Macri y la obsesión por el orden público

En su edición del 16 de abril, Página/12 publicó un artículo de Horacio Verbitsky titulado “Teología política”. Dice el autor: “A las dos de la tarde del martes 11 el sitio web gubernamental “Gestión Maurizio Macri presidente-Pro” incluyó la foto que acompaña esta nota, del blindado sudafricano Maverick” (…) “El post de Macri remite a una nota del portal Infobae del 22 de noviembre de 2012, cuando gobernaba CFK, y Macri comenzaba su segundo mandato como intendente de la Capital. Esa página auspiciada por el fabricante y su socio argentino, brinda los detalles técnicos del ingenio, generosamente acompañados por nada menos que 18 fotografías y un video, que lo muestran por dentro y por fuera, de frente y de perfil, estacionado y en acción. La presentación corrió a cargo del CEO del Paramount Group de Sudáfrica, John Craig, y del presidente de la Corporación para la Defensa del Sur (Codesur), Mario Montoto, acompañados por José Scioli, hermano del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires quien, según informaron había analizado con los vendedores la posibilidad de adquirir algunas unidades y luego fabricarlas en el país para exportar a la región” (…) “Agregó (John Craig) que se trata de un vehículo de seguridad interior, desarrollado para tareas de control de multitudes y piquetes, orden público y operaciones especiales; tiene capacidad para un conductor, comandante y un escuadrón de 10 a 12 policías antimotines; cuenta con vidrios blindados, cámara de circuito cerrado y es apto para la instalación de sistemas de armamento, dependiendo del tipo de emisión. También hay una versión hidrante con un cañón de agua y otros sistemas no letales” (…) “Aquel desembarco no tuvo consecuencias. Scioli apenas podía llegar a fin de mes con ayuda del gobierno nacional, de modo que no estaba para la incorporación de juguetes tan costosos como inaplicables dentro de aquel contexto” (…) “Esta vez no se trata de un reclamo de la empresa interesada en el negocio sino de una publicación en el sitio web del jefe supremo de la Nación” (…) “En los días siguientes la página presidencial se ocupó de denigrar a los maestros y su posición. Con la misma solemnidad que John Craig, “Gestión Maurizio Macri presidente-Pro” recrimina a los docentes por una remera que se ofrece en venta en la Escuela Itinerante y en la que se lee: “En el país de los globos, el forro es rey”. El domingo pasado, La Nación informó que Macri “evalúa comprar nueva tecnología contra los piquetes. Resolvió profundizar su batalla para enfrentar los cortes de rutas y calles; se analizan inversiones en grúas, equipos para dispersión y reducción de activistas”. Está claro que el contexto ha cambiado”.

“Antes de que se desatara la represión frente al Congreso, los docentes que intentaron montar la Escuela Itinerante dialogaron largamente con los jefes del operativo policial dispuesto para impedirlo. Uno de ellos les confesó su conflicto personal, porque tenía una hija maestra que compartía la reivindicación colectiva, por la convocatoria de la paritaria nacional” (…) “La orden viene directamente de presidencia”, se disculpó uno de los oficiales que mantenía el contacto con los maestros. Con rostros cubiertos, sin placa de identificación y a palos, la fuerza policial lastimó y tomó detenidos. La posterior fundamentación oficial fue que no se habían cumplido los requisitos burocráticos para la solicitud del permiso que, según ellos, debe tener precedencia sobre instrumentos superiores, como la Constitución Nacional y los tratados internacionales de Derechos Humanos, que garantizan la protesta social y ponen límites a sus represión, según las necesidades de una sociedad democrática. Ya el jueves 6, día del imponente paro general, el presidente Maurizio Macri había felicitado a sus dos ministros Bullrich por la violencia ejercida contra quienes piqueteaban los accesos a la Capital” (…).

