Asesinato en manada y Sigmund Freud

Hace unos días la localidad balnearia de Villa Gesell fue escenario de un hecho que conmocionó a la opinión pública. A la salida de un boliche diez rugbiers de no más de veinte años se ensañaron con un joven por razones que aún se desconocen. Luego de propinarle varios golpes que lo dejaron tendido sobre el asfalto lo remataron propinándole patadas en la cabeza. La televisión captó esas escenas dantescas. Un joven indefenso, moribundo, era ultrajado salvajemente por diez energúmenos. Lamentablemente no es la primera vez que hechos de esta índole suceden en nuestro país pero en esta oportunidad el crimen cobró una inusitada popularidad. Quizá que los victimarios hayan sido jóvenes blancos entrenados para practicar ese duro deporte y la víctima un joven de tez morena, haya captado la atención de muchísima gente.

Los rugbiers están detenidos a la espera de lo que sentencia la justicia (si son declarados culpables los espera el temible penal de Dolores) mientras los padres de la víctima están, como ellos mismos lo reconocieron públicamente, “muertos en vida”. Al observar por televisión semejante acto de cobardía me pregunté, como seguramente muchos lo hicieron, cómo es posible que diez individuos, seguramente conducidos por un líder, hayan cometido semejante salvajada. Un psicoanalista que conozco personalmente dio en un programa radial de Rosario una explicación basándose en lo que escribió Sigmund Freud en su libro “La psicología de las masas y análisis del Yo”. He aquí lo que escribió el afamado psicoanalista sobre la psicología de las masas y que puede ayudar a comprender-nunca justificar, obviamente-cómo diez jóvenes bien educados fueron capaces de actuar con semejante grado de vileza y alevosía.

Dijo Freud:

EL ALMA COLECTIVA, SEGÚN LE BON

“Podríamos comenzar por una definición del alma colectiva, pero nos parece más racional presentar, en primer lugar, al lector, una exposición general de los fenómenos correspondientes y escoger entre éstos algunos de los más singulares y característicos, que puedan servirnos de punto de partida para nuestra investigación. Conseguiremos ambos fines tomando como guía una obra que goza de justa celebridad, la «Psicología de las multitudes», de Gustavo Le Bon. Ante todo, convendrá que nos hagamos presente, con máxima claridad, la cuestión planteada. La psicología -que persigue los instintos, disposiciones, móviles e intenciones del individuo, hasta sus actos y en sus relaciones con sus semejantes-, llegada al final de su labor y habiendo hecho la luz sobre todos los objetos de la misma, vería alzarse ante ella, de repente, un nuevo problema. Habría, en efecto, de explicar el hecho sorprendente de que en determinadas circunstancias, nacidas de su incorporación a una multitud humana que ha adquirido el carácter de «masa psicológica», aquel mismo individuo al que ha logrado hacer inteligible, piense, sienta y obre de un modo absolutamente inesperado. Ahora bien: ¿qué es una masa? ¿Por qué medios adquiere la facultad de ejercer una tan decisiva influencia sobre la vida anímica individual? ¿Y en qué consiste la modificación psíquica que impone al individuo? La contestación de estas interrogaciones, labor que resultará más fácil comenzando por la tercera y última, incumbe a la psicología colectiva, cuyo objeto es, en efecto, la observación de las modificaciones impresas a las reacciones individuales. Ahora bien, toda tentativa de explicación debe ir precedida de la descripción del objeto que de explicar se trata. Dejaremos, pues, la palabra a Gustavo Le Bon: «El más singular de los fenómenos presentados por una masa psicológica, es el siguiente: cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser su género de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el simple hecho de hallarse transformados en una multitud le dota de una especie de alma colectiva. Este alma les hace sentir, pensar y obrar de una manera por completo distinta de como sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente. «Ciertas ideas y ciertos sentimientos no surgen ni se transforman en actos sino en los individuos constituidos en multitud. La masa psicológica es un ser provisional compuesto de elementos heterogéneos, soldados por un instante, exactamente como las células de un cuerpo vivo forman por su reunión un nuevo ser, que nuestra caracteres muy diferentes de los que cada una de tales células posee».

