Por Carlos Tórtora.-

Luego de que Martín Menem confirmara que Manuel Adorni irá el próximo 29 a la Cámara de Diputados a brindar su informe sobre la marcha de la administración, el silencio del gobierno confirmó que esto será así. Inmediatamente corrió la versión de que Adorni, lejos de defenderse, iría al recinto para dar batalla y con carpetas llenas de acusaciones de corrupción contra varios dirigentes opositores.

De confirmarse lo último, el gobierno estaría buscando una victoria mediática a cualquier precio, sin reconocer que la situación del Jefe de Gabinete se agravará de cualquier modo, porque no puede dar explicaciones sobre cómo se gestó su extraordinario incremento patrimonial.

Daría la impresión de que lo que intentan los hermanos Milei es intimidar a la oposición. En efecto, muchos legisladores opositores podrían sentirse intimidados si advierten que el gobierno está dispuesto a ensuciarlos públicamente con sus denuncias. Y ésta sería la mayor expectativa de la Casa Rosada.

Protagonismo absoluto

Así es que el 29 está pasando a ser el nuevo punto crítico de la política nacional.

A todo esto, ayer Germán Martínez redescubrió el artículo 101 de la Constitución Nacional y amenazó con promover una moción de censura de Adorni que conduciría a su remoción por el Congreso. Es más que dudoso que la oposición reúna la mayoría absoluta que la Constitución exige para la remoción. Curiosamente, el jefe de la otra bancada peronista, José Mayans, tomó un camino distinto a Martínez y habló de la posibilidad de un juicio político a Adorni. Si la instrumentación de estos anuncios prospera, obviamente el Congreso se paralizaría y los proyectos que al gobierno le interesan quedarían frizados.

En síntesis, el objetivo del gobierno de pasar a segundo plano el caso Adorni se estaría frustrando y habría tema para varias semanas más.

Probablemente nunca, desde que asumió Milei, éste necesitó tanto un éxito para revitalizar su gestión. Pero la realidad es que tampoco nunca estuvo tan lejos de conseguirlo.

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