“Además de las vías de hecho, el gobierno intenta modificar la legislación para convertir derechos constitucionales en delitos penados por la ley, con un titulado Proyecto de Ley de Reforma al Código Penal contra agresiones en piquetes e intimidación pública. Sus considerandos repasan los artículos de la Constitución Nacional, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana de Derechos Humanos, los fallos de la Corte Suprema de Justicia argentina y estadounidense, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y del correspondiente Tribunal Europeo que consagran el derecho de reunión, a manifestarse pacíficamente y a peticionar a las autoridades, que constituyen “la columna vertebral del estado de derecho y la vida democrática”. Pero luego de esta enumeración, aduce que esos derechos requieren de una revisión profunda “a la luz de los hechos violentos que a diario se cometen y que poco a poco internalizados como normales o inevitables, cuando no son más que la negación del ejercicio de otros derechos constitucionales de la mayoría del cuerpo social o lisa y llanamente delitos (intimidaciones, amenazas y privación de libertad a ciudadanos que no participan en manifestaciones, extorsiones a las autoridades de la Constitución y ataques a las fuerzas de seguridad). Cabe entonces definir y reglamentar, desde la legislación, el alcance del derecho a manifestarse públicamente, no como una norma legislativa original, sino procurando interpretar y aplicar las normas de la CN, las leyes vigentes, los tratados internacionales, la jurisprudencia y el sentido común”. Luego de recordar el Protocolo de Actuación de las fuerzas de seguridad del Estado en manifestaciones públicas, difundido por el Ministerio de Seguridad a poco del cambio de gobierno, los considerandos afirman que las decisiones finales no pueden dejarse “en manos de autoridades inermes, fiscales temerosos y jueces politizados” (…) “El articulado modifica cinco artículos del código Penal (104, 149 bis y ter, 184 y 194)” (…).

“Con ayuda de encuestas y focus groups, el gobierno entendió que la movilización del 1 de abril fue tan importante que constituyó no sólo un respaldo sino también un mandato y que una porción significativa de la sociedad estaba ahíta de paros, manifestaciones y piquetes, que Macri dice no entender justo ahora que la economía empieza a encarrilarse. La desmentida a estas dos pretensiones no provino de los opositores sino del núcleo más próximo al propio Macri. Fue la Policía de la Ciudad la que estimó que quienes el 1 de abril no llegaron a la Plaza de Mayo en colectivo ni impregnados por el humo y la grasa del choripán no pasaron de 25 mil, cantidad respetable pero mínima en contraste con la que salió a la calle en las seis movilizaciones de marzo adversas al gobierno. Y la Dirección General de Estadística y Censos de la CABA informó que la inflación en el mes de marzo fue del 2,9 por ciento, medio punto más que el dibujo que el INDEC realiza con impunidad” (…) “Esto implica un aumento de los precios del 7,1 por ciento en el primer trimestre del año, y del 35 por ciento interanual de marzo a marzo”.

En la misma edición, Página/12 publicó un artículo de José Pablo Feinmann titulado “Palos y pizarrones”. Dice el autor: “Comencemos por la frase de Clausewitz: la que propone la guerra como la continuación de la política por otros medios. Aquí guerra y política se identifican. Solo cambian los medios, la política es pacífica, excluye la violencia y privilegia el diálogo. La guerra es la guerra. Cuanta menor humanidad tenga un ejército mayor será su éxito. Todo sentimiento de humanidad es una confesión de flaqueza. Annah Arendt…propone una distinción entre política y guerra” (…) “Una cosa es la política y otra es la guerra. En Arendt se le resta a la política toda posible violencia. La política es diálogo y no guerra. Esto no es así. Según podemos ver durante estos días en este país, la violencia es parte de la política. Los maestros representan el diálogo, la educación. La policía expresa la dureza del poder. El poder se sabe antipopular. Pero no le importa” (…) “Toda política es a la vez violencia y diálogo. Una noticia que dice que un gobierno ha comprado muchas armas de sofisticada efectividad es un disparo. Se dispara contra el corazón temeroso de los que proponen el diálogo aun cuando protestan. La protesta es diálogo. Protestan los que piden ser escuchados. Protestan porque el poder aparece sordo, cerrado sobre sí mismo o muy seguro en su soberbia. La protesta es la petición del diálogo. Pero el poder no responde, importa armas. Esa es su respuesta” (…).