“Permitiéndonos interrumpir la exposición de Le Bon con nuestras glosas, intercalaremos aquí la observación siguiente: si los individuos que forman parte de una multitud se hallan fundidos en una unidad, tiene que existir algo que les enlace unos a otros, y este algo podría muy bien ser aquello que caracteriza a la masa. Pero Le Bon deja en pie esta cuestión, y pasando a las modificaciones que el individuo experimenta en la masa, las describe en términos muy conformes con los principios fundamentales de nuestra psicología de las profundidades. «Fácilmente se comprueba en qué alta medida difiere el individuo integrado en una multitud, del individuo aislado. Lo que ya resulta más arduo es descubrir las causas de dicha diferencia. Para llegar, por lo menos, a entreverlas, es preciso recordar, ante todo, la observación realizada por la psicología moderna, de que no sólo en la vida orgánica, sino también en el funcionamiento de la inteligencia desempeñan los fenómenos inconscientes un papel preponderante. La vida consciente del espíritu se nos muestra muy limitada al lado de la inconsciente. El analista más sutil, penetrante observador, no llegan nunca a descubrir sino una mínima parte de los móviles inconscientes que les guían. Nuestros actos conscientes se derivan de un «substratum» inconsciente, formado, en su mayor parte, por influencias hereditarias. Este substratum entraña los innumerables residuos ancestrales que constituyen el alma de la raza. Detrás de las causas confesadas de nuestros actos, existen causas secretas, ignoradas por todos. La mayor parte de nuestros actos cotidianos son efecto de móviles ocultos que escapan a nuestro conocimiento». Le Bon piensa, que en una multitud, se borran las adquisiciones individuales, desapareciendo así la personalidad de cada uno de los que la integran. Lo inconsciente social surge en primer término, y lo heterogéneo se funde en lo homogéneo. Diremos, pues, que la superestructura psíquica, tan diversamente desarrollada en cada individuo, queda destruida, apareciendo desnuda la uniforme base inconsciente, común a todos”.

“De este modo, se formaría un carácter medio de los individuos constituidos en multitud. Pero Le Bon encuentra que tales individuos muestran también nuevas cualidades, de las cuales carecían antes, y halla la explicación de este fenómeno en tres factores diferentes. «La aparición de los caracteres peculiares a las multitudes se nos muestra determinada por diversas causas. La primera de ellas es que el individuo integrado en una multitud, adquiere, por el simple hecho del número, un sentimiento de potencia invencible, merced al cual puede permitirse ceder a instintos que, antes, como individuo aislado, hubiera refrenado forzosamente. Y se abandonará tanto más gustoso a tales instintos cuanto que por ser la multitud anónima, y en consecuencia, irresponsable, desaparecerá para él el sentimiento de la responsabilidad, poderoso y constante freno de los impulsos individuales». Nuestro punto de vista nos dispensa de conceder un gran valor a la aparición de nuevos caracteres. Bástanos decir, que el individuo que entra a formar parte de una multitud se sitúa en condiciones que le permiten suprimir las represiones de sus tendencias inconscientes. Los caracteres aparentemente nuevos que entonces manifiesta son precisamente exteriorizaciones de lo inconsciente individual, sistema en el que se halla contenido en germen todo lo malo existente en el alma humana. La desaparición, en estas circunstancias, de la conciencia o del sentimiento de la responsabilidad, es un hecho cuya comprensión no nos ofrece dificultad alguna, pues hace ya mucho tiempo, hicimos observar que el nódulo de lo que denominamos conciencia moral era la «angustia social». «Una segunda causa, el contagio mental, interviene igualmente para determinar en las multitudes la manifestación de caracteres especiales, y al mismo tiempo, su orientación. El contagio es un fenómeno fácilmente comprobable, pero inexplicado aún y que ha de ser enlazado a los fenómenos de orden hipnótico, cuyo estudio emprenderemos en páginas posteriores. Dentro de una multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, hasta el punto de que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al interés colectivo, actitud contraria a su naturaleza y de la que el hombre sólo se hace susceptible cuando forma parte de una multitud».

