Y Venezuela continúa provocando alarmas, puesto que EEUU, que controla el país y su petróleo desde la detención de Nicolás Maduro, permite que la dirigencia chavista encabezada por Delcy Rodríguez, Presidente provisoria, siga conduciendo el proceso de normalización y dilatando un llamado a elecciones que, de acuerdo a las disposiciones de la propia Constitución del régimen, ya hubieran debido producirse hace tiempo. María Corina Machado, lideresa de la oposición probadamente mayoritaria, ha sido excluida de todas las negociaciones y los funcionarios del Departamento de Estado, a cargo de Marco Rubio, hasta le han impedido entrar al país aduciendo que su presencia dificultaría cualquier solución transaccional con los criminales torturadores y ladrones que aún gobiernan.

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