“Quino decía que el bastón de un represor de motines sirve para abollar ideologías. ¿Hay una ideología detrás del paro docente? Sí, la ideología de comer para enseñar. La de defender el derecho a la enseñanza. Que sea reconocido y remunerado positivamente. La inteligencia es siempre peligrosa. En este mundo que propone zombis se desea que nadie piense. El palo del policía no piensa, pega, pero sabe donde pega. Le han dicho donde pegar. Se ha decidido que pegue porque se ha decidido que la política es guerra. Si uno decide no dialogar tiene que reprimir. ¿Qué es el estado? El estado es la represión de los instintos naturales de los hombres. Si se vive en estado de naturaleza, se vive en estado de guerra permanente. Los hombres deben reprimir los instintos y cederlos al estado en su último acto de libertad. El estado ordenará la sociedad y gobernará para todos” (…) El estado neoliberal…es una dictadura de clase. No es la del proletariado, si no la de las corporaciones. Los ricos nacen con poder y dedican su vida a conservarlo. Para conservarlo recurren al estado represor. El estado represor, la compra de armas y el castigo a los maestros son eslabones de una misma cadena. Los ricos se autorizan a sí mismos. No tienen que dar cuentas a nadie, no quieren y al que se las pida no le dará explicaciones, le dará palos. En este sentido la represión es inherente a la dictadura de clase” (…) “La dictadura del proletariado es la dictadura de los CEOs, la “Corpolitik”.

“¿La política es violencia? Es sin duda la propuesta del diálogo pero no todos quieren dialogar. Donde muere el diálogo aparece el palo del policía. Este gobierno tiene una soberbia asombrosa. Actúan como si fueran representantes de lo divino. Se burlan de quienes los cuestionan, arrojan epítetos insultantes. Así, la política es transformada en represión. La represión es violencia, la política es violencia. Las fotos de los gendarmes agrediendo a los manifestantes y la noticia de la compra abusiva de armas son represión. Pero ¿sólo la violencia es represión? También el goce lo es. Como bien lo dijo Foucault. El poder, esa bestia magnífica somete con el goce y el entretenimiento. Cautiva con las series televisivas, engaña con sus sonrisas livianas y mediáticas. A los palos les dice alegría. Como si fueran globos. Los palos no son globos. Duelen más. Por eso se los utiliza. Llegamos a un punto esencial, el dolor. El que se opone al estado sufrirá. El dolor es el costo de la protesta” (…) “El poder castiga, busca el orden. El orden se consigue a costa del dolor de los desordenados. Los desordenados son los que protestan. Los ordenados castigarán. Lo que preocupa del actual gobierno es hasta dónde se puede llegar” (…) “Todo enceguecimiento ante la protesta postulará a la represión como única respuesta. La vanidad, el desdén clasista y las compras fabulosas de elementos represivos son las características del actual poder en la Argentina. Albert Camus decía: uno se propone liberar a los hombres y termina organizando una policía. ¿Qué policía organizará un poder que ni siquiera se propuso liberar a los hombres?”