«Una tercera causa, la más importante, determina en los individuos integrados en una masa, caracteres especiales, a veces muy opuestos a los del individuo aislado. Me refiero a la sugestibilidad, de la que el contagio antes indicado no es, además, sino un efecto. Para comprender este fenómeno, es necesario tener en cuenta ciertos recientes descubrimientos de la fisiología. Sabemos hoy, que un individuo puede ser transferido a un estado en el que habiendo perdido su personalidad consciente, obedezca a todas las sugestiones del operador que se la ha hecho perder y cometa los actos más contrarios a su carácter y costumbres. Ahora bien, detenidas observaciones parecen demostrar que el individuo sumido algún tiempo en el seno de una multitud activa cae pronto, a consecuencia de los efluvios que de la misma emanan o por cualquier otra causa, aún ignorada, en un estado particular, muy semejante al estado de fascinación del hipnotizado entre las manos de su hipnotizador. Paralizada la vida cerebral del sujeto hipnotizado, se convierte éste en esclavo de todas sus actividades inconscientes, que el hipnotizador dirige a su antojo. La personalidad consciente desaparece; la voluntad y el discernimiento quedan abolidos. Sentimientos y pensamientos son entonces orientados en el sentido determinado por el hipnotizador. «Tal es, aproximadamente, el estado del individuo integrado en una multitud. No tiene ya consciencia de sus actos. En él, como en el hipnotizado, quedan abolidas ciertas facultades y pueden ser llevadas otras a un grado extremo de exaltación. La influencia de una sugestión le lanzará con ímpetu irresistible, a la ejecución de ciertos actos. Ímpetu más irresistible aún en las multitudes que en el sujeto hipnotizado, pues siendo la sugestión la misma para todos los individuos, se intensificará al hacerse recíproca». «…Así, pues, la desaparición de la personalidad consciente, el predominio de la personalidad inconsciente, la orientación de los sentimientos y de las ideas en igual sentido, por sugestión y contagio, y la tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas, son los principales caracteres del individuo integrado en una multitud. Perdidos todos sus rasgos personales, pasa a convertirse en un autómata sin voluntad». Hemos citado íntegros estos pasajes, para demostrar que Le Bon no se limita a comparar el estado del individuo integrado en una multitud con el estado hipnótico, sino que establece una verdadera identidad entre ambos. No nos proponemos contradecir aquí tal teoría, pero sí queremos señalar que las dos últimas causas mencionadas de la transformación del individuo en la masa, el contagio y la mayor sugestibilidad, no pueden ser consideradas como de igual naturaleza, puesto que, a juicio de nuestro autor, el contagio no es, a su vez, sino una manifestación de la sugestibilidad”.

