Por Paul Battistón.-

En 2015 todos coincidían en advertir en Macri una total ausencia de definición, indicada la misma por su gurú Durán Barba como método para resultar inmune ante el modelo que se había convertido en dueño tanto del convencimiento como de la resignación. Macri sólo ofrecía “el cambio” (a secas) ante el kirchnerismo; esta indefinición fue acertada, logró romper la trampa de la autogestada hegemonía K.

Pues si querían algo más insustancioso que ese Macri en esa difícil campaña electoral, ya lo tienen. Sin el comando de un Durán Barba, sólo por el propio cimiento de hablador, Dante Gebel ha hablado sin decir nada.

Fue repentino, podríamos sindicar como culpable de la oferta a Mario Pergolini o quizás sólo fue a quien se le encargó la puesta inicial del producto en la palestra. Fue el de la “pregunta”.

Gebel no ha dado en su sermón diseccionado en reportaje la respuesta por la cual ha sido puesto en escena. Quizás para no hacerla tan obvia, aunque podemos hurgar pistas.

Quizás pocos recuerden a ese Mario Pergolini (justo antes de desmentirse respecto de lo de la TV muerta) con su desnuda sinceridad advertir “está OK que haya gente desencantada pero no jodan con eso de Milei, Milei… no vaya a ser que termine de presidente”. Si un candidato inesperado se edifica con su disparo inicial desde un espacio de Mario, entonces se sobreentiende inmediatamente lo antagónico a Milei y, si la continuidad más notoria de la construcción pasa en lo de Novaresio (hombre de innecesarias, sugestivas y esporádicas indicaciones de haber puesto su perilla en gorila), entonces estaríamos en un nuevo intento de la venta de esa ancha avenida por donde circulan los primerizos que luego se convierten en el sendero de confluencia de los rezagos del justicialismo. Nunca hay que olvidar que el peronismo se vuelve más peligroso en la desesperación y más troyano con el acortamiento de los tiempos.

Si obtuviéramos de las preguntas un sustantivo y de las respuestas de Dante Gebel un predicado, podríamos conformar una prosa tan insustancial que nos permitiría imaginar a un Gebel capaz de dar el discurso menos categórico imaginable, casi como un discurso de Perón despojado de la acentuación histriónica y convertido al lenguaje de la inanición predicadora. ¿Cuánto podría apartarse un discurso de una de sus prédicas?

Un buen intento que posiblemente no prospere, lo dispuesto intencionadamente como casual quedó como obvio.

Un Dante conductor para luego ser sofocado por la doctrina de la apropiación justicialista del estado o un infierno del propio Dante (quizá buscaban un ayatollah) no son opciones ante Milei. Está de moda preferir la ausencia (o la lejanía) del estado y la autodeterminación por sobre las doctrinas.

Scioli ya no está, Tapia perforado en su línea de flotación, Riquelme sin Tapia no flota, Gebel presagia una mala prédica, por lo tanto Axel sigue punteando. Puede que reste un intento más maquiavélico que no necesite de construcción mediática. En breve lo sabremos.

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