Por Hernán Andrés Kruse.-

“No fue una operación de crédito como cualquiera de las que se conocieron en el país desde 1957. Al igual que todo el endeudamiento en dólares con fondos de inversión privados, este acuerdo también fue inédito. El organismo multilateral otorgó al gobierno de Macri un préstamo por 57.000 millones de dólares -el más grande de toda la historia del FMI, equivalente al 60% de su capacidad prestable-desembolsando 45.000 millones de dólares que fueron utilizados, en su mayoría, para la fuga de capitales especulativos que habían entrado en Argentina hasta ese mismo año. Más que un préstamo se trató de una monumental estafa. Ni uno solo de esos 45.000 millones de dólares quedaron en la Argentina, sin embargo no se conoce que el Poder Judicial haya procesado a ningún funcionario involucrado en esa operación.

Se reafirma así el dominio del macrismo sobre este poder del Estado. Es que, desde el comienzo de su gobierno, Macri tuvo como objetivo la captura del Poder Judicial. En este sentido, resulta absolutamente esclarecedor su intento de designar por decreto a la mitad de los miembros de la Corte, maniobra que finalmente logró convalidar. La captura del Poder Judicial persiguió y logró cumplir sus tres objetivos fundamentales: garantizar primero su plan de negocios sin interferencias (parques eólicos, peajes -juicio CIADI-, Correo Argentino, entre los principales), segundo, su impunidad y tercero la persecución política de los opositores. Aplicó como método político el de la mafia: espionaje, amenazas y persecución a través de la judicialización de la política, tanto de opositores como empresarios y hasta de sus propios partidarios y sus familias, algo totalmente inédito en el período democrático. El objetivo era la estigmatización y desaparición del adversario, no física como en la dictadura, sino política. La ruptura del Estado de Derecho, arrasando con las garantías constitucionales del debido proceso, no ser juzgado dos veces por el mismo delito, violación de la cosa juzgada, encarcelamiento de empresarios y venta de sus empresas a precio vil, entre otras tantas violaciones al orden jurídico. Este proceso de judicialización no fue inocuo, terminó condicionando seriamente el sistema de representación política democrática en Argentina, con consecuencias que se proyectaron en el tiempo hasta la actualidad.

Con la llegada del FMI y la aplicación de sus recetas, se desataba nuevamente en la Argentina un proceso inflacionario con pérdida en el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, que finalmente hizo fracasar el intento reeleccionista de Mauricio Macri, convirtiéndose en el primer presidente que lo intenta y no lo logra. No pudo seguir en el gobierno, pero el condicionamiento estructural que significaron sus decisiones en materia de endeudamiento, tanto por la magnitud de su volumen total con bonistas privados y con el FMI, como por el retorno de ese organismo multilateral en su rol de auditor de la economía argentina, aún persiste.

Con el gobierno de Mauricio Macri la Argentina, como en el juego de la oca, retrocedía casilleros a mansalva. El gobierno que siguió no pudo o no supo cortar este verdadero nudo gordiano de la economía argentina. En el año 2019, en primera vuelta y con el 48% de los votos resultó electo como presidente Alberto Fernández, encabezando el gobierno de la tercera coalición de partidos donde la primera fuerza era el peronismo. Al tercer mes de gobierno una pandemia sin antecedentes en el mundo provocó efectos catastróficos en materia sanitaria, económica, política y social. Efectos que aún perduran en distintas franjas de la población. Frente a las imágenes internacionales, incluso de los países más desarrollados, que mostraban gente que moría sin atención médica o por falta de respiradores, cementerios creados para los fallecidos de COVID o, como vimos en Nueva York, camiones frigoríficos utilizados para transportar los cadáveres; las políticas de atención y protección desplegadas por el gobierno frente a esta verdadera catástrofe sanitaria y social y los recursos que ello implicó, evitaron que esas imágenes se reprodujeran en nuestro país.