“Así, pues, ha de parecernos que Le Bon no establece una diferenciación suficientemente precisa entre los efectos de tales dos causas. Como mejor interpretaremos su pensamiento será, quizá, atribuyendo el contagio a la acción recíproca ejercida por los miembros de una multitud unos sobre otros y derivando los fenómenos de sugestión identificados por Le Bon con los de la influencia hipnótica, de una distinta fuente. ¿Pero de cuál? Hemos de reconocer como una evidente laguna el hecho de que uno de los principales términos de esta identificación, a saber, la persona que para la multitud sustituye al hipnotizador, no aparezca mencionada en la exposición de Le Bon. De todos modos, el autor distingue de esta influencia fascinadora, que deja en la sombra, la acción contagiosa que los individuos ejercen unos sobre otros y que viene a reforzar la sugestión primitiva. Citaremos todavía otro punto de vista muy importante para el juicio del individuo integrado en una multitud: «Por el solo hecho de formar parte de una multitud, desciende, pues, el hombre varios escalones en la escala de la civilización. Aislado, era quizás un individuo culto; en multitud, es un instintivo, y por consiguiente, un bárbaro. Tiene la espontaneidad, la violencia, la ferocidad y también los entusiasmos y los heroísmos de los seres primitivos». El autor insiste luego particularmente en la disminución de la actividad intelectual que el individuo experimenta por el hecho de su disolución en la masa. Dejemos ahora al individuo y pasemos a la descripción del alma colectiva, llevada a cabo por Le Bon. No hay en esta descripción un solo punto cuyo origen y clasificación puedan ofrecer dificultades al psicoanalista. Le Bon nos indica, además, por sí mismo, el camino, haciendo resaltar las coincidencias del alma de la multitud con la vida anímica de los primitivos y de los niños. La multitud es impulsiva, versátil e irritable y se deja guiar casi exclusivamente, por lo inconsciente. Los impulsos a los que obedece pueden ser, según las circunstancias, nobles o crueles, heroicos o cobardes, pero son siempre tan imperiosos que la personalidad e incluso el instinto de conservación desaparecen ante ellos. Nada, en ella, es premeditado. Aun cuando desea apasionadamente algo, nunca lo desea mucho tiempo, pues es incapaz de una voluntad perseverante. No tolera aplazamiento alguno entre el deseo y la realización. Abriga un sentimiento de omnipotencia. La noción de lo imposible no existe para el individuo que forma parte de una multitud”.

La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido crítico y lo inverosímil no existe para ella. Piensa en imágenes que se enlazan unas a otras asociativamente, como en aquellos estados en los que el individuo da libre curso a su imaginación sin que ninguna instancia racional intervenga para juzgar hasta qué punto se adaptan a la realidad sus fantasías. Los sentimientos de la multitud son siempre simples y exaltados. De este modo, no conoce dudas ni incertidumbres. Las multitudes llegan rápidamente a lo extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir, en segundos, un odio feroz. Naturalmente inclinada a todos los excesos, la multitud no reacciona sino a estímulos muy intensos. Para influir sobre ella, es inútil argumentar lógicamente. En cambio, será preciso presentar imágenes de vivos colores y repetir una y otra vez las mismas cosas. «No abrigando la menor duda sobre lo que cree la verdad o el error y poseyendo, además, clara consciencia de su poderío, la multitud es tan autoritaria como intolerante… Respeta la fuerza y no ve en la bondad sino una especie de debilidad que le impresiona muy poco. Lo que la multitud exige de sus héroes es la fuerza e incluso la violencia. Quiere ser dominada, subyugada y temer a su amo… Las multitudes abrigan, en el fondo, irreductibles instintos conservadores, y como todos los primitivos, un respeto fetichista a las tradiciones y un horror inconsciente a las novedades susceptibles de modificar sus condiciones de existencia». Si queremos formarnos una idea exacta de la moralidad de las multitudes, habremos de tener en cuenta que en la reunión de los individuos integrados en una masa, desaparecen todas las inhibiciones individuales, mientras que todos los instintos crueles, brutales y destructores, residuos de épocas primitivas, latentes en el individuo, despiertan y buscan su libre satisfacción. Pero bajo la influencia de la sugestión, las masas son también capaces de desinterés y del sacrificio por un ideal. El interés personal, que constituye casi el único móvil de acción del individuo aislado, no se muestra en las masas como elemento dominante, sino en muy contadas ocasiones”.

