Por Luis Orea Campos.-

Hace poquito más de un año, cuando nadie daba un cobre por él, esta columna, bajo el título de ¿Nace una estrella? predijo el despegue de Kicillof como candidato a liderar la próxima movida del peronismo si lograba eclipsar la influencia de su mentora hoy recluida en su cárcel privada.

Los hechos posteriores a ese vaticinio fueron confirmándolo lentamente; primero al imponer la decisión de adelantar las elecciones en la Provincia –que le dio un triunfo al alicaído peronismo– fuertemente objetada por la señora de Kirchner.

Luego, al convertirse en interlocutor privilegiado e insoslayable en la interna justicialista apoyado por gran cantidad de intendentes, que son los reales detentadores del poder bonaerense.

Y ahora su figura se proyecta con más intensidad en el espectro político nacional luego del fallo de la justicia norteamericana que le sacó de encima el sayo de los 16 mil millones de dólares que le hubieran coartado cualquier intento de levantar el perfil debido a la crítica pública por su intervención en el proceso de expropiación de YPF.

Aunque el peronismo sigue libanizado por las distintas facciones que se cobijan bajo ese manto multifacético llamado Justicialismo, la incipiente aparición de un factor presuntamente aglutinante está logrando que tras los muros peronistas oír se dejen sordos ruidos de corceles y de aceros alentados por los tropiezos de un elenco gubernamental atascado en las contradicciones de sus conductores en uno de sus peores momentos, cuando la paciencia del pueblo se está agotando junto con las ilusiones puestas en un rejuntado de aventureros dirigidos por un funambulesco panelista de televisión devenido en profeta de tiempos felices luego del largo tránsito por el desierto.

Obviamente, como siempre sucedió en la Argentina los meses preelectorales son eternos y mucha agua va a correr bajo el puente antes de que se desanuden los entuertos que amenazan la estabilidad social del país, entuertos endógenos y exógenos que crecen como hongos después de la lluvia.

Pero lo cierto es que objetivamente el escenario político está cambiando rápidamente y ya hay varios dispuestos a disputarle el sillón al advenedizo que está destruyendo fundamentos básicos de una economía nacional so color de la derrota de la inflación y el equilibrio fiscal, música esta que alegra a financistas haciendo pingues diferencias, ahoga a la gente de a pie, pulveriza el empleo y lleva a la ruina a cientos de empresas nacionales.

Aunque para esta columna el desenlace de esta aventura política era de prever, muchos la creyeron sostenible, pero la realidad es implacable y le está dando aire a la aparición de alternativas como Kicillof o Dante Gebel, que hace no mucho tiempo hubieran causado gestos de incredulidad.

Como apuntaba genialmente Nietzsche, dicen que un gobierno cae por sus errores, pero eso es confundir efecto con causa, porque sus errores son el producto de su debilidad mental o su falta de conocimientos, y ésa es la verdadera razón de su caída.

Hace algunos días, en la red X, alguien llamado Andrés definió impecablemente la razón por la que el proyecto del panelista no puede prosperar: “30 años le tomó a Xi Jinping llegar a la presidencia de China. Durante ese tiempo, ocupó diversos cargos para demostrar liderazgo, capacidad de gestión y habilidad para resolver problemas. En cambio, a Milei le bastó con hacerse el idiota en televisión para presidir Argentina”

¿La conclusión?: que esto llegue a buen puerto sería un milagro. Y como decía Ernesto Renán, “los milagros son de esas cosas que no ocurren nunca”.

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