Por Carlos Tórtora.-

La locuaz escribana de Manuel Adorni, Adriana Nechevenko, estaría expuesta ahora a ser imputada como parte de una maniobra de lavado de dinero en al menos una de las propiedades adquiridas por el Jefe de Gabinete, la ubicada en la calle Miró.

En declaraciones periodísticas, cuando a Nechevenko le preguntaron si antes de la escrituración del departamento en cuestión había informado a la UIF, ella relativizó el tema, diciendo que en este caso no era necesario porque conocía al cliente. Aparentemente, habría seguido la misma línea en su declaración testimonial.

Esta postura la dejaría ahora expuesta a una imputación por violación de los deberes de funcionario público, porque un escribano tiene esa condición.

El caso es que la Resolución UIF 78/2025 establece que las operaciones de más de US$ 200.000 -en este caso fueron US$ 230.000- tienen un control reforzado y un seguimiento sistemático mensual. Este control reforzado implica además la determinación del perfil económico financiero del cliente, la verificación del origen y licitud de los fondos, y la conservación de la documentación respaldatoria.

No por nada el Colegio de Escribanos de la Ciudad salió a cubrirse diciendo que todas las operaciones inmobiliarias se reportan a la UIF.

Implicancias

El incumplimiento de Nechevenko de su obligación de reportar a la UIF la operación, de comprobarse, sería suficiente como para que la UIF inicie un ROS (Reporte de Operación Sospechosa) y que tanto Adorni como Nechevenko queden a las puertas de una imputación por lavado de activos.

De darse esto, habría un concurso de delitos entre el enriquecimiento ilícito y el lavado.

Parece difícil entonces que Adorni pueda justificar el origen de los fondos que usó para la compra del departamento.

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