Milton y Rose Friedman y el poder del mercado (primera parte)

En el primer capítulo de su libro “Libertad de elegir”, Milton Friedman y su esposa Rose analizaron el poder del mercado. Escribieron los autores:

“Cada uno de nosotros utiliza cotidianamente un sinfín de bienes y servicios (para alimentarnos, vestirnos, protegernos de los elementos o, simplemente, para disfrutar). Damos por descontado que los tendremos a nuestra disposición cuando deseemos adquirirlos. No nos paramos nunca a pensar en cuánta gente ha sido necesaria de una u otra forma para producir esos bienes y servicios” (…) “Es natural aceptar que alguien debe dar órdenes para asegurar que se fabriquen los productos “adecuados” en las cantidades “precisas”, para estar disponibles en los lugares “necesarios”. Este es un método utilizado para coordinar las actividades de gran cantidad de personas: el que emplea el ejército. El general da órdenes al coronel, éste al capitán, que las transmite al teniente; éste, a su vez, al sargento, y el sargento al soldado raso”. “Pero esta forma de mando jerárquico sólo puede ser el método de organización exclusivo e incluso principal en un grupo muy reducido” (…) “Ningún ejército numeroso puede funcionar sólo a través de órdenes. Es imposible que el general pueda tener la necesaria información para dirigir todos los movimientos del último soldado. En cada eslabón de la cadena de mando, el militar, tanto si es oficial como soldado raso, debe disponer de información acerca de determinadas circunstancias que acaso no conozcan sus superiores. Las órdenes deben ir acompañadas por la cooperación voluntaria” (…).

“Del mismo modo que ninguna sociedad funciona completamente en base al principio jerárquico, tampoco hay ninguna que lo haga de manera exclusiva en base a la cooperación voluntaria. Toda sociedad tiene algunos elementos de imposición, que adoptan varias formas. Pueden ser tan sencillos como el servicio militar obligatorio…O bien, en el otro extremo, pueden ser tan sutiles como la imposición de pesados gravámenes a los cigarrillos para que se deje de fumar” (…).

“La diferencia es enorme según sea la mezcla, si el intercambio voluntario es ante todo una actividad clandestina que surge a causa de las rigideces de un elemento jerárquico dominante, o si el intercambio voluntario es un principio mayoritario de organización complementado en mayor o menor medida por elementos de imposición. El intercambio voluntario clandestino puede evitar el hundimiento de una economía que funcione a base de órdenes, permitir que vaya tirando e incluso hacer que consiga algún progreso. Pero poca cosa puede hacer para minar la tiranía sobre la que se asienta un sistema económico predominantemente “de mandato”. Por otra parte, es cierto que una economía fundada ante todo en el intercambio voluntario tiene en su seno el potencial necesario para promover la prosperidad y la libertad humanas. Puede que no se agote ese potencial en ningún sentido, pero no tenemos noticias de ninguna sociedad que haya conseguido la prosperidad y la libertad sin que éste haya sido su principio dominante de organización. Apresurémonos a añadir que el intercambio voluntario no es condición suficiente para lograr la prosperidad y la libertad” (…) “Pero el intercambio voluntario es una condición necesaria tanto para la prosperidad como para la libertad” (…).

“La idea clave de “La riqueza de las naciones” de Adam Smith es engañosamente sencilla: si un intercambio entre dos partes es voluntario, no se llevará a cabo a menos que ambas crean que dicho intercambio las beneficiará. Muchos errores económicos derivan del olvido de esta sencilla idea, de la tendencia inmutable a creer que hay una verdad inmutable: que una parte sólo puede ganar a expensas de la otra” (…) “El sistema de precios es el mecanismo que desempeña esta misión-inducir a personas que viven en partes tan distantes del mundo a cooperar para promover sus respectivos intereses-sin necesidad de una dirección centralizada, sin obligar a las personas a hablar entre sí o a que se gusten mutuamente” (…) “El mérito de Adam Smith consistió en reconocer que los precios que se establecían en las transacciones voluntarias entre compradores y vendedores-para abreviar, en un mercado libre-podían coordinar la actividad de millones de personas, buscando cada una de ellas su propio interés, de tal modo que todas se beneficiasen” (…) “El sistema de precios funciona tan bien, con tanta eficacia, que la mayoría de las veces no nos enteramos de ello. No nos percatamos de lo bien que funciona hasta que se estropea, e incluso entonces nos cuesta reconocer el origen del problema” (…).