“Puede incluso hablarse de una moralización del individuo por la masa. Mientras que el nivel intelectual de la multitud aparece siempre muy inferior al del individuo, su conducta moral puede tanto sobrepasar el nivel ético individual como descender muy por debajo de él. Algunos rasgos de la característica de las masas, tal y como le expone Le Bon, muestran hasta qué punto está justificada la identificación del alma de la multitud con el alma de los primitivos. En las masas, las ideas más opuestas pueden coexistir sin estorbarse unas a otras y sin que surja de su contradicción lógica conflicto alguno. Ahora bien, el psicoanálisis ha demostrado que este mismo fenómeno se da también en la vida anímica individual; así, en el niño y en el neurótico. Además, la multitud se muestra muy accesible al poder verdaderamente mágico de las palabras, las cuales son susceptibles tanto de provocar en el alma colectiva las más violentas tempestades, como de apaciguarla y devolverle la calma. «La razón y los argumentos no pueden nada contra ciertas palabras y fórmulas. Pronunciadas éstas con recogimiento ante las multitudes, hacen pintarse el respeto en todos los rostros e inclinarse todas las frentes. Muchos las consideran como fuerzas de la naturaleza o como potencias sobrenaturales». A este propósito basta con recordar el tabú de los nombres entre los primitivos y las fuerzas mágicas que para ellos se enlazan a los nombres y las palabras. Por último: las multitudes no han conocido jamás la sed de la verdad. Demandan ilusiones, a las cuales no pueden renunciar. Dan siempre la preferencia a lo irreal sobre lo real, y lo irreal actúa sobre ellas con la misma fuerza que lo real. Tienen una visible tendencia a no hacer distinción entre ambos. Este predominio de la vida imaginativa y de la ilusión sustentada por el deseo insatisfecho ha sido ya señalado por nosotros como fenómeno característico de la psicología de las neurosis. Hallamos, en efecto, que para el neurótico no presenta valor alguno la general realidad objetiva y sí, únicamente, la realidad psíquica. Un síntoma histérico se funda en una fantasía y no en la reproducción de algo verdaderamente vivido. Un sentimiento obsesivo de culpabilidad reposa en el hecho real de un mal propósito jamás llevado a cabo. Como sucede en el sueño y en la hipnosis, la prueba por la realidad sucumbe, en la actividad anímica de la masa, a la energía de los deseos cargados de afectividad. Lo que Le Bon dice sobre los directores de multitudes es menos satisfactorio y no deja transparentar tan claramente lo normativo. Opina nuestro autor, que en cuanto un cierto número de seres vivos se reúne, trátese de un rebaño o de una multitud humana, los elementos individuales se colocan instintivamente bajo la autoridad de un jefe. La multitud es un dócil rebaño incapaz de vivir sin amo”.

Tiene una tal sed de obedecer, que se somete instintivamente a aquel que se erige en su jefe. Pero si la multitud necesita un jefe, es preciso que el mismo posea determinadas aptitudes personales. Deberá hallarse también fascinado por una intensa fe (en una idea), para poder hacer surgir la fe en la multitud. Asimismo, deberá poseer una voluntad potente e imperiosa, susceptible de animar a la multitud, carente por sí misma de voluntad. Le Bon habla, después, de las diversas clases de directores de multitudes y de los medios con diversas clases de directores de multitudes y de los medios con los que actúan sobre ellas. En último análisis, ve la causa de su influencia, en las ideas por las que ellos mismos se hallan fascinados. Pero además, tanto a estas ideas como a los directores de multitudes, les atribuye Le Bon un poder misterioso e irresistible, al que da el nombre de «prestigio»: «El prestigio es una especie de fascinación que un individuo, una obra o una idea, ejercen sobre nuestro espíritu. Esta fascinación paraliza todas nuestras facultades críticas y llena nuestra alma de asombro y de respeto. Los sentimientos entonces provocados son inexplicables, como todos los sentimientos, pero probablemente del mismo orden que la sugestión experimentada por un sujeto magnetizado». Le Bon distingue un prestigio adquirido o artificial y un prestigio personal. El primero que da conferido a las personas, por su nombre, sus riquezas o su honorabilidad, y a las doctrinas y a las obras de arte, por la tradición. Dado que posee siempre su origen en el pasado, no nos facilita lo más mínimo la comprensión de esta misteriosa influencia. El prestigio personal es adorno de que muy pocos gozan, pero estos pocos se imponen por el mismo hecho de poseerlo, como jefes, y se hacen obedecer cual si poseyeran un mágico talismán. De todos modos y cualquiera que sea su naturaleza, el prestigio depende siempre del éxito y desaparece ante el fracaso. No puede por menos de observarse que las consideraciones de Le Bon sobre los directores de multitudes y la naturaleza del prestigio no se hallan a la altura de su brillante descripción del alma colectiva”.