En su edición del 16 de abril, La Nación publicó un artículo de Morales Solá titulado “Un presidente dispuesto a dar batalla”, en el que increíblemente acusa al kirchnerismo de pretender derrocar a Macri. Dice el autor: “¿Fue el destituyente helicóptero que el kirchnerismo blandió el 24 de marzo? ¿O fueron, acaso, las multitudinarias marchas en apoyo a la democracia del 1 de abril? Las dos cosas influyeron para que el gobierno de Mauricio Macri pusiera en práctica una política fáctica y dialéctica de réplica a su dura oposición. Desalojo por la fuerza del espacio público, firmeza con los gremios docentes (y con otros sindicatos también en el futuro inmediato) y la promesa presidencial de enfrentar las “prácticas mafiosas”. Puede ser una coincidencia, pero lo cierto es que la encuesta más reciente, confeccionada por Poliarquía, señala que la gestión de Macri recuperó gran parte de la simpatía social que había perdido en febrero y marzo” (…) “Quienes vieron a Macri en días recientes aseveran que se encontraron con un presiente mucho más seguro. Llegó a la conclusión de que la política que dejó atrás era inconducente. O peor que eso: confundía a gran parte de la sociedad. El país había pasado de un hiperpresidencialismo autoritario, como el que ejerció Cristina Kirchner, a una especie de vacío de poder. El vacío no existió nunca, pero es la impresión que se apoderó de numerosos sectores sociales. Una orgía pública de piquetes y huelgas. Golpismo explícito, como el del helicóptero en las marchas del 24 de marzo. Nunca en 30 años de democracia se había llegado tan lejos, y de manera tan franca, a promover la destitución de un presidente” (…) “El progresismo embustero cree que tiene derechos políticos excepcionales en nombre de una revolución que nunca existió”.

“La respuesta del Gobierno era el silencio y la inercia. Es decir: nada” (…) “El Presidente ya venía cavilando sobre los límites de cualquier paciencia. Antes había apoyado incondicionalmente la política de María Eugenia Vidal de enfrentar a Roberto Baradel, el referente kirchnerista de la sublevación docente. Baradel perdió esa batalla. Su derrota se dio no sólo entre los docentes, sino también en la opinión pública” (…) “Rodríguez Larreta se despertó, por fin, pero sucedió tres días después de que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, desalojara, también con las fuerzas de seguridad, los piquetes de las autopistas. En ningún caso hubo “represión salvaje”, como la llamó la oposición. La opción es la anarquía” (…) “Lo cierto es que el espacio público era cada vez más el espacio de los violentos. “Todos piqueteros, sindicatos y kirchneristas estaban cebados. Nosotros no hacíamos nada y ellos hacían cada vez más”, describió un ministro de Macri”.

“El Macri de hoy no hubiera existido nunca sin el 1A. Esas manifestaciones espontáneas y cuantiosas de la sociedad en defensa de la democracia (y, por lo tanto, del gobierno de Macri) moldearon otro presidente. Podría ser un alarde de humildad, pero lo cierto es que el análisis que hace de esas muchedumbres es realista. “Yo soy la expresión de esos sectores sociales, no son ellos una expresión mía. Por lo tanto, tengo un mandato que cumplir, que consiste en defender al gobierno elegido y el orden público”, les dice a sus interlocutores” (…) “¿Ha resuelto todos sus problemas? No, ni mucho menos. Tiene elecciones decisivas por delante, cuyo proceso comenzará en cuatro meses con las primarias abiertas. Y la inflación no cede. La economía será la variable política más importante de esas elecciones” (…) “El crecimiento del consumo y de la economía son condiciones claves para un triunfo electoral” (…) “Los conflictos no han terminado para Macri. La diferencia es que ahora se metió en la refriega y está dispuesto a dar batalla. Su opositora más tenaz y destituyente, Cristina Kirchner, bajó cinco puntos en la medición de Poliarquía. Tiene ahora un 25 por ciento de imagen positiva. Cuando uno sube, el otro baja. La polarización (o Macri o Cristina) no es sólo una estrategia; es también una construcción política y social”.