“Los precios desempeñan tres funciones en la organización de la actividad económica: primero, transmiten información; segundo, aportan el estímulo para adoptar los métodos de producción menos costosos, y por esa razón inducen a emplear los recursos disponibles para los empleos mejor remunerados; tercero, determinan quién obtiene las distintas cantidades del producto, la llamada “distribución de la renta” (…).

“El sistema de precios sólo transmite la información importante y únicamente a las personas que necesitan conocerla. Los explotadores de madera, por ejemplo, no tienen por qué saber que la demanda de lápices se ha incrementado debido a una explosión demográfica o porque 14.000 nuevos impresos de la Administración se han de escribir a lápiz” (…) “Lo único que tienen que saber es que alguien está dispuesto a pagar más por la madera y que el precio más alto puede mantenerse el tiempo suficiente para que sea aconsejable satisfacer la demanda. Los precios del mercado proporcionan ambos aspectos de la información (el primero por el precio actual, el segundo por el precio que se ofrece para las entregas futuras)” (…) “La transmisión de información a través de los precios se ve enormemente facilitada en la actualidad por mercados organizados y por posibilidades de comunicación especializada. Es un ejercicio fascinante seguir la cotización diaria de los precios insertada, pongamos por caso, en el Wall Street Journal, para no citar las numerosas publicaciones comerciales más especializadas” (…).

“Todo lo que impide que los precios expresen libremente las condiciones de la oferta y la demanda obstruye la transmisión de información correcta. El monopolio privado-control de un determinado artículo por parte de un productor o de una agrupación de productores-constituye un ejemplo de ello. No impide la transmisión de información a través del sistema de precios, pero falsea la información transmitida” (…) “Por importantes que sean las distorsiones privadas del sistema de precios, en la actualidad el Estado es el principal foco de interferencias con el sistema de mercado libre, por medio de los aranceles y de otros obstáculos al comercio internacional, por las medidas de política interior tendientes a fijar o a afectar determinados precios, incluyendo los salarios, por las reglamentaciones públicas de sectores específicos, por las medidas monetarias y fiscales que producen inflación errática y por medio de otras muchas acciones”.

“Uno de los efectos negativos de la inflación consiste en que introduce “ruidos” o “interferencias” en la transmisión de información a través de los precios. Por ejemplo, si el precio de la madera sube, los madereros no pueden saber si es debido a que la inflación está aumentando todos los precios, o a que la madera está siendo objeto de una mayor demanda o de un menor suministro con respecto a los demás productos antes de que los precios se alterasen. La información que interesa para organizar la producción es, ante todo, la de los precios relativos-el precio de un artículo comparado con el precio de otro-. La inflación elevada, y especialmente la inflación muy variable, transmite esta información introduciendo en medida mínima elementos estáticos”.

“La transmisión efectiva de información correcta se desperdicia a menos que las personas adecuadas tengan un incentivo para actuar-correctamente-de acuerdo con dicha información” (…) “Uno de los aspectos positivos del sistema de libertad de precios es que aquellos que transmiten la información proporcionan incentivos para reaccionar y medios para hacerlo”. “Esta función de los precios está íntimamente relacionada con la tercera de las funciones-determinar la distribución de la renta-y no se puede explicar sin tomarla en cuenta. La renta del productor-lo que obtiene por sus actividades-viene dada por la diferencia entre la cantidad de dinero que cobra por la venta de su producción y la que gasta para llevarla a cabo. Coloca una contra la otra y produce hasta un punto en el cual producir una unidad suplementaria le costaría tanto como lo que obtendría por la venta de dicha unidad. Un precio más alto desplaza este margen”. “En general, cuanto más produce, más alto es el coste de producción…Pero entonces el precio más elevado le permite soportar este incremento de los costes y le incita a aumentar su producción, dándole también los medios para hacerlo”. “Asimismo, los precios aportan incentivos para actuar no sólo a base de información sobre la demanda de la producción, sino también acerca del mejor modo de fabricar un producto” (…).