Hernán Andrés Kruse

Share

14 comments for “Asesinato en manada y Sigmund Freud

  1. Maria O'Connor
    29/01/2020 at 6:11 AM

    Buen artículo. No soy fan de Freud, y entiendo que decir eso es algo así como una ofensa para muchos argentinos, ya que en Argentina aún se practica el psicoalisis. En la mayoría de los paises se usan otras terapias psicologicas.

    A mi entender la manada es lo que su nombre implica. Actuar como animales de una manada, buscar ser el macho alfa individualmene y la manada alfa colectivamente Es la búsqueda de la supremacía y el dominio sobre el otro y otra.

    Quizás es retornar al ser primitivo dominado por sus instintos que la cultura envío a dormir a nuestro oculto interior, pero quizás las drogas que destruyen el lobo frontal del cerebro predisponiendo a la agresividad lo despertaron.

    No se piensa, se actua, por eso, en la manada el pacifista y pensante es visto como macho subordinado, no como alfa y hay que dominarlo para que entienda su status de subrodinado. Lo mismo con la mujer, debe asumir subordinación de manera obligada y entender su condicion de propiedad.

    Por eso, en la mente de manada de los rugbiers de Villa Gessell tanto Fernando la víctima asesinada, como Pablo el inocente acusado son vistos como subordinados. No son alfa según los códigos de una manada. El subordinado que no acepta serlo es eliminado de una manada en la vida salvaje.

    La manada se da en España y también en Argentina. En EEUU los jóvenes con esas mismas caraceterísticas agarran un rifle y matan indiscriminadamente. El tirador se cree el alfa que mata a los subordinados castigandolos en su mente, porque estos no asumieron su condición o status de subordinados, al no entender quien es el alfa. (esto aunque los eliminados, nunca hayan conocido al supuesto alfa)

    Hay quienes llaman a los tiradores de EEUU y las manadas, como jovenes con masculinidad toxica, que se traduciría como la mal interpretación de los valores masculinos. Confunden valentía con agresíon y violencia. Sus valores son diferentes a la masculinidad bien entendida.

    No sé que pasa en Argentina, pero la manada de España y los tiradores de EEUU tienen en común, además de confundir valores masculinos, la creencia que las mujeres son inferiores. Es más, en EEUU los tiradores participaban de una web (*) llamada incel que fomentaba la violencia, el uso de las armas y rebaja la condición de la mujer.

    Otra cosa que se ha descubierto en los últimos tiempos es que a los varones actuales, les cuesta socializar con las chicas mucho más que en décadas pasadas y se culpa a las horas ue pasan los adolescents y jovenes, con el celular y la compu.

    En EEUU en el comedor de la escuela secundaria en el pasado chicos y chicas dialogaban. Ahora, miran su teléfono celular y se envían mensajes cortos o texting, pero falta comunicación cara a cara, frente a frente.

    Esto sucede en ambos sexos pero afecta mucho más a los varones. Una vecinita me dijo “los varones no saben decirnos las cosas que nos interesa a las chicas, solo hablan de lo que les interesa a ellos”. No saben, porque no hablan cara a cara, solo textean unas pocas palabras. No han aprendido a descifrar el lenguaje corporal, ciertas miradas, etc que son muy importantes en la comunicación.

