Por Luis Alejandro Rizzi.-
Esta vez no compartimos las acepciones que nos da la RAE sobre la palabra “ortodoxo”, porque, por lo menos en la vida, una persona ortodoxa es una persona que piensa bien o rectamente, esa sería su definición etimológica.
Una persona “ortodoxa” no es la que piensa conforme a una doctrina, principios religiosos o filosóficos, sino más bien la que piensa según principios, para conformar un criterio y así disponer de una orientación para actuar, como lo enseñó, con notable y sabia sencillez, León XIV en su primera encíclica.
Una persona “ortodoxa” es una persona culta, que sabe y comprende lo que es la vida.
Desde ya, la vida es heterodoxa, porque nos pasa de todo, lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste, el amor y el odio, el elogio y el agravio, por la sencilla razón de que lo “ortodoxo” no existe en estado puro.
Viene a cuento este muy breve introito, porque Javier Milei y sus obsecuentes hacen mérito de su fundamentalismo o fanatismo a ciertos falsos dogmas que no resisten la más elemental crítica ortodoxa.
El “superávit fiscal”, en sí, no es virtuoso, como no es vicioso el “déficit fiscal”.
No es virtuoso ni vicioso imprimir dinero para financiar gasto; lo que califica la emisión monetaria es su destino y su mesura y finalmente sus consecuencias.
El dinero en sí mismo es una ficción, ya que, si no hubiera oferta de bienes y servicios disponibles, no tendría razón de ser, o lo contrario, si la oferta fuera ilimitada.
Tampoco la “ortodoxia” exige un Estado máximo o mínimo, sino un Estado eficiente, cuya misión sea promover el bien común según principios de justicia.
El principio de la diferencia, desarrollado por John Rawls, integra el principio de justicia, que es un concepto absoluto.
En esa línea de pensamiento, no debemos hablar de justicia social, justicia distributiva o de “otras justicias”, porque es una redundancia con valor de superfetación, como nos diría Alfredo Colmo.
Si existiera en la vida humana la “ortodoxia” pura, toda decisión humana sería justa.
El Estado es una institución, como tal, abstracta, pero en el mundo real, el Estado es un modo de organizar el “somos nosotros”.
Esta idea ya la expuso Aristóteles en “Política”. Es el modo en que nos organizamos para administrar nuestras diferencias, ya que no estamos dotados de los mismos bienes naturales, y una misión esencial del Estado es la de compensar esas diferencias de modo que nadie mejore a costa del otro.
Este es el drama que padecemos, los argentinos en especial, en este momento en que estamos gobernados por “bárbaros incultos y brutos”, como calificó Milei a la Dra. Marcó del Pont, que en definitiva creen en baratijas que esconden la desmesura del lucro.
Milei propone una reforma política que es absolutamente partidaria y su único fin es facilitar su reelección y la consolidación de la bien llamada “casta” de la que él ya dejó de ser un “snob” -sin nobleza- o mejor dicho un “scast”-sin casta-; ahora es “casta”.
El fundamento de la verdadera “ortodoxia” es el respeto a principios que se aplican según las circunstancias de tiempo y lugar. El otro fundamento es la racionalidad de las decisiones.
Estos fundamentos son unas de las fronteras de la política.
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