En su edición del 15 de abril, La Nación publicó un artículo de Eduardo Fidanza titulado “Macri, ante un dilema económico y social”. Dice el autor: “Para entender las disyuntivas actuales de la Argentina, quizá sirva recordar los rasgos del capitalismo en sus orígenes. Los relatos de Dickens los ilustran, con sus crónicas de la miseria londinense. La clave fueron la innovación y la explotación de los asalariados, en una situación de asimetría absoluta entre el capital y el trabajo” (…) “Con el tiempo se desarrollaron los sindicatos y la legislación social, que contribuyeron a legitimar a los gobiernos democráticos burgueses frente a la protesta social y la revolución” (…) “Cuando el capitalismo equilibró un poco más el trabajo con el capital, pudo describirse el conflicto de fondo del sistema. Acaso fue Max Weber quien mejor lo formuló al distinguir dos racionalidades en pugna: la del cálculo económico, a la que llamó “formal”, y la del bienestar social, a la que denominó “material”. El sistema económico capitalista, según Weber, se basa en el cálculo técnico expresado en dinero; la racionalidad material depende de los valores que una sociedad postule como estándar de vida aceptable para sus miembros. Solo una política de distribución de los ingresos puede conciliar el conflicto entre esos principios antagónicos” (…).

“La racionalidad formal de Weber podría traducirse hoy como las condiciones de una macroeconomía sana, mientras la racionalidad material equivaldría a las reivindicaciones de los trabajadores. Estas dos fuerzas enfrentadas son las que atenazan a Macri. Resulta imperioso corregir el legado del kirchnerismo, que destruyó la macroeconomía para mantener altos los estándares de bienestar” (…) “Los Kirchner se excedieron, pero no innovaron. Exacerbaron las expectativas de bienestar acoplándose a una tradición impulsada por el peronismo y el radicalismo, y no quebrada del todo durante la dictadura” (…) “Visto desde la lógica de la ortodoxia económica, esos logros fueron ilusorios e insostenibles en el tiempo: se solaparon con altas tasas de inflación, déficit fiscal, inestabilidad monetaria y formas espurias de financiamiento. Aunque el diagnóstico resulta acertado, la terapéutica recomendada es inaplicable: recortar drásticamente el déficit fiscal despidiendo empleados públicos, reduciendo programas sociales, eliminando subsidios y retenciones, abriendo la importación, suprimiendo trabas y dejando la economía librada al mercado” (…).

“El reconocido economista Marcelo Diamand explicó la miopía ortodoxa, puntualizando la naturaleza sociológica y cultural del conflicto: “La presión social que siempre existe para lograr el aumento de los salarios reales se multiplica muchas veces cuando significa oponerse a las medidas que pretenden bajarlos. Psicológicamente, el nivel ya alcanzado por los salarios reales se convierte en un estándar “normal” de referencia y su disminución se siente como un atentado contra los derechos adquiridos. Por ello, mientras para el pensamiento económico el salario real es una variable de ajuste, para la sociedad moderna la preservación del salario real es un objetivo fundamental” (…) “crece la conciencia de que ese capitalismo debe ser reformado. Corporaciones sindicales extorsivas, empresarios prebendados del poder de turno, baja productividad laboral, “costo argentino”, corrupción, baja calidad educativa, inflación y otras desgracias lo demuestran. Sin cambiar esas realidades será imposible progresar. La cuestión es cómo resolverlo sin ortodoxias ni violencia” (…) “el gradualismo es el camino cierto, aunque requiere el arte del acuerdo, un ideal inicial de esta administración. Quizá sea tiempo de recrearlo, cuando todos parecen entusiasmados en ganar la calle, pintarse la cara y polarizar”.

Hernán Andrés Kruse

2 comments for “Macri y la obsesión por el orden público

  1. David Elder
    17/04/2017 at 7:51 PM

    Kruse, y su obsesion por «Pagina 12» …..andaaaa con Max Weber, Ja!

  2. Machaco Perdojian
    18/04/2017 at 12:48 AM

    KRUSE Y LA OBSESION DEL ORDEN PÚBICO.-
    ES CREE QUE EL PUBIS DEBE ESTAR PEINADO CON FIJADOR
    Y RAYA AL MEDIO.-
    P´A ANSI APUNTAR Y PODER EMBOCARLA …..
    ¡¡ QUE LO PARIÓ DIJO MENDIETA !!!!

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