    Los seres humanos somos animals sociales y si no logramos comunicarnos, quizas retornamos a la manada.

    ===========

    (*) (LO DE LA WEB ES PELIGROSO, PORQUE ENTONCES HAY GENTE QUE ESTA MANIPULANDO MENTES JOVENES PARA INCITARLOS A LA VIOLENCIA

    • Pehuén Curá
      29/01/2020 at 12:20 PM

      Mi querida Irlandesa, a los disturbios mentales freudianos, se los cura con el Código Penal, bien aplicado, nada de Atenuantes, solamente Agravantes y con sus caras limpias bien de frente ante los medios, nada de bolsas en la cabeza, sean de la edad que sean. Saludos cordiales desde la que era tu Patria y de la Provincia de Bs. As.

      • Maria O'Connor
        29/01/2020 at 6:56 PM

        Si estoy de acuerdo con vos, deben existir castigos. No estoy discutiendo eso.

        No obstante, el problema existe, y la gente inteligente castiga, pero tambien rehabilita y PREVIENE comportamientos nocivos buscando las causas de os mismos.

        Casi todos los adolescentes que tomaron un arma y dispararon a mansalva en EEUU pertenecian a determinados grupos en internet que ponderan la violencia como “virtud” masculina, rebajaban a la condicion de mujer especialmente en un sitio llamado incel no se si lo prohibieron, veian videos (violentos) de manera compulsiva y todos tenian un problema de no-comunicacion con las chicas de manera personal cara a cara. Si se comunicaban via text.

        Con la manada pasa lo mismo, todos los que cometieron violaciones, golpes, etc en manada en Espana tambien participaban en webs que ensalza la violencia como virtud masculina y rebajan a la mujer.

        El ser humano evoluciono cooperando y socializando; eso lo hizo abandonar la manada pre hominia. Si se deja de lado la cooperacion y la comunicacion podemos regresar a la manada.

        La manada elige un macho alfa que no se distingue por su inteligencia o intelecto, pero si por su fuerza bruta o la de un arma. El macho alfa esta en el vertice superior de la piramide, luego lo siguen los machos subordinados y las hembras. Quien no acepta su papel de subordinacion es eliminado. Donde se valora la fuerza bruta, se elimina al intellectual, al pensante, al pacifico, etc.

        Observa las caracteristicas de los dos chicos “eliminados”, Fernando asesinado y Pablo acusado injustamente, no son el arquetipo del macho alfa de la manada que valora la fuerza bruta.

        Tambien hay manadas alfas y manadas subordinadas, por eso el deseo de lucha. Eso sucede entre los animales y entre estos jovenes.

        Lo peor de esto es que hay webs que incentivan estos comportamientos.

        Creo que se debe terminar con las citas por internet, con el exceso de uso de celulares, videos, computadora y regresar al tiempo en que nos mirabamos cara a cara, que podiamos debatir y discutir sin agresiones, podiamos sonreirnos los unos a los otros.

        —–
        PD
        Sin ir mas lejos, observa los foros del Informador Publico, el nivel de agresiones que existe y esto entre adultos… Tenemos que terminar con esto.

        No soy freudiana para nada. Le reconozco a Freud ser el padre de la psicologia, ser uno de los primeros que se intereso en el tema, pero Freud no comprobaba cientificamente lo que decia. No seguia los pasos que se debe seguir.

        • Pehuén Curá
          29/01/2020 at 8:23 PM

          Gracias Maria por contestar con altura, es cierto lo que decís, no quise hacerla más larga a la intervención, pero eso es lo que sucede. Ahora, ese “Macho Alfa”, cuando esta solo mano a mano, llora como un bebé, al igual que muchos barrabravas, eso no lo pudo constatar don Seguismundo, sólo los que caminamos la calle. Saludos.

          • Maria O'Connor
            29/01/2020 at 8:36 PM

            ASI ES, muy bien dicho.. El macho alfa de cualquier manada no es nada sin su manada de subordinados.

