Por Luis Alejandro Rizzi.-

LOS MÉRITOS Y DEMÉRITOS DE MILEI.

A partir de su frase “no hay plata”, Milei convenció a la sociedad argentina de que los gobiernos deben administrar con razonabilidad, que las cuentas públicas deben estar en orden, que la emisión monetaria tiene sus límites y que debe existir equilibrio fiscal, que no significa tener superávit, puede haber un déficit virtuoso como un superávit vicioso, que sería el caso de este gobierno.

Lo que es difícil saber hoy día es qué nivel de paciencia conserva aún la sociedad, en estos tiempos de ajustes que llevaron a que un segmento social importante exprese el rechazo a la gestión de Milei. Según la mayoría de las encuestas que circulan por los medios, es un 58%.

Lo que se ignora es si el rechazo es personal, a Milei por su despotismo, rasgos de hipocresía y la grosería de su discurso agraviante, descalificador y falto de empatía, es decir por sus formas y reacciones “psicopolíticas”, o también se extiende a los contenidos e intensidad de su “plan de gobierno”.

Pienso que lo que se rechaza es su modelo de gestión, por cierto, ineficaz, ya que incluso los resultados exhibidos son más bien de caja que de buena gestión.

En síntesis, los buenos resultados financieros de Milei tienen un costo económico para varios segmentos sociales, en especial la clase media clásica y jubilados, que han sido convertidos en parias sociales.

Sólo se registra inversión en energía y minería, que genera dólares cuyo destino será el de pagar deudas financieras externas y cero inversiones en capital.

El deterioro de la ya frágil infraestructura, su precario mantenimiento, generó un tipo de “costo hundido” cuyo monto real se ignora, pero sí incide en el costo de la logística.

En treinta meses de gestión, Milei no tiene nada que exhibir, salvo la idea del orden y equilibrio en las cuentas públicas en sus resultados matemáticos; en lo que lo devengado -intereses- se patea para futuros ejercicios.

No pagar o postergar pagos es un modo de incurrir en mora con anestesia circunstancial.

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LAS TRIFULCAS DEL GOBIERNO de Milei ya pasan a ser un entretenimiento pernicioso para la sociedad, que observa esta riña interna, que es más bien un choque entre diversos tipos de neurosis y psicotismo político.

La neurosis de unos y de otros es permanente; los brotes “psicopolíticos” son periódicos.

Su virulencia ya excede lo personal y tiene que ver con el concepto de idoneidad que exige la Constitución para el desempeño de un empleo público, lo que vale para los “contratados”.

Esas “trifulcas”-desorden y camorra entre varias personas- es el riesgo que crea el propio Milei y que de algún modo explica el silencio de Cristina por aquello de que cuando alguien se equivoca, hay que dejarlo hasta que se equivoque del todo.

Por otra parte, justo cuando parece que León XIV visitará a la Argentina en el próximo mes de noviembre, Karina Milei omitió invitar a Victoria Villarruel, católica por convicción genuina, al Tedeum del 25 de mayo.

Un gesto psicótico de odio, justo en el seno de la Iglesia.

Quien aprovecha a fondo esas miserabilidades es Patricia Bullrich, que mantiene un caudal electoral propio, que según ella le abrirían la última posibilidad de su candidatura presidencial.

Se supo diferenciar del gobierno con “espíritu de finesse” y se apropió, gracias a las torpezas de Adorni, de las banderas de la honestidad y transparencia, algo así como la “GLASNOT” de Gorbachov.

Observando las encuestas, hoy el electorado estaría dividido en cuartos. Milei -LLA- contaría con una base de entre 25 y 29%; el peronismo unido podría llegar a un 35%, los votos de la última elección, y el 40% restante lo conforman un núcleo social que comparte las políticas del gobierno, pero descreen que “todo marche de acuerdo al plan”-TMAP-.

En ese segmento se mueven votantes de lo que fue “JxC” y que son la base de Macri y Patricia.

Como fondo de ese cuadro, salvo la izquierda, habría consenso en mantener un orden fiscal, lograr y mantener un nivel de inflación de un solo dígito anual y la necesidad de una fuerte inyección de inversión de capital, que por varios años obligaría al gobierno administrar con un déficit fiscal razonable que no supere el 3 o 4% de PBI en crecimiento real.

Esto significa que parte de la renta que genere la energía, minería y el campo deberá ser invertida en infraestructura.

El dilema personal de Macri y Patricia es que deberán encontrar puntos de consenso o competir en las PASO o en algún tipo de elección interna, para integrar el orden de la posible fórmula.

Faltan 17 meses para octubre 2027, pero mucho menos tiempo para definir candidaturas.

La de Milei ya está; hay un 25 a 29% que sabe a quién votará, los demás, salvo la izquierda, NO.

¿La política encontrará la fórmula faltante, que parece estar buscando la sociedad?

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