Paralelamente, durante la Pandemia el gobierno reestructuró la deuda externa con bonistas privados contraída durante el gobierno de Mauricio Macri pero sin quita de intereses y escasa reducción de capital. Por otro lado y pese a obtener superávits comerciales muy importantes en los primeros años de gestión, el gobierno no logró la fortaleza necesaria en materia de reservas por una mala administración de los dólares obtenidos, en una Argentina en donde la tensión económica está indisolublemente ligada a la escasez o abundancia de dólares. Consecuencias de la economía bi-monetaria que, como explicamos al inicio de este documento, ha agravado hasta límites insoportables la restricción externa. Esta mala administración de las reservas se agravaría al final del gobierno ante el fenómeno de una fuerte sequía que hizo mermar el ingreso de miles de millones de dólares ante la caída de la cosecha.

En este marco comienza a aparecer un nuevo fenómeno en nuestro país: el de los trabajadores registrados pobres. Si bien los índices de desocupación bajaron notablemente hasta alcanzar el 5,7% en el 3er trimestre del 2023, el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores registrados se redujo hasta llegar a una situación en la que muchos de ellos no llegaban a cubrir la canasta básica total (CBT). De esta manera, la movilidad social ascendente que caracterizó al peronismo en particular y a los modelos industrialistas en general, desaparecía.

Finalmente, a principios del año 2022, el gobierno firmó un nuevo acuerdo con el FMI que no sólo validó el escandaloso préstamo que obtuviera la administración de Mauricio Macri, sino que condenó al gobierno a una suerte de agonía al obligarse a implementar las políticas dictadas por el organismo multilateral que ordenaba, entre otras cosas, una devaluación del tipo de cambio por sobre la tasa de inflación, realimentando la misma en un círculo vicioso y letal. Pruebas al canto, en el año 2023 y en pleno proceso electoral presidencial, el entonces Ministro de Economía y candidato de la coalición de gobierno fue obligado a devaluar por el staff del FMI al día siguiente de las elecciones primarias. Como consecuencia de ello, la inflación mensual se disparó a dos dígitos -registro que no se observaba desde la segunda híper de 1990- y la interanual llegó al 211%, confirmando una vez más que la inflación, en Argentina, está indisolublemente atada al dólar y no al déficit fiscal.

En este punto, resulta imprescindible efectuar una reflexión. En términos políticos, la coalición de gobierno del Frente de Todos, tuvo un funcionamiento caracterizado por el apego irrestricto a la institucionalidad. Durante los primeros años, las medidas de mayor importancia para el rumbo del Gobierno se discutían entre los distintos sectores, cada uno fijaba postura y finalmente el Presidente era quien tenía la última palabra y tomaba la decisión definitiva. El entonces Presidente lo ha expresado en múltiples oportunidades: “No somos necesariamente iguales, pero nuestras diferencias no nos dividen. ¿Hablo con Cristina? Sí. ¿Me importan sus ideas? Sí, por supuesto . . . pero el que toma decisiones acá soy yo». “Las decisiones las tomo yo, valoro a Cristina y Máximo, pero no existe la presidencia colegiada». Algo absolutamente lógico por otra parte, en un sistema marcadamente presidencialista. La falta de acuerdo nunca implicó una disolución de la coalición.

Sin embargo, es cierto también que la firma del acuerdo con el FMI fue un parte aguas. Con la convicción de que las condiciones del acuerdo iban a desangrar al Gobierno y condenar al país, nuestro sector manifestó su rechazo con profundo respeto a la institucionalidad: el entonces jefe de bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados, decidió renunciar al cargo de presidente del mismo, para no obstaculizar la construcción de la mayoría necesaria para la aprobación del acuerdo, mantuvo su pertenencia al bloque y a la coalición de gobierno. Resulta necesario aclarar que no solo quien fuera presidente del bloque de diputados votó en contra del acuerdo con el FMI, sino también legisladores y legisladoras del Frente de Todos en ambas cámaras.

Una breve digresión, resulta oportuno recordar, que el día que el acuerdo con el FMI se trató en la Cámara de Diputados, el despacho de la presidencia del Senado en el cual me encontraba junto a legisladores fue ferozmente atacado durante más de media hora con piedras y destruidos sus cristales, sin que interviniera ninguna fuerza policial para interrumpir la violencia. A pesar de los profundos desacuerdos, nadie se fue del Frente ni hizo peligrar las mayorías parlamentarias para sancionar las leyes que el Presidente necesitaba. El respeto a las instituciones constitucionales primó por sobre las diferencias en los criterios de gestión política y económica.

El 22 de octubre de 2023 se celebró la elección general para elegir Presidente, Diputados y Senadores obteniendo la mayor cantidad de votos (36,6%) Unión por la Patria, que llevó como candidato a Sergio Massa. En esa oportunidad Javier Milei repitió simétricamente el tercio que obtuvo en las PASO y el macrismo que fue uno de los tres tercios de esa elección, se desplomó al 23,8% de los votos. Cabe recordar que en el turno electoral inmediatamente anterior -parlamentarias del año 2021-, el macrismo había obtenido el 41% de los votos. El 19 de noviembre de 2023 se celebró el balotaje y ganó el candidato libertario Javier Milei, obteniendo el 56% de los votos de la mano de un nuevo partido político denominado La Libertad Avanza. Esa fuerza se había presentado por primera vez a elecciones para las parlamentarias del año 2021 y sólo había obtenido dos bancas en la Cámara de Diputados por el distrito de CABA: una de ellas ocupada por el propio Javier Milei -ahora devenido en presidente- y la otra por la actual Vicepresidenta. En síntesis: una fuerza política que dos años antes solo obtenía dos bancas de las 257 que componen la Cámara de Diputados, consagraba a ese binomio como el nuevo Poder Ejecutivo Nacional.

Si bien Mauricio Macri y quien había sido la candidata a presidenta de su fuerza política llamaron a votar en el balotaje por el candidato libertario, el desplazamiento de los votos de esa fuerza hacia La Libertad Avanza igualmente se hubiera producido por el carácter marcadamente antiperonista de sus votantes. Sin embargo, no fue solo el voto antiperonista el que hizo presidente a Javier Milei. Resulta insoslayable señalar el rol que los medios de comunicación y su reproducción en las redes sociales tuvieron en su surgimiento y triunfo electoral. El actual Presidente se hizo conocido como panelista de televisión y algunas otras excentricidades. Los mismos medios también cumplieron un importante rol como complemento imprescindible del proceso de judicialización instrumentado por Mauricio Macri, que afectó gravemente el sistema de representación política democrática a través de la persecución y la proscripción, y que desembocó en el intento de asesinato de quien suscribe este documento. Por otra parte, sería intelectualmente deshonesto no mencionar el incumplimiento del contrato electoral por parte del gobierno del Frente de Todos que, como dijimos, no pudo o no supo desatar el nudo gordiano del endeudamiento para interrumpir el desarrollo de esta tercera crisis de deuda. Mención aparte merece los efectos que la pandemia tuvo sobre la población, y en especial sobre los más jóvenes por el prolongado encierro y la incertidumbre. El confinamiento, que fue una medida de protección, fue presentado como la contracara de la libertad”.

2023-2027: UN SHOWMAN-ECONOMISTA EN LA ROSADA

“El nuevo Presidente se declara libertario, anarco capitalista, enemigo del Estado, seguidor de la escuela económica austríaca -corriente de pensamiento que no aplica en ninguna parte del mundo-, su propuesta central durante la campaña electoral fue ajuste y dolarización y sostiene que la principal causa de la inflación es la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal. Califica al gobierno de la convertibilidad, a Carlos Menem y a Domingo Cavallo como el mejor gobierno, el mejor Presidente y el mejor Ministro de Economía de la historia y pretende reeditar privatizaciones, aperturas indiscriminadas y desregulaciones sin reparar que el mundo que recibió a Carlos Menem como presidente nada tiene que ver con el actual. El sueño de la globalización que EEUU pensaba iba a ser la pax romana, porque consolidaría definitivamente un mundo unipolar, resultó ser el instrumento por el cual crecieron las economías del sudeste asiático y consolidaron el surgimiento del gigante chino como la economía de crecimiento más importante de la que se tenga memoria, que la coloca en el podio junto a los EEUU. Algo impensable tan sólo 30 años atrás.