            Quizas tambien regresar al servicio militar obligatorio, y crear un servicio social para ambos sexos una vez que terminan un studio terciario y/o universitario. Ya que recibieron educacion terciaria o universitaria gratuita, es bueno que lo devuelvan de algun modo.

            Quizas el servicio militar obligatorio haga entender a los jovenes que deben comportarse bien o hay consecuencias, y el servicio social obligatorio haria que retornemos a un tiempo de solidaridad y responsabilidad social.

      • Maria O'Connor
        29/01/2020 at 9:50 PM

        Amigo: Argentina sigue siendo mi patria. Irlanda es la patria de mis ancestros y EEUU es el pais que me adopto.

        Los tres paises me han moldeado, pero Argentina sigue siendo el lugar donde naci, donde pase mi infancia y mi adolescencia temprana; edades que te moldean mas que nada.

        Saludos : 0 )

  2. GRAFFITIS - 2020.
    29/01/2020 at 8:43 PM

    QUE BIEN TOCABA LA GUITARRA DAVID LEBON.

  3. EL BAMBINO VISIONARIO
    30/01/2020 at 7:33 AM

    Ni en pedo leo toda esa larga mierda freudiana. Estos pendejos que se creen juventud hitleriana matan a palos a un negrito por qué seguro es peroncho y actúan así por qué mamaron el odio de sus padres y de las redes los últimos diez años de manera constante y creciente . Una sociedad sin Dios . Ese es el resultado . No olviden que Hitler mamo del libro del blasfemo Martin Luther..su odio a los judíos . Uno puede estar en una barra o masa protestando por algo pero cuando se va de madre el tema allí está el individuo con su libre alberdio para elegir matar o ayudar al prójimo .

    • Sargento Martín Toro
      30/01/2020 at 2:54 PM

      Me parece Bambino que pifiaste, Martín Luther no había nacido nació mucho después que Hitler y no creo que con 10 años escribiera libro alguno que el Adolfo leyera. Tampoco su padre escribió libro alguno referido a los mal llamados Judíos.

      • Maria O'Connor
        30/01/2020 at 3:28 PM

        Creo que el bambino no se refiere a Martin Luther king (1929-1948) el heroe de los derechos civiles. Me parece que se refiere a Martin Luther que se lo llama Lutero (1483-1546) en castellano, el que produjo la primera separacion protestante de la Iglesia Catolica.

        Hitler si leia, pero la lectura equivocada porque se leyo un libro (raza de Vril). sobre la leyenda creada en Alemania sobre una supuesta raza superior Hiperbórea mezclada con otra leyenda que supuestamente una raza superior que provenia del Caucaso y llego al Nor Oeste de Europa

        Todas las leyendas de pueblos superiores, supremacistas, elegidos, excepcionales, etc son basicamente eso leyendas que son aprovechadas para estableceer dominios sobre otros pueblos.

        • EL BAMBINO VISIONARIO
          30/01/2020 at 4:30 PM

          Lutero y los judíos ver sus obras
          Artículo principal: Antisemitismo de Martín Lutero

          Portada del libro antisemita “Sobre los judíos y sus mentiras” escrito por Martín Lutero (1543).

          • Pehuén Curá
            31/01/2020 at 11:02 PM

            Ahora si Bambino, esta mal tipeado.

  4. La Marmota
    31/01/2020 at 9:59 PM

    No se trata de ataque en manada.

    Fernando fue víctima de un
    Ataque ( SOMBIE)
    Esto serían los primeros ataques.

    Tienen limada la cabeza por las drogas
    Están en estado sicótico
    Fuera de la realidad.

    Ojo porque atacan cualquier cosa.
    También muerden.

    No son humanos .
    Las drogas acabaron con ellos.

  5. La Marmota
    31/01/2020 at 10:02 PM

    También atacan incluso policías desprevenidos
    Están en todas las ciudades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *