Por Luis Alejandro Rizzi.-
Ya muchos tenemos la duda de si Milei es un “outsider” o se convirtió en un “insider”, ya que el debate político elude no sólo el contorno moral sino la “praxis” de gobernar, la llamada “gestión”. Si no integra la “casta” tradicional, estaría creando la “casta libertaria”, tan pecaminosa como la otra, con los ya veteranos de aquella.
La preocupación de los Milei, en este momento, es que el ministro de justicia “Mahiquez”, un apellido “castizo”, acomode la designación de jueces, y el funcionamiento del poder judicial de modo que se licuen y termine las causas judiciales en las que están imputados de modo virtual, aunque no procesal, por lo menos hasta hoy.
La pregunta es ¿no sería más fácil aclarar las cosas, si realmente fueron sorprendido en su buena fe?, pero se ve que la cosa no es tan así, ya que prefieren contar con jueces benevolentes, lo que se logra haciendo favores o reconociendo méritos que no se tienen. Habría una presunción o sospecha razonable de culpa y responsabilidad.
Milei prácticamente juró morir por su ortodoxia, o lo que sería peor, su fundamentalismo económico, y no emitir. Sigue creyendo equivocadamente que la inflación es un fenómeno sólo monetario, cuando la realidad le está mostrando lo contrario. Podría haber una excepción: paralizando el funcionamiento económico también se logra inflación cero.
Otro problema que se debate dejando de lado los límites morales es el de la adhesión al PCT -Patent Cooperation Treaty- firmado por 198 países.
La cuestión no es si la adhesión al PCT incidirá a favor o en contra del precio de los medicamentos, sino de patentar o no fórmulas farmacéuticas, lo que obligaría a terceros países a respetar los resultados innovadores de la tecnología farmacéutica nacional y viceversa.
No se trata de una cuestión de precio, sabemos que todo derecho tiene un costo, sino de seguridad jurídica.
Es posible que el estado deba subsidiar algunos medicamentos o drogas si su precio está fuera del alcance del nivel promedio salarial de la sociedad.
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