Hoy estamos en un mundo multipolar con fuerte disputa comercial entre las dos economías más grandes del mundo y el resurgimiento de los nacionalismos y del proteccionismo económico. Sin ir más lejos, Francia ha impugnado el acuerdo Unión Europea-Mercosur, a partir del conflicto interno que mantiene con el sector agrícola. Es más, el ex presidente y actual candidato republicano en los EEUU, Donald Trump, con quien gusta identificarse el presidente Milei, está en sus antípodas de pensamiento económico. Es nacionalista, absolutamente proteccionista y es su antítesis hasta en lo personal: no sólo se casó 3 veces, sino que tiene 5 hijos, pero “de dos patas”, parafraseando al presidente Milei. Tal vez, solo en la afición de ambos por la red social X, como sistema de comunicación- y en alguna que otra excentricidad podamos encontrar cierto grado de afinidad.

Pero lo más relevante del nuevo Presidente es que a pesar de haber sostenido como caballito de batalla que con los “mismos de siempre” no se podían obtener resultados distintos, produjo, ni bien fue electo, un insólito reciclaje de personajes y ex funcionarios. El más preocupante es el de Luis Caputo, artífice del endeudamiento serial del gobierno de Mauricio Macri y del retorno del FMI a la Argentina, a quien nombra, nada más ni nada menos, que como Ministro de Economía. A él se le suma la reaparición como figura estelar de Federico Sturzenegger, ex presidente del BCRA durante el gobierno de Macri y protagonista del “Megacanje” de la deuda externa junto a Domingo Cavallo en el gobierno de De La Rúa. Este último personaje, sin haber sido designado como funcionario, resulta ser el compilador del DNU 70/2023 y del proyecto de Ley Ómnibus. Ambos instrumentos constituyen un paquete de modificaciones del sistema legal argentino a medida de los principales grupos empresarios y lo que es más grave aún, una reforma encubierta de la Constitución Nacional.

El párrafo tercero de los fundamentos del proyecto de ley hace expresa mención de ello al atribuir la situación que atraviesa la Argentina a “haber abandonado el modelo de la Democracia Liberal y la Economía de Mercado plasmado en nuestra Constitución de 1853”. Al Presidente le asiste el derecho de pretender reformar la Constitución, pero no puede hacerlo a través de un DNU o una ley, sino a través del mecanismo de reforma que prevé la propia Constitución Nacional. No deja de resultar llamativo que el Presidente quiera anular la reforma que impulsó en 1994 su tan admirado presidente Menem. Sin embargo, no sería preciso calificar a este gobierno como la cuarta experiencia neoliberal. Las características del discurso y de la praxis política del nuevo Presidente, como la de sus equipos en las distintas áreas, colocan al gobierno en un plano que va más allá de lo disruptivo y lo llevan a un lugar que la Argentina nunca conoció. Esto se desarrolla, además, en un marco económico y social de extrema gravedad.

En este sentido, ni bien arribó al gobierno decidió realizar una devaluación del tipo de cambio de 118%, constituyendo la devaluación inducida más importante de la historia, sólo superada por la que el mercado le hizo al gobierno de Alfonsín durante la híper de 1989. Esta medida duplicó, en sólo un mes, el índice mensual de inflación que había llegado a 12,7% en noviembre, y se disparó a 25,5% en diciembre. Pudimos comprobar, una vez más, la íntima relación entre dólar e inflación. Los precios de combustibles, alimentos, remedios, prepagas, alquileres, colegios, transporte, etc., aumentaron sin ningún tipo de límite ni control, profundizándose aún más la pérdida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones al punto de poner en riesgo la tolerancia social y agravar la violencia producto de la seguridad ciudadana en los centros urbanos más poblados.

La caída y la pérdida abrupta de los ingresos nunca es gratuita. Hasta el momento, el nuevo gobierno sólo ha desplegado un feroz programa de ajuste que actúa como un verdadero plan de desestabilización y que no solo retroalimenta el espiral inflacionario colocando a la sociedad al borde del shock, sino que además provocará irremediablemente el aumento de la desocupación y la desesperación social en una suerte de caos planificado. Es más que evidente que en la cabeza del Presidente el único plan de estabilización es el de la dolarización. No se explican las medidas adoptadas en otro marco teórico”.

(*) “Argentina en una tercera crisis de deuda: Cuadro de situación” (fuente: Página/12, 14/2/024).

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