“Hasta ahora nos hemos referido a los incentivos a productores y consumidores. Pero el efecto de incentivación se manifiesta también sobre los trabajadores y los propietarios de otros recursos productivos. Una mayor demanda de madera redundará en un salario más elevado para los leñadores. Esto es un indicio de que ese tipo de mano de obra es objeto de una demanda mayor que antes. El mejor salario da a los obreros un incentivo para actuar en base a esa información. Algunos trabajadores que no tenían interés en ser leñadores o se dedicaban a otra cosa, pueden preferir ahora hacerse leñadores. Más jóvenes que ingresan en el mercado de trabajo pueden seguir este camino. También en este caso las interferencias administrativas en forma de salarios mínimos, por ejemplo, o a través de sindicatos que restrinjan la entrada, pueden distorsionar la información transmitida o impedir que los individuos actúen libremente en base a esa información” (…).

“Tal como hemos explicado, la renta que cada persona obtiene a través del mercado se determina mediante la diferencia entre lo que ingresa en concepto de la venta de bienes y servicios y el coste de dicha producción. Los ingresos consisten principalmente en pagos directos por los recursos productivos que poseemos (pagos por el trabajo o por la utilización de terrenos o edificios u otro capital). El caso del empresario es distinto en la forma pero no en el fondo. También su renta depende de lo que ingresa por cada recurso productivo que posee y del precio que el mercado establece para los servicios de dichos recursos” (…) “De un modo parecido, la existencia de la gran empresa moderna no cambia las cosas. Hablamos de forma imprecisa de la “renta de la empresa” o de que una compañía obtiene beneficios. Se trata de un lenguaje figurado. La empresa es un intermediario entre sus propietarios-los accionistas-y los recursos distintos del capital de los accionistas, cuyos servicios adquiere. Únicamente las personas tienen rentas, y las obtienen a través del mercado por medio de los recursos que poseen, ya en forma de acciones de sociedades, de obligaciones, de terrenos o de su capacidad de trabajo” (…).

“En toda sociedad, por organizada que esté, la distribución de la renta siempre produce descontento. A todos nos cuesta trabajo entender por qué cobramos menos que otros que no parecen estar más preparados” (…) “En un sistema basado en las órdenes, la envidia y la insatisfacción apuntan a los gobernantes. En un sistema de mercado, apuntan al mercado” (…) “Por más que deseásemos lo contrario, es sencillamente imposible emplear los precios para transmitir información y procurar un incentivo para actuar en base a dicha información, sin utilizar también los precios con objeto de incidir e incluso determinar casi totalmente la distribución de la renta. Si lo que cobra una persona no depende del precio que se le paga por los servicios de sus recursos, ¿qué incentivo tiene para buscar información sobre los precios o para actuar de acuerdo con dicha información?” (…) “Si no hay ninguna recompensa por la acumulación de capital, ¿qué motivo habría para retrasar a una fecha lejana lo que se podría disfrutar hoy? ¿Por qué ahorrar?” (…) “Si se impide que los precios afecten a la distribución de la renta, no se pueden utilizar con otros propósitos. La única alternativa es el sistema de órdenes. Alguna autoridad tendría que decidir quién debería producir qué cosas y en qué cantidad. Alguna autoridad tendría que decidir quién debería barrer las calles y quién dirigir la fábrica, quién policía y quién médico”. “La íntima conexión existente entre las tres funciones del sistema de precios se ha revelado de un modo diferente en los países comunistas. Toda su ideología se basa en la supuesta explotación de la mano de obra en los países capitalistas y en la superioridad de una sociedad basada en los dictados de Marx: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”. Pero la incapacidad para hacer funcionar una economía basada en la pura emisión de órdenes no les ha permitido separar completamente la renta de los precios”.

Hernán Andrés Kruse

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