Por Carlos Tórtora.-
Diego Santilli tuvo la mala suerte de llegar a la cúspide del poder en condiciones críticas. Los Milei lo están emplazando para que consiga que el Senado le dé media sanción a la reforma electoral a más tardar en agosto. El presidente estaría convencido de que, si hace una demostración de fuerza en el Congreso y se suprimen las PASO, habría un efecto dominó y el gobierno volvería a tener imagen ganadora.
Entonces Santilli funciona con una pistola en la cabeza y para hacer pie en el Senado necesita la colaboración de Patricia Bullrich, cuyo interés en que se vote la reforma electoral sería muy relativo.
También depende el jefe de gabinete de la operatoria política de Martín y Lule Menem. Estos lo apoyarían sin demasiado entusiasmo porque, si fracasa, podrían entonces volver a impulsar a su candidato favorito para la gobernación de Buenos Aires, que es Sebastián Pareja, hoy eclipsado por la candidatura de Santilli.
En síntesis, el jefe de gabinete no parece contar con aliados de peso que le garanticen el éxito de su gestión.
Pasado mañana en Tucumán Milei tomará lista para saber cuántos gobernadores supuestamente le responden. Pero se tratará de una foto ilusoria, porque la mayor parte de los gobernadores dialoguistas apuntan a adelantar las elecciones locales. O sea, primero verán si Milei los apoya, porque su confianza en la Casa Rosada es escasa.
Hacia la denuncia
No es menos especial, aunque explicable, luego de lo que pasó con Manuel Adorni, el interés mediático en el patrimonio de Santilli.
En particular se investigan sus vínculos con Marcos Podestá, un influyente proveedor de las áreas de salud de la Ciudad, que fuera su prestamista -a través de una hipoteca-, para comprar su departamento.
Las señales estarían apuntando a una inminente denuncia por enriquecimiento ilícito.
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